miércoles, 25 de marzo de 2009

La viña de "los Caseros"

Un poco antes de 1920 se hallaba en expansión la actividad en la mina “Corral Negro” y, a unos 200 metros de las escombreras, mi abuelo José Macipe (“el tío Caracol”) tenía una viña cuya superficie era de alrededor de media hectárea. Los de la familia la llamaban “la viña de los Caseros” porque relativamente cerca había un balsete con ese nombre.

Un día dicha viña apareció, sin previo aviso, con una carretera cruzándola de parte a parte, es decir dividiéndola en dos, y destruyendo un elevado número de sus cepas.

Para quejarse del evidente atropello, mi abuelo fue a las oficinas del Sr. Tayá, que era el dueño de la mina, quien lo recibió fríamente y le dijo que ya le darían algún dinero en compensación de los perjuicios ocasionados.

Transcurrido bastante tiempo sin más noticias, mi abuelo comprendió que el asunto estaba muerto y así seguiría si él no lo resucitaba; por lo que se armó de valor y volvió a solicitar audiencia para recordarle la cuestión al Sr. Tayá, quien esta vez lo recibió con mala cara y le dijo, además, estas palabras:

“Parece mentira, José, que teniendo dos hijos trabajando en la mina, todavía vengas con estas exigencias”.

Mi abuelo, temiendo poner en peligro el trabajo de sus hijos, “plegó velas”, se fue a su casa “con las orejas calientes”, y no volvió a remover aquel asunto que debió de quedársele clavado en el alma el resto de su vida.

Las consideraciones acerca del caciquil ambiente de la época las dejo a cargo de cada uno, ya que el suceso es de los que no precisa comentarios. Solamente quiero hacer una observación, y es que no imaginaba el tal “señor” que un día un nieto del tío José pondría “negro sobre blanco” aquella actuación para, aunque tarde y ya sin remedio, dejar constancia del atropello al que injusta e impunemente, abusando de su posición, sometió a su abuelo q.e.p.d.

2 comentarios:

Antonio Urdiales dijo...

Sí, desgraciadamente, aquellos tiempos y otros que llegaron después fueron proclives a que situaciones como la que describes y aún peores fueran casi cotidianas.

Hoy parece que todo camina por caminos distintos, pero sólo lo parece, porque si bien no se hacen carreteras que atraviesen fincas sin permiso del dueño, al dueño de la finca "la globalización y la dictadura económica de las grandes superficies" lo están arruinando con los precios que imponen por su producto, un producto que nos llega en algunas ocasiones con el precio multiplicado por 100, 200 y hasta 300.

De todas formas ha sido muy agradable leerte y quiero dejar mi aplauso para ese nieto (tú) que a pesar del tiempo transcurrido dijo basta.

Un saludo.

Antonio

Salvador Macipe dijo...

Antonio, me alegro de que te gustara mi relato y te agradezco tu aplauso.

Mis relatos se refieren, casi en exclusiva, a “cosas de Ariño”,sin entrar en temas más globales como los que indicas que, efectivamente, son dignos de una gran atención.

En Ariño el mayor problema creo que es, actualmente, el de haberse entrado en un distanciamiento entre los vecinos, que nos hace añorar épocas con menos recursos pero con mayor fraternidad.

Un cordial saludo.

Salvador Macipe

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