<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702</id><updated>2012-02-16T15:11:40.971+01:00</updated><title type='text'>Cosas de Ariño</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>José Antonio Blesa</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://byfiles.storage.live.com/y1pl4NRX8xFat7fnc8dfYk6QF2tCrV7Ga3ykcb_sSeqAQ2SW0Kk6Oq5FXMRtadmc6__Rk2ieHH6mgo'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>98</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-8514223331954017491</id><published>2012-01-16T10:35:00.002+01:00</published><updated>2012-01-16T11:08:14.480+01:00</updated><title type='text'>Un curioso árbol</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En Ariño siempre he visto un árbol muy especial, que al parecer no pertenece a un dueño determinado, es decir que es de todos. Aparenta siempre el mismo tamaño y está en un terreno horizontal, pero descuidado por completo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este árbol me parece muy significativo y enigmático. &lt;strong&gt;Es el ciprés&lt;/strong&gt;. Cuando lo nombras todo el mundo sabe a cual te refieres pues durante muchos años fue el único ciprés del pueblo. Alguien pensará que, como se suele considerar un árbol de cementerio, quizá ya se habrían plantado algunos cuando se planeó el primer camposanto, es decir que tendría antecesores. Yo creo que no, empezando porque el primer cementerio de Ariño fue el que había al lado de la ermita de la Virgen del Pilar y ahora este lugar está transformado y arreglado, pero las personas de mi edad lo hemos visto con algunas tumbas muy deterioradas que por allí había, demostrando que fue, con casi total seguridad el primer cementerio y por cierto no se veía indicio alguno de cipreses. Parece ser que este cementerio se utilizó hasta que una epidemia de cólera hizo que resultase pequeño para el número de enterramientos que se producían y fue necesario construir uno nuevo, de forma rápida, lo que se hizo en el lugar que ocupa el actual, que ha sido recientemente adecentado y ampliado, pero durante mucho tiempo el suelo estaba lleno de sisallos y sin árboles de ninguna especie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante muchos años en Ariño los enterramientos se hacían en el suelo, por lo que los árboles y sus raíces solamente eran un estorbo para excavar las tumbas, así que los cipreses no tenían sentido. Posteriormente se fueron plantando cuando cambiaron las condiciones de los enterramientos y entonces nuestro protagonista, es decir el ciprés próximo al pozo Lorén del río Martín, tenía ya muchos años. Últimamente los cipreses se han venido utilizando en muchas partes, como cercado de espacios no edificados destinados a jardín, y también como árboles ornamentales, pero antiguamente eran bastante raros por su escasa utilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por estas razones, el antiguo ciprés me permite hacer las siguientes consideraciones: en primer lugar la de su nacimiento, porque con la distancia a la que, cuando nació estaría del más próximo, no es lógico que apareciera espontáneamente por causa del viaje aéreo de una semilla. Es decir, que alguien tuvo que plantarlo con una determinada idea que no era la de producir fruta. Por ello podemos imaginarnos que se tuvo un interés muy especial en señalar este punto con un árbol distinto a los del entorno y tomarse la molestia de traerlo desde una distancia de kilómetros. ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra cosa para la que no encuentro explicación es que tenga unas dimensiones prácticamente invariables. Si veis los cipreses del Calvario de Alloza comprobaréis que crecen y crecen hasta hacerse enormes tanto en altura como por el grosor del tronco; en cambio nuestro ciprés se mantiene prácticamente igual, como si estuviera fosilizado y ni su tronco ni su altura varían apreciablemente. Vemos, pues, que los árboles de esta especie crecen bastante, incluso en zonas de secano ¿No es esta falta de crecimiento también algo raro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He visitado este árbol recientemente y veo que han surgido, no muy distantes un par de cipreses que seguramente son hijos del primitivo y parecen jóvenes por su poca altura, pero durante muchos años permaneció el del objeto de nuestros comentarios sin ningún acompañante, es decir totalmente solitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las características y circunstancias de este árbol están pidiendo que el Ayuntamiento tome algunas medidas, que para mí deberían ser: limpiar de malas hierbas la zona próxima al ciprés, aplanar el suelo, cercarlo con una valla adecuada, editar y fijar las circunstancias tan especiales que concurren en el árbol y señalarlo como uno de los árboles especiales de nuestro pueblo.Todas estas labores deberían hacerse con mucho cuidado, no vaya a ocurrir que al profundizar en la tierra aparezca algo imprevisto. Y tampoco le vendría mal algún que otro riego, para evitar que ante nuestra falta de interés, deje de hacernos compañía y termine por desaparecer este árbol tan característico de nuestro paisaje y con ello queden sin resolver para siempre mis anteriores especulaciones.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-8514223331954017491?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/8514223331954017491/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=8514223331954017491&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8514223331954017491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8514223331954017491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2012/01/un-curioso-arbol.html' title='Un curioso árbol'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5146183520083906061</id><published>2011-11-03T21:34:00.007+01:00</published><updated>2011-11-11T01:13:10.084+01:00</updated><title type='text'>La peña negra</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cuando se contempla desde Ariño su huerta mayor, circunvalando por la derecha a esta considerable superficie se ve, muy destacada, la carretera comarcal que pasa por el puente de las tres arcadas, deja a su derecha las huellas de los dinosaurios y asciende hasta desaparecer en una curva de la zona que llamamos la peña negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito de esta carretera tengo que decir que, por su pendiente y proximidad al pueblo, era una tentación para los chavales ya mayorcetes, que la utilizaban como pista de descenso en plataformas construidas utilizando madera, alambres, cuerdas y clavos y con estos ingredientes hacían el chasis, los ejes, los frenos y todos los demás órganos y mecanismos del carruaje. Elementos destacados eran los rodamientos de bolas, sacados de sabe Dios dónde, para utilizarlos a modo de pequeñas ruedas del artefacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La velocidad de aquellos móviles era, aunque moderada, excesiva para una mínima seguridad del ocupante, especialmente si coincidía el experimento con la presencia de algún vehículo de los de verdad. Eso sí, el estrépito del rodaje era considerable y se oía perfectamente desde la calle santa Bárbara, que era donde yo vivía en aquellos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La considerable sonoridad de la prueba tenía el peligro de que llegasen los detalles del suceso a casa de los progenitores de los protagonistas y no les pareciera del todo bien que corrieran sus hijos los riesgos de rotura de prendas de vestir e incluso de algún hueso y, en consecuencia, trataran de evitar, contundentemente, que aquellas prácticas se repitieran en lo sucesivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta pequeña introducción tiene por objeto aludir a las proximidades del lugar al que me voy a referir a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata de que, como he indicado al principio, la parte más alta de dicha carretera recibe, desde tiempo inmemorial, el nombre de peña negra. Muchas de las partidas de Ariño tienen nombres de los que no se sabe el motivo de su adjudicación, pero en este caso no había duda del motivo de la denominación. En aquella zona, a pocos metros de la orilla de la carretera, había una piedra casi negra más o menos redonda, muy especial. En principio debió de ser parecida a un dado de un metro de arista más o menos, pero en la época a que me refiero, su forma se iba acercando a la esférica aunque le faltaban todavía bastantes agresiones para serlo del todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Ariño hay piedras de todos tamaños por muchos sitios, pero aquella tenía como distintivo el color y el hecho de que estuviera fuera de contexto, es decir que no se vieran piedras del mismo color en el entorno. Era básicamente de un color rojo inglés oscuro con algunas partes algo negruzcas. En las calzadas del término de Ariño, en las zonas en que la tierra es roja, se ven algunas piedras parecidas en el color, aunque no en el tamaño, ya que la peña negra pesaría más de dos toneladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguna vez pensé que sería interesante estudiar aquella piedra y, en todo caso, protegerla convenientemente para evitarle deterioros y poner una inscripción aludiendo a su insólita presencia y aspecto, que había dado lugar a la denominación de toda la zona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno de mis últimos viajes al pueblo, al pasar por el lugar donde estaba la piedra, observé con la natural sorpresa, que había desaparecido y pensé que alguien se la había llevado a propósito, ya que para nada estorbaba en su ubicación habitual ni se la veía por ninguna parte. Pensé también que, dado su peso, se debieron de utilizar para las operaciones de elevación y transporte medios de cierta envergadura, que no cualquiera posee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me hizo extraño que esta época de extrema regulación en la que incluso el desplazamiento de un árbol requiere permiso oficial, se pudiera haber hecho el movimiento de un elemento tan interesante y representativo sin realizar los trámites correspondientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En consecuencia, para quien pueda saber algo de dicha piedra, lanzo desde aquí una pregunta, tan simple y comprometida como la siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué ha ocurrido con la peña negra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alegraría saber que estamos a tiempo de rescatarla, someterla a estudio y darle la ubicación que se merece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EPÍLOGO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El misterio de la peña protagonista de este artículo quedó aclarado hace tres días, cuando al exponerle mis inquietudes a José Antonio Oliete, que fue concejal del Ayuntamiento de Ariño en el anterior equipo (2007 / 2011), me indicó que la piedra fue retirada del emplazamiento original en el monte y guardada convenientemente en un almacén del Ayuntamiento, para preservarla de los deterioros que con toda seguridad seguiría sufriendo por hallarse a la intemperie, sin protección alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del exacto conocimiento por parte de José Antonio de los pormenores sobre esta retirada y de su actual ubicación, interpreté que todo había sido obra suya y así lo indiqué en su momento en esta publicación; sin embargo esta información era verdadera (porque yo así lo creía), pero no cierta (porque no se correspondía con la realidad) ya que realmente (y así lo atestigua el mismo José Antonio al preguntárselo explícitamente), la decisión del traslado fue de la anterior corporación a la del 2007 y concretamente "lo hizo personalmente el Concejal de Obras Miguel Lecha Serrano", según me indica Agustín Comín en un amable comentario aclaratorio de estas circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sirva el párrafo anterior como nota aclaratoria de la anterior publicación y de petición de disculpas a todos por mi involuntario error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He quedado sorprendido por esta medida de cautela y me ha causado una excelente impresión el constatar que en este caso hayamos coincidido varias personas sobre los cuidados que requieren las cosas que pueden considerarse valiosas para nuestro pueblo en algún momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En definitiva, la piedra objeto de mi pregunta, se halla bien guardada por el Ayuntamiento anterior y protegida por nuestro actual Ayuntamiento, para que en el futuro se haga con ella lo que los representantes de Ariño estimen oportuno y conveniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por si mi interrogante se da en otras personas y por si el paso del tiempo desvirtúa estos pormenores que hoy tenemos claros, sugiero que, cuando sea posible, se deje constancia escrita, en el sitio que ocupó la referida piedra, de las circunstancias curiosas que concurren en este caso, y se aplique sobre ella, si todavía no se ha hecho, una aclaración adecuada de su procedencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5146183520083906061?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5146183520083906061/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5146183520083906061&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5146183520083906061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5146183520083906061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2011/11/la-pena-negra.html' title='La peña negra'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7423010152991450911</id><published>2011-10-13T22:10:00.001+02:00</published><updated>2011-10-13T22:12:41.145+02:00</updated><title type='text'>Tres valientes</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;Cuando yo tenía unos diez años,&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;me llegó la noticia, no recuerdo de dónde, de que se había convocado un concurso infantil de jotas, para intervenir,&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;con &lt;span&gt; &lt;/span&gt;la rondalla de Ariño, en el teatro/cine de SAMCA como grupo jotero, junto con otras variadas actuaciones que tendrían lugar en dicho local en el mismo día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family:Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Aunque nunca he sido ni siquiera un mediano cantador, me encontré apuntado &lt;span&gt; &lt;/span&gt;a dicho concurso, quizá por consejo de alguien, aunque también pudo ser por iniciativa propia, ya que de pequeño yo era algo" echadico pa´lante".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;La convocatoria no tuvo mucho éxito ya que solo nos apuntamos tres chavales, todos de igual o parecida edad. Los otros dos eran: Antonio Novella hermano de Isaac el seminarista, y &lt;span&gt; &lt;/span&gt;Alberto que era el hijo&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;de una familia procedente de Navarra. Su padre &lt;span&gt; &lt;/span&gt;era chófer de TRAMISA y a su madre la llamaban la señora del batín porque salía con él puesto por las cercanías de su casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;A pesar de la escasa participación, se siguió adelante con el proyecto, y se organizaron unas sesiones de prácticas con una rondalla reducida constituida por Aurelio Gea y dos tañedores más. Todo esto&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;en la carpintería de Aurelio, persona siempre dispuesta a colaborar con entusiasmo, generosidad y competencia, &lt;span&gt; &lt;/span&gt;en cualquier actividad artística que se organizase en el pueblo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Ensayábamos una jota cada uno de los participantes, que la habíamos elegido&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;aconsejados por el más o menos acertado criterio de alguna persona de nuestro entorno.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;La de Alberto era:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;span&gt;                             &lt;i&gt;   &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;En los montes de Navarra &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span&gt;                               &lt;/span&gt;tengo plantada una flor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;                                 &lt;/span&gt;Si el viento la bambolea, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span&gt;                               &lt;/span&gt;hasta aquí llega el olor.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;La de Antonio decía:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;span&gt;                                  &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Por la calle abajo va &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span&gt;                               &lt;/span&gt;una cordera sin madre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;                                  &lt;/span&gt;Si no me la quita Dios,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span&gt;                               &lt;/span&gt;no me la quitará nadie.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Y la mía es la siguiente, muy conocida actualmente:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;span&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span&gt;                         &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Cuando la jota se oye de noche en la calle,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span&gt;                               &lt;/span&gt;al que es baturro de pronto le hace despertar;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span&gt;                               &lt;/span&gt;porque la jota ha sido y será siempre noble,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;                           &lt;/span&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span&gt;     &lt;/span&gt;la más valiente baturra guerrera y leal. &lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Ya vemos que la primera estaba motivada por la añoranza de la familia de Alberto. La segunda tiene cierto confusionismo en su letra ya que el hecho de que una cordera no tenga madre no significa que no tenga dueño. Y la mía la adopté porque le gustaba a mi padre y &lt;span&gt; &lt;/span&gt;se la había oído cantar muchas veces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Yo veía que aquella jota me venía grande, y aunque ello me ocasionaba cierto malestar próximo al miedo, lo vencía; lo cual, visto con mi criterio actual, me hace pensar que, de pequeño, aunque yo mismo no lo supiera, era todo un valiente. Veía también que mis competidores tenían mejor voz, &lt;span&gt; &lt;/span&gt;pero con todo, seguía adelante con mi jota, erre que erre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Después de un par de semanas de ensayos diarios para aprender en lo posible el estilo, acertar el tono y seguir el compás con la rondalla, ya que en principio no teníamos ni idea, llegó el día de la actuación, para la que saldríamos al escenario, tañedores y cantadores, vestidos &lt;i&gt;de paisano&lt;/i&gt; ya que entonces solo llevaban ciertas prendas de baturro en Ariño, el tío Lino, mi abuelo Domingo, el tío Magones &lt;span&gt; &lt;/span&gt;y pocos más.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Todas aquellas prendas de los abuelos eran en su mayoría de color negro y, por supuesto, sin los floreados que se ven en las actuales, que siempre me hacen pensar que estas siguen un criterio&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;que no refleja la austeridad que imperaba en aquella época, especialmente en los hombres. (Indagando en esta cuestión &lt;span&gt; &lt;/span&gt;me dicen que en los pueblos en los que había familias muy ricas, sí que utilizaban algunos hombres vestimentas más sofisticadas que las que nosotros veíamos en Ariño).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Las mujeres tenían&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;costumbres menos austeras en el vestir y de hecho he visto alguna fotografía de mi madre y de varias de sus amigas, que lucían vistosos y floridos mantones en algunas fiestas, cuando eran unas mocicas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Volviendo a nuestro grupo jotero, cuando ya estábamos preparados en la antesala del teatro esperando a que nos llamaran para la actuación, nos llegó la noticia de que no íbamos a actuar, sin explicarnos concretamente la causa de la alteración &lt;span&gt; &lt;/span&gt;del programa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;Yo, en mi fuero interno me alegré del cambio de planes porque, como ya he indicado, la actuación me producía cierto temor; sin embargo no dejo de reconocer que, después de tanto ensayo, aquello fue algo que nos dejó totalmente perplejos. No nos dieron una explicación clara de los motivos, pero nos imaginamos que no ajustaron bien los tiempos&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;y por esta razón nosotros nos quedamos marginados. También pudo ser un problema de falta de coordinación debida a que alguien no recordara que nosotros nos habíamos preparado para actuar… ¡Cualquiera sabe!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Georgia"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia; "&gt;De todos modos algún interrogante quedó sin respuesta en nuestros tiernos cerebros, ya que lo sucedido en aquella ocasión &lt;span&gt; &lt;/span&gt;siempre lo he recordado con cierta sensación de haber recibido un trato&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;incoherente con el encomiable esfuerzo que todo aquel grupo de tañedores y aspirantes a joteros habíamos realizado durante dos semanas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7423010152991450911?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7423010152991450911/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7423010152991450911&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7423010152991450911'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7423010152991450911'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2011/10/tres-valientes.html' title='Tres valientes'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-8496845406895728518</id><published>2011-05-30T13:16:00.003+02:00</published><updated>2011-05-30T15:43:50.482+02:00</updated><title type='text'>Teatro de aficionados</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Mosén José Fuster, sacerdote que muchos conocisteis y otros lo vais conociendo por los comentarios que con frecuencia hago de él, fue párroco de Ariño durante muchos años, y su juventud, formación y carácter, hicieron que realizase muchas veces interesantes actividades inéditas, especialmente destinadas a los jóvenes, con los que sintonizaba especialmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En varias ocasiones organizó sesiones de teatro en el entonces hermoso salón de cine-teatro-baile, de Samca, siempre con artistas locales de todas las edades. Allí han actuado conmigo amigos míos de mi edad, personas mayores ya fallecidas y chavalicos que hoy peinan canas. Los ensayos, que duraban a veces más de un mes, eran ocasión excelente para convivir y disfrutar de una distracción común numerosas personas y dar un poco de vidilla a las contadas actividades culturales de nuestro pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obra solía representarse una o dos veces y siempre el salón se llenaba a rebosar. En alguna ocasión he calculado que en aquel local cabrían unas quinientas personas; así que descontando de los habitantes de Ariño a los de muy corta edad, a los ancianos y a los enfermos, podríamos decir que allí estaba todo el pueblo, lo cual era debido en parte a que se trataba de un acontecimiento poco frecuente, en parte también a que acudían todos los familiares de los artistas y me malicio que a una razón de peso que es la de que la entrada era libre, sin coste alguno para los espectadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que a mosén José sí que debía de representarle unos desembolsos, porque algunas veces los vestuarios eran alquilados y más de un viaje debió de hacer a Zaragoza sin dietas ni subvenciones. No sé si Samca, que cedía encantada el local, no colaboraría también con alguna aportación económica que no se publicaba, pues estas cosas no solían trascender, según correspondía a las normas de la sana y generosa colaboración de aquellos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las obras de teatro, con estas premisas tenían el éxito garantizado y a la salida y al día siguiente todo eran comentarios y felicitaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mosén José tenía la costumbre, mientras se cambiaba el decorado y para no hacer esperar demasiado tiempo a tanta gente, de intercalar, de vez en cuando, alguna poesía entre los actos, lo que motivó que a mí (y no fui el único), me tocó recitar en varias ocasiones en aquel intervalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo a continuación una de las poesías que me proporcionó el mosén y que muchas veces he pensado que era muy alusiva a alguna necesidad perentoria que debía de haber con el mantenimiento del edificio de la iglesia, lo que entonces era un problema porque estas cosas se costeaban con los dineros de los feligreses, alguna modesta aportación del Ayuntamiento y alguna ayuda de Samca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nadie se le ocurría pensar que el Estado diera, así como así, subvenciones importantes a diestro y siniestro a costa de los tributos ciudadanos, los cuales eran, dicho sea de paso muy pequeños, y así y todo, difíciles de reunir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de todas estas puntualizaciones voy, sin más demora, a la poesía anunciada, que por cierto no tenía título, pero decía lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguna vez en la vida&lt;br /&gt;tenéis que pedir parné,&lt;br /&gt;la respuesta ya es sabida:&lt;br /&gt;"Et quare conturbas me".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo a un francés pedí dinero,&lt;br /&gt;y al punto, sin más ni más,&lt;br /&gt;me contestó el embustero:&lt;br /&gt;"Monsieur, je ne comprends pas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A un italiano fullero,&lt;br /&gt;fui después, segunda bola:&lt;br /&gt;"Signore, io sono extraniero:&lt;br /&gt;non capisco una parola".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renegando de esta gente,&lt;br /&gt;fuíme a pedir a un inglés,&lt;br /&gt;que contestó secamente:&lt;br /&gt;"It is very cocky … yes".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A un español fui también&lt;br /&gt;y al preguntarle "¿qué tal?",&lt;br /&gt;me dijo:"De salud bien,&lt;br /&gt;pero de guita muy mal".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien empleado me está,&lt;br /&gt;pues me sé de carrerilla,&lt;br /&gt;que hasta al reloj cuando da,&lt;br /&gt;le tiembla la manecilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La poesía era, como vemos, una queja sobre lo difícil que es obtener dinero altruistamente y además, las respuestas eran generalizables a muchos de los países que podríamos calificar de más adinerados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas las poesías que en mi vida he dicho esta es de las que menos han entendido mis oyentes, porque no todo el mundo sabía (ni yo tampoco), además de español, latín, francés, italiano e inglés, para poder entender lo que les estaba recitando y además, el concepto de recriminación que se hacía ni siquiera a mí me parecía oportuno, porque era una queja demasiado directa y agresiva, e incluso ofensiva en algunos momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera sé cómo después del paso de tantos años todavía la recuerdo. Debe de ser porque de pequeños aprendemos las cosas aun sin darnos cuenta, aunque tengan cierto nivel de dificultad. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-8496845406895728518?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/8496845406895728518/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=8496845406895728518&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8496845406895728518'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8496845406895728518'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2011/05/teatro-de-aficionados.html' title='Teatro de aficionados'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5339392505959019121</id><published>2011-05-26T14:21:00.001+02:00</published><updated>2011-05-26T14:21:41.700+02:00</updated><title type='text'>Mayo, el mes de María</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ahora mayo, para el común de los mortales, es un mes cualquiera, con la particularidad, generalmente asumida por todos, de que dentro de poco no aparecerán de improviso heladas, nevadas, ni meteoros intempestivos, pues todo el mundo sabe que &lt;em&gt;hasta el cuarenta de mayo no se quita el golfo el sayo&lt;/em&gt;, lo cual, entre otras cosas, es indicativo de que los golfos no son tontos y saben protegerse, razonablemente bien, de las inclemencias atmosféricas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo una época en Ariño, cuando aún teníamos cura (ahora parece que ya somos incurables), en que el mes de mayo era especial porque se había reservado para agasajar a la Virgen María y de hecho lo llamábamos el mes de María y también el mes de las flores, porque le llevábamos las más bonitas que encontrábamos (Acordaos de aquella canción de "Venid y vamos todos con flores a María…").&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los escolares y nuestros maestros participábamos de aquel ambiente y una tarde por semana (creo), en perfectas filas, los chicos encabezados por sus maestros y las chicas por sus maestras, a una prudencial distancia entre filas (sabido era que el hecho de estar chicos y chicas próximos era, sin más averiguaciones, seguramente pecaminoso). Y aunque no lo fuera, en aquella tierna infancia nuestros inocentes ojos se giraban demasiado hacia las chicas cuando íbamos en fila, y a alguna en particular con más intensidad o frecuencia, si Cupido había hecho uso de sus prodigiosas flechas. Todo esto dentro de lo que podemos llamar inocentes sentimientos platónicos infantiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de la iglesia a los chicos nos situaban en la parte del Evangelio y a las chicas en el lado de la Epístola, es decir a izquierda y derecha respectivamente, según se accede al interior. Allí rezábamos y cantábamos en voz alta, e incluso algunas chicas eran designadas por sus maestras, de acuerdo con el sacerdote, para ofrecer, cruzando el altar de parte a parte, flores a la Santísima Virgen y poesías cortitas y bien aprendidas, que generalmente se recitaban a toda velocidad por causa de la timidez y del agobio de recitar con la iglesia llena de gente. Muchas veces, por causa de esta situación emocional de la improvisada poetisa (y de la ausencia de megafonía), apenas oíamos lo que se estaba recitando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por aquel tiempo aterrizó por Ariño mosén José Fuster (q.e.p.d.), sacerdote que dejó en muchas personas del pueblo muy buen recuerdo, porque a su desenfado e ironía propias de su especial forma de ser y de una moderna formación sacerdotal, unía una encomiable voluntad de ayuda a cualquiera que lo necesitase, lo cual le hacía ser persona muy querida por muchos, entre los que me incluyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las rupturas con las prácticas tradicionales consistió en decirles a los maestros que en aquellas actividades poético-religiosas del mes de mayo tenían que participar también los varones. Así que de inmediato (junto con algún que otro compañero) &lt;em&gt;me tocó la china&lt;/em&gt; de aprenderme una poesía y dejar a los pies de la Virgen la correspondiente ofrenda floral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repito que por aquel entonces esto se consideraba labor de chicas y el pasar a ponernos en su mismo lugar nos producía un rubor más que mediano; sin embargo las órdenes de los maestros eran inapelables, así que tuve que salir hasta el lado de la Virgen y decir la siguiente poesía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí tenéis, Virgen mía,&lt;br /&gt;un manojo de romero.&lt;br /&gt;Es una planta que luce&lt;br /&gt;su ropaje siempre fresco,&lt;br /&gt;aunque la helada la hostigue&lt;br /&gt;y la combatan los vientos.&lt;br /&gt;Por eso, por ser así,&lt;br /&gt;es el símbolo perfecto&lt;br /&gt;de una virtud sin la cual&lt;br /&gt;pierden las otras su precio.&lt;br /&gt;Se llama perseverancia,&lt;br /&gt;y esta hermosa virtud quiero&lt;br /&gt;que brille siempre en mis obras,&lt;br /&gt;pues de esta suerte pretendo&lt;br /&gt;ser digno de que me mires&lt;br /&gt;con cariñoso respeto:&lt;br /&gt;Que me hagas feliz aquí,&lt;br /&gt;y más feliz en el Cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé mi ramo de romero a los pies de Nuestra Señora y me retiré, como pude, hasta mi sitio en los bancos, con mi corazoncico a punto de explotar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saberlo entonces, &lt;em&gt;la perseverancia&lt;/em&gt; que &lt;em&gt;de boquilla&lt;/em&gt; le pedí a la Virgen reconozco que me fue concedida. Lo de &lt;em&gt;la felicidad aquí&lt;/em&gt;, era pedir demasiado, pero también me asignó un alto porcentaje y &lt;em&gt;lo del Cielo&lt;/em&gt; ya se verá (Dios quiera que dentro de bastantes años), aunque tengo la esperanza, cada vez más arraigada, de que Nuestro Padre está deseando que no tengamos problemas en este aspecto y además nos da el recurso de arreglar nuestras deudas cuando alguna vez, sin muy mala intención, &lt;em&gt;sacamos, un poco, los pies del tiesto.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para terminar, confieso que estoy deseando llevar este mes de mayo, después de tantos años, un ramico de romero a los pies de Nuestra Madre y estoy seguro de que en sus labios voy a adivinar una dulce sonrisa, cuando recuerde a aquel chavalín que, de pequeño, puso también a sus pies, sin saber entonces muy bien lo que hacía, un manojo de romero. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5339392505959019121?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5339392505959019121/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5339392505959019121&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5339392505959019121'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5339392505959019121'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2011/05/mayo-el-mes-de-maria.html' title='Mayo, el mes de María'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4563231385842912214</id><published>2011-04-12T17:42:00.000+02:00</published><updated>2011-04-12T17:44:36.601+02:00</updated><title type='text'>Apuntes sobre la felicidad</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace pocos días oí una estadística sobre la felicidad, en la que resultaba que Europa es el continente con mayor número de personas felices, por cada mil habitantes, de todo nuestro planeta.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La primera pregunta que se me ocurrió fue la forma en que se midió la felicidad, que es algo tan intuitivo y tan difícil de cuantificar. Finalmente pensé que debió de ser tan sencillo como computar encuestas del tipo de la siguiente: “¿Es usted feliz?” y apuntar un sí, un no, o un “no sabe, no contesta”. Aunque el procedimiento carezca de rigor científico, no por ello debe despreciarse, ya que el método científico no siempre es aplicable a todo lo que se nos ocurre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esto de que Europa sea el continente más feliz era, para mí, el resultado más previsible; pero la sorpresa aparece cuando a continuación se especifica que España, Grecia y Portugal (¡siempre el mismo trío!) eran los países menos felices de Europa, a pesar de que nuestro sol, nuestras playas y monumentos, la dieta mediterránea, etc., atraen tan masivamente al resto de europeos, y aunque el mayor índice de depresiones y de suicidios se dan en los países nórdicos, donde apenas ven el sol. Al respecto me aclararon un detalle y es que estos índices negativos de los europeos del norte están mejorando notablemente desde que usan con profusión lámparas que emiten radiaciones similares a las solares. (A estos tíos no se les escapa ni una).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Escuchando todo lo anterior iba yo de sorpresa en sorpresa y recordando aquello de “a la cama no te irás, sin saber una cosa más”, cuando en el referido estudio establecieron que la causa más probable de la felicidad no eran ni la dieta mediterránea, ni la simpatía de los latinos, ni el esplendor y duración de nuestro sol, sino que se trataba de que “la felicidad está directamente relacionada con la confianza en las personas del entorno”. Es decir que los españoles, los portugueses y los griegos, somos los que menos nos fiamos de nuestros vecinos y en general de nuestro entorno.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Luego, ordenando un poco las ideas, la rotunda afirmación anterior ha ido tomando sentido para mí, mediante los siguientes razonamientos:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Realmente las personas nos vemos inmersas en contextos muy variados y coexistentes. El primero es el de la familia de origen, luego suele estar el escolar, más adelante el universitario, después tenemos el laboral, el del matrimonio, el de los hijos, etc., etc. He nombrado los clásicos (que por cierto han sufrido últimamente importantes alteraciones) y he dejado para el final el de los amigos, no por ello el menos importante sino que muchas veces es el más influyente en nuestras vidas a pesar de ser un grupo reducido, ya que los verdaderos se suele decir que se cuentan con los dedos de una mano.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En los etcéteras del párrafo anterior caben infinidad de grupos que nos influyen también a veces poderosamente. (Citaré más adelante alguno).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Muchas veces llegamos a conocer a una cantidad limitada de los integrantes del grupo de pertenencia y en numerosas ocasiones a ninguno. Podría citar muchos ejemplos, pero me referiré a uno muy frecuente, que es el de personas que junto a nosotros abarrotan los autobuses en cualquier ciudad. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Algunos de los grupos de convivencia nos vienen impuestos “cósmicamente” (palabra de Joaquín), como pueden ser nuestros padres y el contexto familiar centrado en ellos; sin embargo muchos de los otros grupos podemos elegirlos y a veces cambiarlos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Apuntada pues nuestra profusa pertenencia a grupos, tengo que decir varias cosas: la primera, que el grupo va a influirnos notablemente, de manera que si las personas que lo componen tenemos la suerte de que sean de calidad seremos algo más felices, y si no son de tan buena condición, nos veremos perjudicados por ellos en nuestra felicidad. Así que atentos al análisis del grupo al que pertenecemos, porque nos jugamos la felicidad, a pesar de que el cambio de grupo sea factible y no lo hagamos por rutina o dejadez. Un ejemplo sencillo de sustitución sería el del grupo citado del autobús que puede sustituirse utilizando el coche, en cuyo caso pasamos a engrosar el de los automovilistas, que en algunos casos reducirá la incomodidad pero, en cambio, posiblemente aumentará el riesgo. Otras veces es muy difícil el cambio y no nos queda más remedio que resignarnos ante la dificultad de la sustitución.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nosotros también influimos más o menos en el grupo, así que en este caso seremos responsables (en mayor o menor medida) de la felicidad o infelicidad de otros. Por tanto hay que estar muy atentos a evitar ese tipo de perjuicios a los demás. Esta postura de atención en este tema a veces mejora la calidad de los grupos por los efectos acción- reacción, y espiral, que trasciende, a veces rápidamente, a muchos de sus componentes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No quiero terminar estos apuntes sobre dinámica de grupos sin citar el de las personas que conviven en un mismo pueblo. Tengo que decir que, lamentablemente, la convivencia del mío se ha estropeado con el paso de los años, de tal forma que de ser ejemplar en mi época de juventud, ha pasado a ser, en muchos casos, algo peor que mediana, de tal modo que si los de la estadística que he comentado al principio tomasen datos en Ariño sobre la felicidad, seguramente no seríamos los más admirados. Me parece que estamos estropeando la armonía social (que una vez más digo que es uno de los objetivos más buscados en la vida), por causa de asuntos y viejas rencillas que muchas veces no valen la pena. Deberíamos pues tratar, aunque fuera poco a poco, de mejorar nuestro clima social, hasta volver a ser ejemplares en este asunto tan importante.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Definitivamente, creo que las estadísticas que oí y que me provocaron estas reflexiones, aunque las he calificado de poco científicas, tienen un componente positivo que nos debería hacer reflexionar seriamente y nos hacen intuir que, efectivamente, los grupos de ciudadanos españoles, en general son algo mejorables con relación a los de otros países de nuestra Europa y, como consecuencia, nuestra felicidad es menor (¡vaya gracia!) que la de casi todos los demás países de nuestro entorno europeo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4563231385842912214?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4563231385842912214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4563231385842912214&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4563231385842912214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4563231385842912214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2011/04/apuntes-sobre-la-felicidad_12.html' title='Apuntes sobre la felicidad'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2801325264389986899</id><published>2010-11-04T12:09:00.005+01:00</published><updated>2010-11-06T09:37:02.206+01:00</updated><title type='text'>Mis primeros recuerdos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es una pregunta interesante: ¿Cuál es tu primer recuerdo? Si la hiciésemos con frecuencia aprenderíamos bastante. Analizando esta pregunta, que nos la podemos hacer incluso a nosotros mismos, también encontramos curiosidades que dan que pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Generalmente se trata de hechos que nos asustan o de otros que nos producen satisfacción. Muchas veces hay varios de distinta naturaleza que ocurren en una misma época (se ve que cuando comenzamos a tener uso de razón por elemental que esta sea).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto tiene su miga, como suele decirse, especialmente para los entendidos. Para mí, que no estoy entre ellos, solo tengo constancia de cuatro primeros recuerdos: dos son desagradables porque uno es de alguien que se hace daño (la caída de un soldado de un caballo al espantarse este, y la caída de una señora que, esperando en una cola, se cae a un zarzal por empujón de un guardia), y otros dos, que son agradables y los explicaré más adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros no me supusieron ningún trauma, pero me asustaron; los agradables me han influido positivamente. En uno de estos me veo en la calle, muy cerca de la pared, al lado de la casa de mis abuelos Domingo y Petra sentado en el suelo con una sierra de juguete que me trajo mi madre, cortando palos de romero, que eran lo más abundante por aquel entorno. Mi actividad era tan entretenida que me pasaba así horas, y la recuerdo con agrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pasaba desapercibida mi presencia para mis vecinos más próximos, que me alababan por mi constancia, reposo y agrado con aquel juguete y me catalogaron, ya tan pequeño, como formal y capaz de divertirme, durante horas, con cualquier juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro recuerdo agradable fue que, estando entretenido por alguna parte del patio de mis abuelos, oí un gran alboroto y al salir vi que había mucha gente entre los residentes normales de la casa y los vecinos que habían acudido Se trataba de que acababa de “aterrizar” allí mi tío Antonio “El morel” que había venido nada menos que desde Teruel (capital que está a unos cien kilómetros de Ariño). Contaba mi tío, con gran desparpajo, que se había evadido (con intención de regresar) de un batallón de prisioneros de guerra que estaban explanando el ensanche de Teruel al otro lado del viaducto. Toda esta circunstancia da idea del atrevimiento y valentía de mi tío, corriendo el riesgo de que, a pesar que los pases de lista los hacía por él un compañero, los descubrieran y les cayera, a los dos, un buen paquete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tío me trajo (y aún hoy es una incógnita cómo pudo conseguirlo especialmente en aquella época de miseria), un espectacular caballo oscilante de cartón, tan grande como yo. Para mí aquel juguete fue algo maravilloso que utilicé durante años e hizo que mi tío fuera, para mí ya desde entonces, durante toda su vida, , una especie de rey mago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto sucedía en un entorno de Ariño muy pequeño: “la subida al Calvario” en la entrada de cuya calle estaba la casa de mis abuelos. Un poco más arriba estaba la de “los Moscas” con los que nos llevábamos muy bien. Sin desmerecer a nadie de aquellos vecinos, especialmente la tía Serafina era una persona encantadora, igual que su marido, el tío Rafael. Las personas con quienes me encuentro de aquella familia siempre me dicen que mi abuelo “era el hombre más bueno del pueblo”, lo que me emociona cada vez, y me reafirma en el concepto que yo mismo tengo de él &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2801325264389986899?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2801325264389986899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2801325264389986899&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2801325264389986899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2801325264389986899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/11/mis-primeros-recuerdos.html' title='Mis primeros recuerdos'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3405832086103638572</id><published>2010-10-25T20:59:00.004+02:00</published><updated>2010-10-26T17:19:32.977+02:00</updated><title type='text'>In memóriam</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Mi amigo Vicente Omedas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pasado diecinueve se nos fue “del todo” Vicente. Hace tiempo que, cuando le íbamos a ver, no sabíamos muy bien si aún estábamos con él, o quizá él ya no estaba con nosotros. Su avanzada enfermedad de Parkinson, hizo que, finalmente, el ir a verle supusiera para el visitante y, hasta puede que para él mismo, una situación tremendamente angustiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día veinte, acompañado por sus familiares y por sus muchos amigos, después de una misa funeral, se procedió a su enterramiento en el cementerio de Ariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el entierro me extrañó no sentir tristeza a pesar de que él y yo éramos muy amigos, y yo una persona fácilmente emocionable. Sentí, en cambio, una sensación de paz próxima a la alegría, que me produjo una sensación muy extraña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente supe el motivo: se había acabado aquella angustiosa situación que he indicado, y estaba claro que Vicente gozaba por fin de la paz que merecía. Sin duda estaba ya en el cielo, después del purgatorio que supuso para él y para sus allegados su larga y penosa enfermedad contra la que, con su valentía e inteligencia habituales, había luchado denodadamente a pesar de intuir que se trataba de una batalla perdida de antemano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En soledad, mis ojos han vertido incontables e incontenibles lágrimas por la pérdida de un amigo muy especial. Mi fe no ha sido suficiente para pensar que, si mis méritos son parecidos a los suyos, algún día volveremos a juntarnos de nuevo y a abrazarnos posiblemente en las cereceras, con nuestro común y añorado amigo Gregorio. Por causa de mi limitada fe, no he podido tener ese consuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este escrito en memoria de Vicente no puedo evitar la manifestación de mi pena, pero realmente lo que pretendo es destacar algunos rasgos de su forma de ser ya que, aunque él era sobradamente conocido en Ariño, la circunstancia de haber convivido durante muchísimos años como compañeros de trabajo, me permitió ser un testigo especial de sus muchos y especiales valores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos en la misma empresa (DATSA) trabajando en temas muy próximos durante veinte años; hicimos muchos viajes juntos, y nos propusimos infinidad de  objetivos comunes; sin embargo nunca tuvimos el más pequeño roce, porque su inteligencia, su rapidez de reflejos, su competencia y su generosidad hacían la convivencia con él sumamente fácil y porque, además, poseía una rara mezcla de inteligencia e intuición que daban un alto valor a sus consejos, que siempre eran acertados, bienintencionados y generosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de nuestra coincidencia en las labores empresariales, tuvimos la suerte de disfrutar de las mismas aficiones y era muy frecuente juntarnos las familias los fines de semana en el campo o en el río, para divertirnos con las múltiples, sencillas y hermosas actividades que nos brinda la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Superando la tentación de extenderme en temas particulares, hay que decir que Vicente tiene muchos amigos, y era una de esas personas (lo que también le sucede a su hermano Manolo) que nos hacen sentir a cada uno como si fuéramos su mejor amigo, cualidad que no es frecuente, y está motivada porque, efectivamente, ellos saben ser muy amigos de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Ariño pocas personas habrá que hayan puesto, como él, constantemente a disposición de los demás sus recursos y posibilidades ¡Cuántos viajes habrán hecho los sucesivos coches de Vicente a Zaragoza para resolver cualquier necesidad de los demás si se percataba de que era necesario!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus amigos eran tantos que raro era el entierro en Ariño de alguien con el que no se sintiera vinculado y siempre hacía todos los esfuerzos posibles para acompañar al difunto y a la familia viajando ex profeso una y otra vez desde Zaragoza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni que decir tiene que para su familia más próxima era un ejemplo de ayuda incansable y siempre disponible, como todos muy bien sabemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final él también necesitó la ayuda de los demás y por supuesto que la tuvo, constantemente, con amor y ternura inagotables, especialmente de sus personas más allegadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me queda la sensación de que una persona como él merecía como nadie una muerte fácil y hasta placentera si ello no fuera una paradoja; pero me dijo una vez alguien muy acertadamente, que Dios tiene varas de medir que nosotros no entendemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De lo que no me cabe la menor duda es de el Señor le ha reservado un lugar destacado muy cerca de Él, con sus seres queridos, desde donde hará llegar en primer lugar a su Manuela, y también a toda su familia y a sus amigos, el consuelo que todos necesitamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo la impresión de haberme dejado de decir de Vicente infinidad de cosas. Perdonadme, pero su vida fue tan plena, que para intentar escribir algo más que unos apuntes, habría que escribir sobre él todo un libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí que quiero dejar claro es que para todas las personas que lo conocimos fue una ayuda, una vida magnífica, de las que son ejemplo permanente, y para Ariño un hombre eminente, noble, valiente honrado y generoso, cuya desaparición supone una importante pérdida y deja, con su fallecimiento, un recuerdo imborrable. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3405832086103638572?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3405832086103638572/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3405832086103638572&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3405832086103638572'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3405832086103638572'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/10/in-memoriam.html' title='In memóriam'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-6039496350772109728</id><published>2010-08-29T20:47:00.003+02:00</published><updated>2010-08-29T21:53:21.196+02:00</updated><title type='text'>Penuria</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En Ariño, al igual que en muchos otros pueblos de Aragón, se produjo, durante la guerra civil española, el fenómeno de la emigración masiva a Francia a causa del temor a las represalias ante la inminente toma de los pueblos por las tropas nacionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más frecuente era la huida de los padres de familia, quedando estas rotas y con subsistencia difícil en muchos casos, como es fácilmente comprensible; sin embargo también era normal la salida de familias enteras, que se veían sometidas, en su partida y reubicación, a auténticas odiseas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, cuando el retorno dejó de ser peligroso, la mayoría de los cabezas de familia regresaron al pueblo para reintegrarse a sus hogares. También se daba la circunstancia de que las familias se reagrupasen en Francia adquiriendo los integrantes la nacionalidad francesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida en Francia, tanto de los hombres en solitario como de las familias, no les fue fácil ya que su país de adopción estaba implicado en la desgarradora circunstancia de la segunda guerra mundial con todo lo que ello representaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A una de las familias que emigraron en bloque me voy a referir en este relato, explicando lo que contaba mi padre. Se trataba una familia constituida por un hombre de bastante edad y al menos por una hija y un hijo, ya maduros. Es posible que la integrase alguna persona más, pero no puedo asegurarlo. El padre al parecer estaba enfermo quizá de depresión, de añoranza y de algo más, y permanecía en cama en el momento a que se refiere la siguiente anécdota:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvía la hija de intentar comprar lo indispensable para la supervivencia, quejándose de lo difícil que estaba la localización de alimentos, con expresiones como las siguientes:&lt;br /&gt;–En los escaparates no se ven más que fajos de leña. Además de que todo es carísimo, hoy no he podido encontrar nada de nada.&lt;br /&gt;El padre, que desde el lecho estaba “haciendo oreja”, ante tal afirmación de su hija, tímidamente, le hizo la siguiente pregunta:&lt;br /&gt;–¿Tampoco tabaco?&lt;br /&gt;La hija, categóricamente, respondió:&lt;br /&gt;–¡Bien tabaco! ¡Ni soñarlo!&lt;br /&gt;El padre que se había incorporado a medias, se llevó las manos a la cabeza, y se dejó caer hacia atrás en la cama, mientras exclamaba:&lt;br /&gt;–¡Ayyy!&lt;br /&gt;Y comenzó a sollozar, a la vez que decía:&lt;br /&gt;–Yo quiero partir &lt;em&gt;pa &lt;/em&gt;España! ¡Yo quiero partir &lt;em&gt;pa&lt;/em&gt; España que aquí me voy a morir…!&lt;br /&gt;Y así permaneció, con sus lamentos, hasta quedar completamente exhausto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esto mi padre mostraba el difícil trance y las necesidades que pasaban los que habían emigrado a Francia, según las noticias que de uno u otro modo iban llegando al pueblo, y al mismo tiempo ironizaba sobre la importancia que en aquel contexto de extrema dificultad podía llegar a tener la insatisfacción de un pequeño pero arraigado vicio, que entonces ni siquiera se calificaba así, ya que la costumbre de fumar se consideró un vicio pernicioso (quizá con razón) muchos años después. Entonces fumaba casi todo el mundo, eso sí, lo que buenamente podían (incluso alfalfa y patatera seca), y algunos precoces chavales, a escondidas, hasta “gatos de noguera”. El Gobierno consideraba el fumar como un derecho inalienable para los hombres y el tabaco (el paquetón de picadura) se incluía en la cartilla de racionamiento con la que se controlaba, igual que el tabaco, la cantidad de alimentos esenciales que cada familia tenía derecho a consumir, como legumbres, patatas, aceite, y pocos más, previo pago de su importe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respecto a la misma familia (que no he podido identificar) decía mi padre que antes de la guerra, el hijo, que se las daba de aventurero, no se recataba de comentar que permanecía en España por hacerle compañía a su padre, y era frecuente oírle decir: “mi padre muerto, yo, tren y barco, tren y barco. Hala, hala de aquí”. Con esta actitud daba la imagen de que estaba deseando la muerte de su padre para tener expedita la puerta del mundo entero, a la vez que menospreciaba la calidad de la vida en el pueblo. Pero, ironías del destino, se murió él antes que su padre, y la gente, que captó la paradoja, comentaba la situación con cierta guasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo terminar este relato, en el que se refleja, someramente, algún aspecto del ambiente de Ariño en la posguerra, sin manifestar la admiración que siento por la talla humana que demostraron tener las mujeres que asumieron la responsabilidad de sacar adelante a sus familias sin la presencia de sus maridos. Ellas y los abuelos, dieron ejemplo de entereza y dignidad ante tan difícil papeleta, y fueron capaces de cumplir con su deber, sin alardear nunca de ello. Además del respeto, su recuerdo merece la gratitud de los que, de más o menos cerca, hemos visto y vivido las críticas situaciones de aquella ya lejana época, ojalá que irrepetible. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-6039496350772109728?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/6039496350772109728/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=6039496350772109728&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6039496350772109728'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6039496350772109728'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/08/penuria.html' title='Penuria'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1097254462144475178</id><published>2010-08-26T12:56:00.001+02:00</published><updated>2010-08-26T13:00:19.351+02:00</updated><title type='text'>Dos chistes con solera</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El del reto lo contaba mi padre, y el de la boina mi tío Antonio (el Morel). Se los escuché por vez primera siendo yo un chavalín. Luego los he encontrado en momentos y sitios muy diversos, así que podemos decir, al menos, que estos chistes tienen solera. Para muchos no serán novedad pero, este es el problema de los chistes, que pocos son originales y muchas veces hay que poner cara de circunstancias por ser harto conocidos; sin embargo siempre hay alguien que los oye por vez primera por extraño que parezca. En todo caso para mí forman parte de mis recuerdos de Ariño por ser donde los oí la primera vez, y por tanto creo que no está de más incluirlos entre mis cosas de Ariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El RETO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la época del relato era frecuente que, estando reunidos un grupo de amigos, a veces se planteara un reto con la expresión de “a que no…”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la ocasión a la que me refiero la expresión completa fue: “¡A que no se atreve alguno a ir a tocar la puerta del cementerio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto la noche era oscura y tenebrosa (las nubes tapaban completamente la luna) y el viento silbaba con quejidos lastimeros; sin embargo uno del grupo, que presumía de valiente, aceptó el reto que en la práctica consistía en clavar un clavo en la puerta del cementerio, de forma que tanto el ruido que se produciría al clavarlo como su inequívoca presencia al día siguiente, atestiguarían el cumplimiento de lo pactado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El susodicho llegó a la puerta indicada y, atropelladamente y a duras penas, clavó la escarpia; pero ocurrió que su capa, agitada por el viento, resultó clavada también accidentalmente en la madera, sin percatarse de ello el dueño que, al intentar salir de allí poco menos que corriendo, comprobó que algo (él pensó que alguien) lo retenía. Como aquel alguien no podía ser otro que un difunto, toda la valentía de nuestro protagonista se vino al suelo y sus lamentos y peticiones de clemencia fueron constantes durante largo tiempo. El supuesto difunto no se dio por satisfecho hasta que, en un descuido de las nubes, la luna alumbró la escena y el cautivo se dio cuenta de cual era la verdadera causa de la retención. Ante esta inyección de valor, recompuso su maltrecha figura y, sacando un puñal, de un solo golpe certero liberó la capa de su atadura y, con voz potente, dijo: “¡Pues si es un hombre, igual lo rajo!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA BOINA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iban un padre y su hijo transitando por unos andurriales, cuando les salieron al paso varios facinerosos que, sin contemplación alguna, les aligeraron de todas sus pertenencias, incluidas las ropas, con lo cual los dejaron completamente desnudos. El zagal, al echarle un vistazo a su padre, exclamó: “¡Hala padre, si le han dejado la boina!”. A lo que el padre, muy dignamente, con voz grave, le contestó: “¡Menudas narices tiene tu padre, como para dejarse tocar la gorra!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONCLUSIÓN&lt;br /&gt;Para terminar debo agregar que resulta curioso que ambos chistes, siendo tan distintos, tengan en común la ironía sobre la valentía, y la crítica a los que, sin serlo, presumen de valientes. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1097254462144475178?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1097254462144475178/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1097254462144475178&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1097254462144475178'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1097254462144475178'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/08/dos-chistes-con-solera.html' title='Dos chistes con solera'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3461902345442583813</id><published>2010-08-21T20:54:00.003+02:00</published><updated>2010-08-21T21:23:43.941+02:00</updated><title type='text'>El esportón andante</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En Ariño, cerca ya de 1950, a pesar de que los ingresos debidos al trabajo en las minas habían ya suavizado las duras condiciones de supervivencia propias de épocas anteriores, los chicos, a partir de los diez años e incluso antes, ayudábamos en lo que podíamos y más, en las tareas familiares tanto caseras como agrícolas, que unas y otras eran muchas y variadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me cuenta un amigo que, de vez en cuando, a sus diez años escasos, le mandaban con una caballería provista de un esportón a buscar fiemo a las Bancas para llevarlo hasta una huerta que tenían en el Morraz. Para hacerse una idea cabal de lo que esto representa hay que conocer lo que significan en Ariño las partidas que acabo de nombrar, tanto por la distancia como por la diferencia de nivel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fiemo era sirria que se acumulaba en un corral donde pernoctaba el ganado. La tal sirria, por si alguien no conoce la palabra, son los excrementos del ganado lanar y del cabrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice que un día que hacía algo de viento (lo cual pone nerviosas a las caballerías), la burra iba inquieta hasta que, a la altura del huerto del cura, la carga, que no debía de ir muy bien sujeta, se vino al suelo y el animal inició un trotecillo burrero camino adelante hacia el casetón municipal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi amigo, además del susto, se le amontonó el trabajo en un momento porque no sabía a donde acudir: por una parte no quería dejar el esportón abandonado, y por otra tenía que recuperar lo antes posible a la caballería pues, estando fuera de control en aquel camino-carretera, le podía suceder cualquier percance, lo cual sería una desgracia importante. Así que finalmente optó por ponerse el esportón por sombrero y arreó lo más ligero que pudo hasta alcanzar a la burra, que por fin se había parado. La cogió del ramal, volvió al punto de partida, puso en condiciones de carga el esportón, cargó el fiemo (no sé si llevaría pala) lo ató esta vez con más cuidado y siguió, resuelto el contratiempo, hasta la huerta de destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amigo se ríe al imaginarse corriendo detrás de la burra con un esportón encima sin ver otra cosa que el suelo. Uno se imagina enseguida a un espectador observando la escena sin conocer los antecedentes y no sabe qué podría este pensar. Seguramente llegaría a la conclusión de que le había hecho excesivo efecto el vino del almuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos nosotros nos reímos imaginando la situación, que por otra parte no dejaba de tener un componente de lástima, por imaginar a los niños de entonces obligados a hacer trabajos impropios de sus pocos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como conclusión señalaré la gran diferencia entre lo que antes y ahora se pide a los niños. Entonces las circunstancias nos obligaban a madurar demasiado pronto; sin embargo esto tenía la ventaja de irnos endureciendo para afrontar las difíciles condiciones ambientales imperantes. Ahora, que todo es mucho más fácil, corremos el riesgo de pensar que los niños son más niños de lo que realmente son, lo cual tiene también su problemática.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar indicaré que este relato requiere que figuren en él unas cuantas palabras cuyo significado alguien puede desconocer. Aunque parezca raro, todas ellas vienen en el diccionario de la Real Academia Española, si bien el uso de tales términos haya casi desaparecido. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3461902345442583813?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3461902345442583813/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3461902345442583813&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3461902345442583813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3461902345442583813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/08/el-esporton-andante.html' title='El esportón andante'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1846438978988686155</id><published>2010-08-17T18:10:00.001+02:00</published><updated>2010-08-17T18:14:44.909+02:00</updated><title type='text'>Otro viaje a Zaragoza</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hacia 1955 se organizó, para las Fiestas del Pilar, un viaje a Zaragoza utilizando como medio de transporte un taxi grande que había entonces en Ariño que, debido a su gran capacidad, resultaba económico, aparte de que los horarios se podían ajustar de acuerdo con la conveniencia de la mayoría de los pasajeros. Con tales facilidades y los atractivos de esta ciudad, la propuesta resultaba muy interesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que entonces era estudiante no me apunté, pero sí lo hicieron dos personas que conozco bien, que a pesar de su juventud, tenían ya cierta solvencia económica, aunque no excesiva como se podrá ver en su momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente comprobé (porque nos veíamos casi cada día) que no habían regresado y sus familiares me comentaron que no habían acudido al sitio convenido a la hora de regreso acordada con el taxi. Desconocían la causa de este hecho y, aunque se mostraban preocupados, imaginaban que se trataba simplemente de una falta de puntualidad y pensaban que aparecerían en el coche de línea la tarde siguiente, como realmente sucedió. Según me explica mi informador (que fue uno de los protagonistas) el suceso dio lugar a que en sus respectivos domicilios hubiera más que palabras y que, a pesar de ser ya unos mozos, salieran de este asunto con las orejas bien calientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo sucedido, según mi improvisado cronista, había sido lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente llegaron tarde a la cita de regreso en el taxi por lo que decidieron tomar el tren (un rápido) hasta La Puebla de Hijar y desde allí ir hasta Ariño con algún camión de TRAMISA o con el coche de línea que subía por la tarde recogiendo a los posibles viajeros del tren y parando en cada pueblo hasta llegar a Muniesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estación sacaron dos billetes en ventanilla y preguntaron a alguien por allí si el tren que estaba a punto de salir pasaba por La Puebla y cuando les respondieron afirmativamente se subieron a él y se durmieron de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les despertó el chirrido de los frenos del tren al llegar a una estación, comentaron que ya debían de estar cerca de La Puebla, y un señor que iba junto a ellos les dijo enseguida que el tren había pasado por ese pueblo, iba en dirección a Madrid y ya estaba en Pinseque a varios kilómetros de Zaragoza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El susto fue morrocotudo al comprobar que estaban yendo en sentido contrario al previsto, y la reacción inmediata fue bajarse atropelladamente del tren cuando este iniciaba ya la salida de la estación de Pinseque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encontraron, pues, en la carretera a considerable distancia de Zaragoza vestidos de fiesta, y sin una peseta en el bolsillo, ya que las últimas las habían gastado en los billetes; así que no les quedó más remedio que volver caminando durante horas otra vez a la estación de partida, mientras tomaban conciencia de que el error se debió a confundir el futuro con el pasado ya que, aunque el tren pasaba por dicho pueblo, no tenía que pasar, sino que ya había pasado cuando hicieron la consulta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando por fin llegaron a la estación dieron con un tren que sí que iba a La Puebla y se subieron a él sin billetes puesto que, como queda dicho, no llevaban dinero. Cuando le muestro a mi informador mi curiosidad por lo que tenían previsto hacer cuando pasara el revisor, me dice que cualquier cosa menos pagarle, porque esto era imposible. No tuvieron que afrontar esa papeleta simplemente porque cuando llegaron a su estación de destino el revisor todavía no había pasado, así que esta vez al menos, “les sonrió la fortuna”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunté también cómo resolvieron lo del billete del coche de línea ya que el Juanico (es decir el cobrador) era inevitable, y me dice que le explicaron lo que les había sucedido y añade: “chico, aunque parezca mentira, ¡nos creyó y nos perdonó el billete!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según hemos ido viendo se comprenden las reservas que he hecho al comienzo del relato sobre la solvencia económica de nuestros protagonistas y también he anticipado las consecuencias finales de sus andanzas, así que con esto termino este relato que demuestra, como argumenté en otro anecdotario, que los viajes a Zaragoza eran agradables, pero tenían riesgos de cierta importancia, si no se prestaba un mínimo de atención o no se iba suficientemente despierto. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1846438978988686155?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1846438978988686155/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1846438978988686155&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1846438978988686155'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1846438978988686155'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/08/otro-viaje-zaragoza.html' title='Otro viaje a Zaragoza'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3166843927225717817</id><published>2010-08-12T18:48:00.004+02:00</published><updated>2010-08-13T12:53:00.186+02:00</updated><title type='text'>Un viaje a Zaragoza</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En la década de los cincuenta solían hacer los mocetes de Ariño algún que otro viaje a Zaragoza y para ello la ocasión ideal eran las fiestas del Pilar del doce de octubre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me cuenta un ariñero, que tampoco reside en Ariño, anécdotas sobre uno de aquellos viajes  acompañado por otro chico de su misma o parecida edad, y me dice que, a sugerencia del acompañante, la primera operación que hicieron fue ir al puente de piedra y alquilar una barca de remos a la orilla del Ebro y, sin haber practicado nunca esta actividad, comenzar a remar en dirección al centro del río. Como es lógico la corriente los llevó rápidamente a donde quiso, que fue hacia una zona en la que había numerosos pescadores de caña que, enfadados por la interferencia y alarmados porque nuestros remeros corrían un peligro evidente, les gritaron para que se alejaran de allí a sitio menos peligroso e inoportuno. Los avisos tuvieron efecto inmediato y los sofocados barqueros remando como pudieron y a base de trazar la barca numerosos círculos consiguieron llegar por fin hasta la orilla, gracias a un milagro de nuestra señora la Virgen del Pilar que permanece entre los muchos no computados hasta la fecha. Eso sí, como consecuencia de los numerosos golpes al agua con los remos planos salieron de la barca con las ropas mojadas a fondo, lo que nos da una idea del lastimoso estado en que iniciaban su estancia en la engalanada ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siguiente objetivo de su programa fue ir a alguna zona donde hubiera buen nivel de ambiente festivo y al efecto aparecieron por la calle san Miguel (o cercanías), lugar muy concurrido, donde un señor les preguntó la hora. Ante este elemental incidente mi informador se detuvo para consultar su reloj, pero su amigo aceleró el paso tomando distancia y volviendo hacia atrás la cabeza previno a su camarada, en alta voz, con estas palabras: “¡No te pares con la gente, que aun te quitarán la cartera!”. Esta actuación le sentó fatal al destinatario por ser puesto en evidencia ante los presentes y más teniendo en cuenta que el señor que le había preguntado la hora era nada menos que un sacerdote de avanzada edad vestido, como era entonces habitual, con la clásica sotana, así que el aviso no podía ser más inoportuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A juzgar por las actuaciones anteriores supongo que debieron de tener unos cuantos tropiezos durante el tiempo en que deambularon por Zaragoza, pero uno más, que mi informador comenta, fue que tomaron el tranvía “Venecia-Delicias”, que iba a Torrero desde la avenida de Madrid y viceversa, y aunque tenían como destino la calle Vista Alegre que se halla cerca del parque Pignatelli, no tomaron bien la referencia de donde debían apearse y cuando el tranvía estaba llegando al final del recorrido, lejos de la calle a la que pretendían ir, preguntó uno de ellos al conductor si ya estaban cerca de “la parada vista alegre” a lo cual el empleado, con aire socarrón, sin volver la cara le contestó: “No; cerca de aquí está la parada vista triste”. No le faltaba razón porque ya casi se veían la cárcel y el cementerio de Torrero que era a lo que el conductor se refería, aunque no le hubiera costado mucho ser un poco más amable y educado con aquellos usuarios del tranvía en el que se ganaba cada día las habichuelas, por más que los viera con pinta de despistados y pueblerinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella época el ir desde el pueblo a Zaragoza efectivamente daba lugar a constantes problemas porque había muchas cosas que eran vistas por primera vez por el que venía del pueblo, como los tranvías, los teatros, la multitud de coches, las considerables distancias, etc., etc..Casi todo era diferente, incluidas las normas de comportamiento, el atuendo y hasta la forma de hablar. Cuando se permanecía durante el suficiente tiempo en esta ciudad, se volvía al pueblo con bastantes conocimientos, adquiridos muchas veces, al igual que nuestros amigos, a base de tropiezos. En algunos casos como en el de los quintos en fase de hacer la preceptiva mili, a veces no se podía evitar volver con cierto aire de suficiencia, que es lo que le sucedió al militar que protagoniza uno de mis relatos que titulo “chascarrillos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zaragoza, que nos atraía de forma especial por tener a nuestra Virgen del Pilar, mostraba realmente aires de gran ciudad y había que ir a ella con cuidado y bien aconsejado, so pena de encontrar problemas, eso sí más enojosos que importantes; sin embargo el ir a nuestra capital, Teruel, no daba lugar a ninguna dificultad (salvo la del complicado viaje), porque era como un pueblo grande en el que no se sentía la más pequeña hostilidad del entorno. Quizá esto sea la razón de que quienes hemos vivido un tiempo en esta encantadora ciudad le tengamos un cariño muy especial y la recordemos de una forma entrañable. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3166843927225717817?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3166843927225717817/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3166843927225717817&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3166843927225717817'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3166843927225717817'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/08/un-viaje-zaragoza.html' title='Un viaje a Zaragoza'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-42292268518043221</id><published>2010-07-07T11:53:00.002+02:00</published><updated>2010-07-07T11:57:22.007+02:00</updated><title type='text'>El desmayo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Contaba mi padre que, en cierta ocasión, estando varios amigos en el café-bar del tío Pablo uno de ellos tuvo una especie de desmayo y se quedó como muerto. Trataron inútilmente de reanimarlo y cuando vieron que no respondía a los tratamientos clásicos como darle bofetadas, hacerle beber coñac o un vaso de agua, etc., consideraron que lo más conveniente era llevarlo urgentemente a la casa de sus padres situada en las proximidades del abrevadero del barrio Bajo y llamar al médico. Entre varios amigos lo bajaron, pues, hasta la calle y cogiéndole unos de las piernas y otros de los brazos iniciaron el camino hacia su casa con la limitada rapidez que permitía el peso del paciente, que era mucho. Al llegar a la bifurcación de calles que hay al final de la iglesia tuvieron dudas sobre el mejor camino a seguir ya que el del barrio Bajo era más llano y más corto pero estaba más concurrido y sería todo un espectáculo el verlos pasar de aquellas formas, y la calle de arriba tenía otros inconvenientes; así que allí seguían parados sin decidir el mejor trayecto, cuando el presunto muerto, con voz de ultratumba, dijo: “por esta, por esta calle iba yo cuando estaba vivo”. La sorpresa mezcla de rabia y de asombro hizo que todos los portadores lo soltaran a la vez y el “muerto” emprendió veloz carrera hasta el bar de partida seguido de sus amigos cargados de aviesas intenciones. Una vez que llegaron todos al bar, el enfermo imaginario les invitó a una copa, les dijo “qué bien os he engañado” y los demás le respondieron que había escapado por los pelos de recibir allí mismo un justo castigo, y le perjuraron que si alguna vez tenía un problema de verdad tendría que ir solo a casa como buenamente pudiera, pues eso había conseguido con el engaño.&lt;br /&gt;Desconozco la probabilidad de certeza de este relato, pero está tan bien ambientado que si no sucedió realmente, bien pudo haber sucedido ya que era normal en aquella época gastarse bromas pesadas, ya que las sencillas no tenían suficiente enjundia. El ambiente de nuestro Ariño entonces era así, qué queréis que os diga. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-42292268518043221?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/42292268518043221/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=42292268518043221&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/42292268518043221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/42292268518043221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/07/el-desmayo.html' title='El desmayo'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-422001273340552663</id><published>2010-06-22T20:29:00.001+02:00</published><updated>2010-06-22T20:37:24.238+02:00</updated><title type='text'>El gua</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cuando yo era un niño (hace ya muchíiiiisimos años), nuestra necesidad innata de jugar la satisfacíamos por medio de juegos de bajo o nulo coste porque, aunque no estábamos en crisis (“momento en que se produce un cambio muy marcado en algo”), estábamos siempre bajo mínimos en disponibilidad monetaria; así que solo jugábamos con cualquier cosa que supusiera un desembolso económico insignificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de estos juegos en Ariño era el gua. Consistía en la competición entre dos chicos (las chicas jugaban a otras cosas), provistos cada uno simplemente de una canica, que nosotros la llamábamos pitón, y era el nombre más empleado entonces en muchos pueblos de Aragón. Lo de canica se ha impuesto posteriormente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos pitones eran de varias clases: de cristal (que la mayoría eran verdes y procedían de las botellas de gaseosa), de acero pulido (procedentes de rodamientos), de piedra, y de cerámica. Estos últimos eran los más utilizados, ya que los otros eran demasiado resbaladizos y además los de cristal eran frágiles, los de acero excesivamente pesados, y los de piedra más caros (la regla comercial era que uno de piedra valía por cuatro, o más, de cerámica).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los de cerámica tenían un peso muy adecuado y solo el inconveniente de aparecer, recién estrenados, con la superficie muy lisa; sin embargo al cabo de un tiempo de uso, debido a los roces y choques a los que eran sometidos de continuo, adquiría la rugosidad óptima requerida para este juego. Al pitón que tenía las mejores condiciones de tamaño, y rugosidad y por tanto funcionaba mejor, en algunas partes se le llamaba “la tiradera” y es el que se reservaba para jugar. Los demás de cerámica se utilizaban para el pago de las partidas perdidas, como indicaremos en su momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para jugar al gua había que situarse en una superficie plana para que no se produjeran rodaduras inconvenientes de las canicas, y era mejor la tierra que el cemento, porque en este último tipo de suelo los movimientos de los pitones eran más difíciles de controlar debido al menor rozamiento; sin embargo, a pesar de dicho inconveniente, tenía otras ventajas y, por ello, también se jugaba al gua en algunas superficies de cemento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se requería que en el suelo hubiera un pocete (llamado gua) más o menos profundo y de unos seis a ocho centímetros de diámetro, como algunos que había en la plaza mayor, que se formaron por casualidad cuando se cubrió la plaza, que era de tierra, con una capa cemento. Se ve que quedaron algunas gravillas demasiado superficiales y, &lt;em&gt;con un poco de ayuda&lt;/em&gt;, se fueron desprendiendo, dando lugar a un par de agujeros muy adecuados para el juego que estoy explicando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para jugar, después de los acuerdos previos, se situaban los dos jugadores a una determinada distancia del gua y se tiraban sucesivamente los pitones tratando de dejarlos a la menor distancia posible del agujero y, con suerte, dentro de él. El ganador de esta primera operación llevaba la iniciativa en la parte siguiente del juego que consistía en los siguientes movimientos: primero el &lt;strong&gt;gua&lt;/strong&gt;, que era introducir el pitón en el agujero. A continuación se hacía lo que llamábamos &lt;strong&gt;chiva&lt;/strong&gt;, que era golpear al otro pitón, luego el&lt;strong&gt; pie&lt;/strong&gt;, que era separarlos, por medio de un nuevo impacto, a una distancia de más de un pie; acto seguido&lt;strong&gt; tute&lt;/strong&gt;, que era igual a chiva y, finalmente &lt;strong&gt;gua,&lt;/strong&gt; que era meterlo otra vez en el agujero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La práctica de todos los movimientos se hacía con las dos manos: la izquierda con el pulgar en el punto donde se hallaba situado el pitón propio en la fase correspondiente y el meñique tocando a la mano derecha, que sujetaba al pitón entre el índice y el pulgar y este dedo era el que lo impulsaba finalmente, a modo de proyectil, para lograr lo requerido en cada una de las sucesivas fases del juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se fallaba el tiro en cualquier fase, pasaba la iniciativa al otro jugador, empezando este por la fase en que hubiera quedado con anterioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primero que completaba todas las fases era el ganador de cada juego, y su oponente tenía que darle lo acordado, que podía ser un pitón, un cromo, una chapa, o incluso una moneda, generalmente de cinco o de diez céntimos de peseta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este juego era uno de los más populares y lo practicábamos continuamente. Los que tenían más habilidad llevaban siempre los bolsillos llenos de pitones que terminaban vendiéndoselos a los menos habilidosos, así que al final la habilidad se traducía en dinero, cosa que tiene su miga, y también era un detalle curioso que los chicos más expertos en estos juegos eran los que peor iban en clase, que es una demostración de la existencia de una especie de ley compensatoria que se refiere al conjunto de las facultades con que somos dotados los individuos de la especie humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para finalizar se me ocurren dos observaciones: la primera, que era admirable que un juego tan simple tuviese tan gran aceptación a pesar de que había que estar todo el rato con una rodilla en tierra, y la segunda, que este juego es más fácil de practicar que de explicarlo y que algo que precisa tantas explicaciones se aprendía, viéndolo practicar, en menos de un minuto, incluso por los chicos menos espabilados, lo que nos indica la gran ventaja que tiene la enseñanza con ejemplos y ejercicios prácticos, frente a las explicaciones demasiado teóricas, como las que he utilizado en el presente escrito. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-422001273340552663?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/422001273340552663/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=422001273340552663&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/422001273340552663'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/422001273340552663'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/06/el-gua.html' title='El gua'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4828464758629690176</id><published>2010-04-23T00:00:00.002+02:00</published><updated>2010-04-23T00:31:23.414+02:00</updated><title type='text'>La acequia del molino</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Entre el manantial de “Los baños” y lo que fue molino de harina, había en Ariño una acequia que, separada del río Martín por un largo y espeso cañar y siguiendo el contorno de los huertos de “Darcos”, conducía el agua, recién nacida en los manantiales, hasta un depósito de obra anexo al molino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este depósito era una especie de chimenea de unos diez metros cuadrados de sección rectangular y una altura de unos cuatro. Desde arriba se veían los remolinos del agua antes de precipitarse hacia las turbinas con un estrépito considerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acequia, excavada en el terreno, estaba forrada de obra de mampostería y fratasada con cemento, y mediría algo menos de dos metros de anchura y casi dos metros de profundidad. Estaba bien trazada y construida y tenía, a poca distancia de su comienzo, dos tajaderas metálicas perpendiculares entre sí, la una transversal a la acequia para cerrar el paso del agua hacia el molino, y la otra anterior y lateral para darle salida hacia el río. Estas tajaderas se accionaban manualmente cuando era necesario desviar de nuevo hacia el río el agua ya encauzada,  fuera porque se precisase realizar reparaciones de las máquinas del molino, o por evitar desperfectos en ellas y el embarrado de la propia acequia, que pudieran producir las fuertes, y entonces frecuentes, avenidas del río Martín .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caudal debía de ser de más de dos metros cúbicos por segundo y en el agua, muy transparente, se percibían barbos de considerable tamaño. Era impresionante verlos nadar enérgicamente a contracorriente a pesar de la elevada velocidad del agua. Incluso una vez vi una anguila, y a pesar de que me conocía bien los ríos de Ariño, nunca más tuve ocasión de hallar otra en ninguna parte, salvo un día en que mi tío Antonio, que era buen pescador, atrapó una, a mano, en la orilla del pozo que llamamos “La cueva de la Marta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El situarse a la orilla de aquella acequia infundía cierto temor porque no tenía protecciones laterales y en caso de caída accidental, dada la fuerza del agua y que no era posible asirse más que a algún que otro zarzal, existía una alta probabilidad de acabar en las turbinas del molino o en algún rastrillo de ramas que posiblemente hubiera, cosa que yo no llegué a saber con certeza. En cualquier caso significaba un alto riesgo de perder la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta sensación de peligro y el andar por allí con cierta frecuencia, ya que mi abuelo tenía un huerto en aquella zona, hizo que me inventase un original test para determinar mi grado de integración con personas queridas, para lo cual hacía una lista mental con ellas y me sometía a la siguiente pregunta: ¿Si accidentalmente esta persona se cayera a la acequia, sería capaz de tirarme al agua para intentar salvarla? Yo mismo me llevaba sorpresas, porque la autorespuesta no siempre era afirmativa, y ello me permitía conocer por quién sería capaz de poner mi vida en alto riesgo de pérdida. Este ejercicio parece una tontería pero, sobre todo teniendo en cuenta que yo no era más que un chaval, tenía su miga. Esta ocurrencia, me sorprendió a mí mismo y, a pesar de los años transcurridos, la recuerdo siempre como un curioso ejercicio psicológico para la valoración del nivel de los afectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella acequia, además del encanto natural del agua y de la agradable visión de los peces, me producía una gran admiración por ser una obra de gran utilidad para el pueblo, especialmente por dedicarse a mover el molino para el pan, cosa tan esencial en aquella época, y me hacía sentir una gran admiración por las personas que idearon todo aquello y gestionaron su construcción, puesta en servicio, y mantenimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos momentos tengo entendido que dicha acequia está aterrada en el sentido físico y hasta pudiera ser que en el metafórico. No he confirmado la información mediante visita al lugar, porque estoy seguro de que me produciría mala impresión el comprobar la falta de interés que supone el despreciar la posibilidad de aprovechar la energía del agua, por ejemplo para reconvertir el molino en minicentral, como se ha hecho en muchos sitios, que permitiera incluso abastecer de forma autónoma los importantes requerimientos energéticos del previsto balneario. Hay que reconocer que generaciones anteriores, con menos medios, estuvieron mejor mentalizadas que las nuestras en estos aspectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me temo que, para colmo, se trata de un error irreparable, debido a la ubicación de los cimientos de los pilares del puente que conduce al proyectado balneario, justo en la trayectoria de la acequia, en lugar de respetarla, como hubiera sido lo lógico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería para mí un motivo de gran alegría saber que los aspectos del relato que he supuesto debido a comentarios oídos al respecto sin comprobación detallada in situ, finalmente no fueran ciertos; pero, mientras tanto, me propongo recordar a la acequia y al molino como eran en mi época de niño, y correr un tupido velo sobre el triste final de esta historia. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4828464758629690176?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4828464758629690176/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4828464758629690176&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4828464758629690176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4828464758629690176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/04/la-acequia-del-molino.html' title='La acequia del molino'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5098416657094616173</id><published>2010-03-25T17:14:00.004+01:00</published><updated>2010-03-26T10:28:59.370+01:00</updated><title type='text'>Los latones</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Ante todo comenzaré por explicar qué son los latones, por si alguien no conoce estos curiosos frutos. Cuando están maduros son unas bolitas casi negras de algo menos de un centímetro de diámetro, que tienen una piel fina y dura, una pulpa amarillenta comestible de sabor dulce, y un hueso esférico de poco más de medio centímetro. Pertenecen a la familia de las drupas que son los frutos con piel, carne y una sola semilla, como las ciruelas, las cerezas, etc. Los producen los latoneros, árboles de madera noble y correosa de los que se sacan buenas varas y, si no estoy equivocado, los garrotes largos que usan los pastores. Estos árboles son raros y en Ariño hay unos pocos, llenos de polvo, próximos a la cuesta de las bodegas, a la orilla de la carretera, cerca de las huellas de los dinosaurios. Aunque el nombre de latonero es correcto, más técnico es almez, por extraño que parezca. En Zaragoza los veo plantados en los jardines públicos y en los alcorques de las aceras. A veces, cuando tienen latones maduros, cojo algunos, recordando prácticas de la infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nombre y aplicaciones eran generalmente conocidos por los chicos de los pueblos con ligeras variaciones en la denominación; en cambio los de las ciudades, cuando oían la palabra latón, supongo que pensarían que se referían a la aleación de cobre y cinc de color amarillo claro, susceptible de gran brillo y pulimento, como lo define la Real Academia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a las actividades de los chicos de Ariño en edad escolar que fueron objeto de mi anterior relato, había una que gozaba de gran atractivo en otoño, que era el cañoneo con los huesos de los latones. El sistema consistía en proveerse de una caña con diámetro interior adecuado y de una longitud de algo más de un palmo, cargarla con un hueso y, soplando con fuerza, lanzarlo con la mayor velocidad posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menos mal que no nos explicaron entonces que algunos indígenas lanzan por este procedimiento hasta dardos envenenados, porque es sabido que los niños lo van probando todo, y aprendiendo a base del principio del escarmiento. Imagino también las dotes creativas de quien fue capaz de inventar dicho aparato relacionando los misteriosos huesecillos y la posibilidad de utilizarlos con finalidad agresiva; sin embargo la inventiva no pasó de este nivel, porque aunque el uso del aparato coincidió con nuestro conocimiento de las armas de fuego por medio de los tebeos y de las películas del Oeste, no inventamos algún sistema de carga rápida de los latones o de repetición como los utilizados por los revólveres, los rifles o las ametralladoras, aunque fuera en versión simple.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aparato, dentro de su sencillez, funcionaba con eficacia y, si el canuto estaba bien calculado, era sorprendente la velocidad del ecológico proyectil, la rectitud de su trayectoria y la energía del impacto. Eso sí, como queda insinuado, la recarga para un nuevo lanzamiento era relativamente lenta, lo que le quitaba capacidad combativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La problemática principal de este digamos juego, era el acopio de los latones, ya que, como he indicado, en Ariño no había latoneros productivos; así que había que ir hasta cerca de la sima de san Pedro a buscarlos, porque allí estaban los más próximos. Esto representaba dos problemas: uno era la distancia de varios kilómetros, y otro, que se hallaban en el término de Oliete, y los zagales de ese pueblo también los utilizaban. Y comoquiera que las relaciones entre los chicos de los pueblos vecinos, si no había un factor moderador no eran especialmente amistosas, el encuentro de las dos bandas de aspirantes a la recolección solía terminar en combate a pedradas, técnica en la que había unos cuantos expertos en ambos bandos y, aunque el arte de esquivarlas se dominaba muy bien, no era extraño regresar al pueblo con algún combatiente descalabrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que, de una u otra forma, muchos chicos llevábamos bolsilladas de latones, de huesos de latón, y la famosa caña. Luego, dependía de la mentalidad de cada uno el uso más o menos agresivo que de este equipo se hiciera. Algunos tenían la mala sombra de tirarles latones a las chicas, que no eran partidarias de este tipo de “juegos” y por tanto existía ventaja sobre ellas, aunque también se tenía muy en cuenta los “rebotes” que podían sobrevenir de los amigos y familiares de las mozas, como consecuencia de tales agresiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo, lo más divertido era disparar contra otro chico equipado reglamentariamente y, era ya la repanocha, cuando a veces se producían tiroteos entre grupos organizados cuidadosamente en dos bandos participando los chicos más aguerridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo siempre consideré este juego como algo peligroso, aunque no por ello me privé de practicarlo. Realmente en caso de darle a alguien con uno de estos proyectiles en un ojo se le podía dejar tuerto. Cierto es que era poco probable la coincidencia, pero a veces el diablo hace afinar la puntería y suceden las desgracias; sin embargo en Ariño los ángeles de la guarda, que los llevábamos siempre a mal traer y haciendo horas extras, realizaban muy bien su trabajo y, que yo sepa, nunca se produjeron en realidad estos potenciales y temibles percances.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5098416657094616173?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5098416657094616173/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5098416657094616173&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5098416657094616173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5098416657094616173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/03/los-latones.html' title='Los latones'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2565534486047913553</id><published>2010-03-07T13:50:00.003+01:00</published><updated>2010-03-07T14:03:35.921+01:00</updated><title type='text'>Cada uno en su sitio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En Ariño, a partir del momento en que comenzábamos a tener uso de razón y a circular con cierta independencia en un radio cada vez mayor tomando como centro nuestras casas, intuitivamente nos preguntábamos cuál era nuestra situación en relación con nuestro entorno y, en especial, con las personas que, según íbamos descubriendo, habitaban en nuestro mismo pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera percepción se refería al volumen o tamaño de las personas y en una segunda etapa, afinando ya más, a su edad y situación social. Con estas actividades de nuestros virginales cerebros llegábamos a establecer grupos, lo que tenía el mérito de ser un intento de hacer una primera clasificación, ya que algo internamente nos decía que esto era esencial para seguir circulando por allí sin excesivos problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer grupo era el de las personas mayores, que a su vez lo dividíamos en los viejos y en los casados, aunque estos fueran todavía jóvenes o de mediana edad. El siguiente era el de los jóvenes, que incluía desde mozos hasta chicos de un año más que nosotros. Otro era el de chicos de nuestra misma edad. Uno más era el de los chicos de menor edad y a continuación el de los recién nacidos y de los que andaban todavía a gatas y, por fin, el de las chicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestras actuaciones eran diferentes según el grupo con el que tratábamos. Así las personas mayores, si no eran auténticos desastres, merecían un gran respeto, les correspondía el trato de usted y con ellos era impensable mantener cualquier polémica o causarles el más pequeño contratiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el trato con el grupo segundo se tenía muy en cuenta la edad, que era un grado, como la veteranía en la mili. La cuestión era de tal precisión, que una diferencia de un año significaba ya un neto predominio del chico de mayor edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mismo criterio se seguía con los chicos de menor edad en los que esta circunstancia determinaba, de forma inapelable, la superioridad del mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respecto a las chicas diré que, en la temprana edad a que me refiero, pasábamos olímpicamente de ellas, al igual que ellas de nosotros. Con el paso de los años esta indiferencia y distanciamiento inicial evidentemente se iba acortando a medida que se producía la revolución hormonal que cambiaba los conceptos y las distancias entre unos y otras. Pero esto es algo en lo que no me voy a extender en el presente relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, volviendo a nuestro tema, vemos que había muchas cosas que estaban perfectamente claras y la cuestión de establecer nuestro sitio en el ordenamiento jerárquico se reducía, simplemente, a conquistarlo entre los varones de la misma edad. Este asunto se dilucidaba por medio de las peleas cuerpo a cuerpo sin herramientas de ningún tipo y sin el empleo de ninguna clase de artes marciales sofisticadas. (Ya de mayor he visto que lo más parecido a nuestras peleas infantiles es la lucha canaria).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En dichas peleas se trataba de derribar y sujetar al contrincante con la espalda en el suelo el tiempo suficiente para que este, de forma más o menos explícita, admitiese la superioridad del otro. No se utilizaban, como he apuntado, malas artes, objetos agresivos, ni siquiera el uso de los puños como en el boxeo. Así que la lucha era limpia y se terminaba sin daño físico apreciable, pero sí con la posición escalar refrendada o modificada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas peleas tenían lugar continuamente, sobre todo en la plaza principal del pueblo, debido a que era donde estábamos la mayor parte del tiempo y a que su suelo de cemento era favorable para un menor deterioro de nuestras ropas, que ya de por sí no eran una gran cosa. Por si estas peleas espontáneas no fueran suficientes aún había chicos mayores, ya mozalbetes, que acudían allí para fomentar este tipo de contiendas. El protocolo que seguían era el siguiente: juntaban a dos chicos de la misma edad y le decían a uno que le mojase la oreja al otro, lo cual provocaba con toda seguridad el inicio de la pelea. Otras veces nos ponían frente a frente, trazaban una raya en el suelo con una tiza, decían que aquella raya era de uno, e incitaban al otro a que se la pisase y ya estaba organizado el lío. En nuestro interior teníamos formado un mal concepto de aquellos incitadores, que casi siempre eran los mismos, considerándolos gente de malas intenciones; sin embargo, con el paso de los años, he visto que no todos eran irredentos ya que algunos se formalizaron y llegaron a ser personas sensatas y buenas, constituyendo familias normales a pesar de su etapa de gamberrillos adolescentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, aunque era muy raro, se daba el caso de pelear un chico con una chica a brazo partido. Recuerdo en especial una pelea de un amigo mío con una chica, en la que llevaba él las de ganar ya que tenía a la moza en fase de inmovilización. Comoquiera que lo necesitábamos a él para un juego y además creí que aquella pelea no tenía sentido, fui a separarlo estirándolo por detrás. Lo malo fue que se asustó, interpretó que la chica recibía refuerzos, y volvió la cabeza rápidamente cuando mi cabeza estaba rozando a la suya. El resultado fue que su frente chocó con mis dientes con un fuerte impacto. Fui a decir algo y mi lengua percibió que algo en la empalizada de mis dientes había cambiado. Así era, en efecto, ya que dos hermosas palas que yo tenía se habían roto dejando un perfecto triángulo entre ellas. Las esquinas que faltaban estaban clavadas en la frente de mi amigo, que sangraba abundantemente por lo que tuvo que ir al médico para que le arreglase el desperfecto. Lo mío fue peor, porque no queráis saber la murga que la dichosa rotura de las dos palas me ha dado a lo largo de toda mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra anécdota que recuerdo es que un chico, que tenía un año menos que yo, me retó formalmente, no sé por que motivo, nada menos que a batirnos de inmediato en la era de la trilladora. Me pareció una tontería ir a reñir tan lejos, pero acepté y, como lo oyeron varios compañeros, se formó una nutrida partida para presenciar el combate, encabezada por los dos protagonistas del inminente pugilato. El año de diferencia de edad y la práctica jugaron a mi favor, así que salí vencedor en aquella contienda a pesar de que el otro era bastante fuerte y tenía genio. Pasados muchos años, un día aquel chico, ya mozo, me recordó que fue él mi contrincante en aquella pelea; y me dijo que siempre me había guardado un respeto especial como consecuencia de aquel combate. Yo sí recordaba la pelea pero no que había sido con él, a pesar de que nos tratábamos bastante cuando nos fuimos haciendo mayores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No siempre me fue tan favorable el resultado de mis peleas, ya que un día en la placica de la iglesia teniendo a mi contendiente, que era un chico de mi edad, en posición de bloqueo, en un descuido mío (porque pensé que ya se rendía), flexionó las piernas de tal modo y con tal rapidez, que me puso los pies en el pecho y me catapultó hacia atrás, con tan mala suerte que di con mi cabeza en una piedra de la pared y me sangró tanto la herida que le costó trabajo a mi madre el curarla; finalmente me cortó una coronilla de pelo, me desinfectó la cabeza con alcohol, me puso un esparadrapo, y dio el asunto por zanjado. Pagué caro el no haber ido al médico, porque aquella herida tardó tiempo en curarse y me dejó una notable cicatriz y aún salí bien librado, porque realmente era de las que precisaban unos cuantos puntos de sutura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella sociedad tan asilvestrada de chavales, la caída por el pueblo de uno nuevo era para compadecerlo al principio, y de hecho andaba durante bastante tiempo fuera de cualquier escalafón, a no ser que viniera ya aguerrido de lances similares en otros pueblos; en tal caso pronto ocupaba su lugar jerarquizado, sin necesidad de muchas demostraciones adicionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá estoy dando la impresión de que la relación entre los chicos era enconada y tensa. No era así, sino todo lo contrario. Nos pasábamos el día jugando unos con otros y, si se daba el caso de alguna pelea, se nos olvidaba al cabo de pocos minutos y seguíamos siendo tan amigos como antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una manera natural de ejercitar la convivencia y de irnos ajustando al grupo humano con el que nos había tocado convivir, es decir de irnos educando para aquella sociedad, educación que, aparte de la que nos inculcaban en nuestras casas y en las escuelas, se producía desde los otros grupos sociales que he nombrado al principio, y no era raro que desde ellos llegasen informaciones, cuando nos pescaban haciendo alguna travesura, hasta nuestros padres y hasta nuestros maestros, que eran digamos el poder ejecutivo directo sobre nuestras personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tales casos se nos avisaba, diciendo: “Espera pajáro que cuando vea a tu maestro o a tus padres les voy a explicar esto”. Y nos quedábamos un tiempo con el culín apretado esperando a ver si la amenaza se convertía en realidad, lo que ya de por sí era una penitencia por la maldad que estaríamos haciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para este ejercicio educativo multidireccional era necesario algo que siempre he considerado una gran ventaja en los pueblos y es que todos se conocían y, por ejemplo, de cada chico y en general de cada vecino, se sabían con detalle su forma de ser y casi todas sus circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ajustes de la convivencia se producían también en el grupo de las personas mayores, siempre favorecidos por el factor enunciado del conocimiento mutuo. Cuando hemos salido de los pueblos y nos hemos visto en las ciudades inmersos entre gentes que desconocemos, esto nos ha creado un estrés que no existe en los pueblos. (“Solo se teme a lo que se desconoce”, dice la sentencia). La indumentaria y el aspecto externo nos dan en las ciudades una idea, pero solo aproximada y, en todo caso, poco fiable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los pueblos no valen las caretas. Todo el mundo se conoce, por más que se intenten disimular los defectos, lo cual es una táctica también generalizada y comprensible. Hay sin embargo personas que tienen la cualidad de mostrarse, sin tapujos, directamente como en realidad son. Estas son las que yo llamo auténticas, que suelen ser escasas pero admirables. En la mente tengo algunas. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2565534486047913553?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2565534486047913553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2565534486047913553&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2565534486047913553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2565534486047913553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/03/cada-uno-en-su-sitio.html' title='Cada uno en su sitio'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2084751588852500607</id><published>2010-02-05T12:44:00.002+01:00</published><updated>2010-02-05T12:55:56.284+01:00</updated><title type='text'>La cultura del alivio discrecional</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Antes de que el tema sobre el que voy a escribir  pase definitivamente al olvido, me gustaría hacer un pequeño recordatorio de cómo tenían lugar ciertas necesidades fisiológicas primarias, hace más de cuarenta años, en nuestro pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho en forma resumida, Ariño era una especie de acampada libre sin servicios, donde cada uno, dentro de un orden, se las arreglaba como podía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrando un poco en el detalle de la cuestión, hay que establecer una diferencia entre las necesidades nocturnas y las diurnas. Las nocturnas, como la movilidad era limitada debido a las dificultades de iluminación, se resolvían por medio del orinal que había debajo de cada cama y, como todo el pueblo olía a estiércol, no causaban gran molestia los olores suplementarios. Es curioso observar que hasta en aquella situación la diferencia de estatus se notaba, aunque fuera por la calidad del orinal, que podía ser desde hierro esmaltado en blanco con desconchones en las familias humildes, hasta de fina porcelana con artísticas figuras policromadas, en las de mejor posición social .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las mañanas el contenido de los orinales se vaciaba en un rincón de la cuadra donde pasaba a integrarse con el estiércol de las caballerías, o en el corral, en cuyo caso las gallinas daban buena cuenta de los residuos porque  para ellas eran un alimento muy apreciado. (Afortunadamente esta circunstancia no trascendía hasta el sabor de los hermosos huevos que solían poner casi todos los días).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el día la cosa era diferente: si se estaba en el campo, se buscaba un arbusto tupido para hacer aguas mayores, y para las menores los hombres no tenían  problemas y las mujeres imagino que alguno, aunque tampoco debían de ser excesivos. Si se estaba en la casa, el sitio apropiado para satisfacer estas necesidades era la cuadra o el corral, espantando a las gallinas para mantenerlas alejadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se contaba que un maestro  que acordó alojarse “de patrona” en una casa del pueblo, cuando preguntó dónde hacer sus necesidades le indicaron que en el corral y, al regreso, le dijo a la patrona:&lt;br /&gt;–¿Sabe usted que tiene unas gallinas muy especiales?&lt;br /&gt;–¿Por qué lo dice? –preguntó la señora.&lt;br /&gt;–¡Porque ponen los huevos negros! –contestó el maestro.&lt;br /&gt;–No señor, no; blancos, y muy escasos –quejóse la buena mujer.&lt;br /&gt;–¡Ponen los huevos negros a picotazos! –concluyó, escamado, el recién llegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En algunas casas, muy pocas por cierto, había una especie de lavabo y una tabla con un agujero redondo de dimensión apropiada que daba directamente a un pozo ciego. La limpieza de este era tan enojosa que no les arriendo las ganancias a quienes periódicamente tenían que limpiarlo. Otras veces daba directamente al corral, en cuyo caso los restos se reciclaban de inmediato por el procedimiento que he indicado en el párrafo anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había personas que, fuera por no tener sitio apropiado en la casa o por algún otro motivo,  solían hacer sus necesidades en las proximidades de su vivienda, y no era extraño encontrar al aire libre, en los sitios algo más discretos, las consiguientes deposiciones. Por ejemplo, la ermita de santa Bárbara estaba festoneada en todo su perímetro de los consabidos restos. Este sistema tenía el inconveniente de que los que solíamos vagar por los alrededores cazando pájaros o mariposas, sorprendíamos, de vez en cuando  a las señoras en tan comprometida faena, lo cual era un corte considerable por partida doble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las operación de limpieza se realizaba con lo que se podía, incluso con las piedras, que abundaban, sueltas por todas partes, y por eso eran el método más común (y muchas veces el único) sobre todo en el campo. Realmente la operación de limpieza era un fastidioso asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los alrededores del pueblo por todas partes encontrabas el rastro de estas necesidades y muchas veces quedaba clara la conveniencia para el autor de tomar alguna sustancia astringente y otras la de un laxante de tipo fuerte. Otras veces veíamos tomateras, demostración de que las semillas del tomate no se destruyen durante el proceso digestivo. En ocasiones se veían hasta pequeños melocotoneros, lo cual hacía pensar que el autor de la deposición se había comido a la vez un melocotón, para hacer la operación menos tediosa. En fin, que una persona algo observadora podía sacar curiosas enseñanzas en cualquier parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los chicos no teníamos problemas en orinar en presencia de otros chicos. Tanto es así que incluso llegábamos a hacer, con toda naturalidad, concursos para ver quien meaba más lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran cosas normales y, por ejemplo, cuando salíamos al recreo (uno de cuyos motivos era la meada general), teníamos la costumbre de ir a un pasillo muy pendiente que había entre dos corrales, y allí meábamos una docena o más de chicos, la mitad a cada lado, en dos filas frente a frente. Con ello se formaba una barrancada que desembocaba en el corral de la izquierda, entrando por debajo de su puerta. Nunca nos llamaron la atención, cosa que me extraña. Quizá la explicación era que aquellas aportaciones de urea de los orines les mejoraba a los propietarios la calidad del estiércol de su corral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los amigos varones, al atardecer en el pueblo, era frecuente que fueran a hacer sus necesidades en grupos de dos, o más, a la “Peña del Serrao”. Esta costumbre  al parecer estaba muy generalizada al menos en Aragón, e incluso en toda España, según aseguran expresiones como aquella  de “cuando mea un aragonés mean dos o tres”, y aquella  otra de “pi… española no mea sola”. A veces no había más luz que la de la luna, y otras ni eso, y era normal conversar animadamente (a oscuras) con acompañamiento sonoro, mientras se hacían  necesidades de todo tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen día hacia 1970, empezaron a abrir zanjas por todas partes y, en poco tiempo, el pueblo se encontró con una red de agua potable procedente de un manantial de Alacón, y canalizaciones para vertidos por medio de tubos de cemento. El pueblo aceptó la nueva situación y, al poco tiempo, todo el mundo comenzó a instalar lavabos con agua corriente y cuartos de baño, algunos con lujo asiático, según se rumoreaba por el pueblo. Cuando estos servicios se generalizaron es cuando nos dimos cuenta realmente de las condiciones tan primitivas y cavernícolas en que habíamos vivido en este aspecto hasta entonces, porque mientras se vivió así (que había sido desde la fundación del pueblo) parecía, por la fuerza de la costumbre, lo más natural. Por otra parte la acometida en cada casa del agua potable permitió terminar con el acopio del agua por medio de pozales, evitándose con ello un constante e ímprobo  trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien hace algo bueno tiene, para siempre, el mérito de haberlo hecho y en este caso hay que reconocérselo a Francisco Aguilar, que durante muchos años fue nuestro alcalde. Sin duda tiene otros méritos, pero el promover unas  infraestructuras de esta índole le hace merecedor de un gran reconocimiento por parte de todo el pueblo, por la mejora trascendental de costumbres que, por iniciativa suya, se produjo en Ariño, cuando menos en los aspectos a los que me he referido en este relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para finalizar debo precisar que lo dicho en este relato se refiere exclusivamente a la parte alta del pueblo, ya que el barrio de SAMCA y las viviendas que en su entorno se construyeron, gozaron de agua corriente potable y cuartos de baño reglamentarios desde el principio, lo cual fue una evidente ventaja, durante muchos años, sobre el resto del pueblo. Como era de esperar, yo aprecié el entusiasmo de los ocupantes de estas viviendas por la disponibilidad de dichos servicios; sin embargo nunca noté muestras de envidia de los que seguían viviendo en peores condiciones, circunstancia que confirma, una vez más, que la gente de Ariño merece, en general, la fama de sociable y buena que ha tenido siempre.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2084751588852500607?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2084751588852500607/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2084751588852500607&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2084751588852500607'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2084751588852500607'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/02/la-cultura-del-alivio-discrecional.html' title='La cultura del alivio discrecional'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1799373027598097332</id><published>2010-01-29T11:05:00.005+01:00</published><updated>2010-01-29T11:42:23.609+01:00</updated><title type='text'>Confesiones</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hubo una época en que en Ariño había dos sacerdotes: uno de ellos era el párroco, y el otro, el coadjutor. Explicaba mi padre que, en cierta ocasión, se acercó una abuela al confesionario dispuesta a descargar su alma de pecados, y le dijo al sacerdote que en aquel momento actuaba de confesor, lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ave María Purísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sin Pecado Concebida –le respondió el sacerdote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pues… confieso, padre, que tengo un pecado que me da mucha vergüenza decirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Venga, hija mía, adelante, que Dios todo te lo quiere perdonar –le animó el reverendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La buena señora siguió todavía un rato con sus remilgos hasta que, por fin, le dijo al confesor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es que el otro día estaba dándole el almuerzo a mi nieto y, como es muy enredador, le pegó una patada al puchero, tiró las sopas de leche a la ceniza y me dio tal coraje que… ¡me cagué en los coj… del cura!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel cura, que tenía una considerable dosis de socarronería, le contestó sin inmutarse:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pues habrá sido en los de mosén Nicolás, que yo los llevo muy limpios!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La señora tuvo el desliz de contarle lo sucedido a una supuesta amiga y al poco tiempo lo sabía todo el pueblo. Como era de esperar, los convecinos se partían de risa cada vez que lo comentaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una época muy posterior, cuando ya solo había en el pueblo un sacerdote, que era mosén Manuel Úbeda (que por cierto nos bautizó a mis quintos y a mí), las confesiones se realizaban por un método simplificado que consistía en que el mosén iba preguntando si se había hecho esto o lo otro, y el presunto pecador simplemente respondía “sí, padre o no, padre”. Con estas facilidades, la gente se acercaba con menos corte al confesionario, las confesiones eran más completas porque la lista protocolaria estaba bien estudiada,  y además se ganaba tiempo. Al final el sacerdote preguntaba si había algo más, por si acaso; y, si no lo había, aquí paz y después gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al lado del confesionario había un banco que algunas veces, especialmente por Pascua Florida, estaba ocupado en su totalidad por varones de diferentes edades que esperaban su turno. Un día había un hombre arrodillado confesándose y los del banco percibían el murmullo característico de la confesión cuando, de pronto, aquel hombre, en voz alta, exclamó: “¡¡Eso no!!”. Todos volvieron la cabeza extrañados, pero el hombre prosiguió sin dar más voces, terminó su confesión, se santiguó y salió de la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como al parecer era más precavido que la señora del relato anterior, no le dijo a nadie lo que le había preguntado el cura, así que nunca se supo; pero mucha gente se quedó con las ganas de saberlo, y también se iba comentando lo sucedido, dando pie a diversas especulaciones, así que no sé qué es peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando falleció mosén Manuel, que era un sacerdote muy apreciado, vino al pueblo mosén José Fuster, que era bastante joven (poco más de treinta años) y llegó con aires renovadores, fruto lógico de su moderna formación en el seminario. Era activo y deportista y, por ejemplo, no le importaba subirse la sotana hasta la cintura y ponerse a jugar al fútbol si se daba el caso, cosa que nos dejaba admirados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acostumbrados los fieles de Ariño a los métodos de mosén Manuel nos extrañábamos de muchas cosas del nuevo cura, y una de ellas fue el cambio del protocolo  de la confesión, ya que este sacerdote no preguntaba por los pecados, sino que esperaba, sin decir nada, a que se los recitasen. Este cambio significó para muchos algo difícil de aceptar  y un día que estaba el mencionado banco de espera abarrotado de hombres, le tocó el turno a uno de cierta edad y dijo, como siempre, “Ave María Purísima”. “Sin Pecado Concebida” le contestó el reverendo, y se quedó esperando la enumeración de los pecados, y el otro a  que el sacerdote se los preguntara. Cuando pasaron varios minutos, ambos en silencio, el arrodillado dijo “adiós buenos días”, se levantó, y se fue. Mosén José sacó la cabeza del confesonario y  dijo “¡oiga, oiga!”…, pero el desertor siguió su camino sin volverse y murmurando por lo bajinis: “¡el pájaro no está dos veces en el nido!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También esta vez se comentó por el pueblo lo sucedido, y yo lo relato porque refleja la realidad y porque, bien mirado, tiene su gracia imaginar las caras que debían de poner mosén José y el malhumorado prófugo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1799373027598097332?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1799373027598097332/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1799373027598097332&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1799373027598097332'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1799373027598097332'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/01/confesiones.html' title='Confesiones'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4188035861698370065</id><published>2010-01-22T20:22:00.003+01:00</published><updated>2010-05-02T15:49:45.385+02:00</updated><title type='text'>Uno sobre campanas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Este relato lo contaba mi padre y se refiere a las frecuentes procesiones que antiguamente se celebraban en Ariño por muy distintos motivos: festividades religiosas, fiestas de los santos patronos de los barrios, e incluso para pedir la lluvia en los años de especial sequía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se trataba de las fiestas de los santos patronos, tenía lugar, durante la procesión, el volteo de las campanas de la torre, rivalizando en energía los mozos más fornidos de cada barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Explicaba mi padre que en una de aquellas procesiones estaba siendo tan patente un especial brío en la actividad campanil, que una señora de la comitiva le dijo a su vecina:&lt;br /&gt;- Este año sí que van fuertes las campanas. ¿Sabes quién las toca?&lt;br /&gt;- Es el chico de la tía… -respondió la otra-.&lt;br /&gt;La primera, una vez que supo de quien se trataba, concluyó:&lt;br /&gt;- Pues sí que las toca bien, ¡y eso que no sabe de letras!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre se reía de lo que parecía una incongruente exclamación; sin embargo esta tenía su miga, porque implícitamente relacionaba dos admiraciones: la que se profesaba a las personas que sabían leer, y la que correspondía a la agudeza vivacidad y fortaleza del mozo; y es curioso observar cómo todas estas cualidades se mezclan e influyen mutuamente en el pensamiento intuitivo de aquella señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito del volteo de las campanas hay que decir que la operación requería fuerza, pero también destreza y rapidez de reflejos, porque el no ladearse a tiempo de la trayectoria de la campana entrañaba gran riesgo de sufrir un grave accidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4188035861698370065?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4188035861698370065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4188035861698370065&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4188035861698370065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4188035861698370065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/01/uno-sobre-campanas.html' title='Uno sobre campanas'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-974669757109367679</id><published>2010-01-10T19:38:00.001+01:00</published><updated>2010-01-10T19:44:59.630+01:00</updated><title type='text'>El cine en Ariño</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hacia 1946, el equipo de albañiles de SAMCA dirigido por un señor muy competente, amable, alto y fuerte que se llamaba Manolo Sos, daba fin a la construcción de un proyecto de gran  envergadura, cuya gestación supongo que debió de hacerse en Barcelona, para servicio y diversión de los habitantes de Ariño. Aunque destinado básicamente a toda la  población minera, por su ubicación en el barrio de SAMCA tuvo, en esta parte del pueblo, su mayor influencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trataba de un complejo compuesto por un espacioso bar con fachada a la carretera, una pensión-residencia, y un local multiusos de considerables proporciones destinado a sala de  cine, teatro y baile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aspecto exterior de este conjunto era el de un edificio de un solo volumen de planta rectangular y notable altura, austero pero bien pensado, que se había construido con los mejores materiales y medios que en aquella época de escasez se podían conseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ambicioso proyecto se completaba con una extensa zona deportiva anexa al edificio, en la que aparecían un frontón de tamaño reglamentario, un campo de fútbol relativamente pequeño, y una pérgola circular prevista para el patinaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Unas acacias plantadas en los sitios adecuados daban un punto de verdor y de frescura a la estética de todo aquel conjunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si nos dimos cuenta de que aquel proyecto significó para Ariño un paso adelante con relación a los pueblos del entorno, pues entonces era muy difícil encontrar uno  que tuviese alguna instalación de aquel nivel. Alguien, en alguna parte, quiso poner al servicio de Ariño estos recursos sociales, para diversión de niños, jóvenes y mayores y para que tuviéramos acceso a diversas opciones de tipo cultural. La obra y el equipamiento de todo ello debió de representar una considerable inversión y cuantiosos gastos de mantenimiento, pero a nosotros no nos costó ni un céntimo y, por nuestro escaso conocimiento e información, quizá debimos de pensar que todo aquello estaba surgiendo de la nada por arte de magia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Nunca es tarde para reconocer el mérito de dicho proyecto de SAMCA que, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces; a pesar de los cambios de dueños y de  costumbres sociales; y con las adecuaciones necesarias en las que se vislumbra el importante protagonismo de nuestro malogrado amigo Gregorio Palos y de su hermano José (ciertamente ayudados por la SAMCA actual), todavía sigue dando unas interesantes prestaciones a Ariño, adaptadas en lo posible a sus actuales necesidades y circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo este largo preámbulo es para referirme a lo que ahora más me interesa que son las polifacéticas funciones del local que llamábamos cine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tengo que decir que el cine en particular, tanto por el diseño como por la construcción y por  el aprovechamiento  de los limitados recursos, era un proyecto francamente brillante, en especial para aquellos tiempos. Hasta en el más pequeño detalle se veía la labor concienzuda de un equipo bien dirigido de técnicos y de profesionales de distintas especialidades, tratando de hacer, todos juntos, un trabajo perfecto y lo más económico posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El salón tendría capacidad para más de quinientas personas, que es tanto como decir para casi todo el pueblo de Ariño y, de hecho, hubo ocasiones en que asistió a algún acto casi toda la población, y el salón permitió su total acomodo sin mayores problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de inaugurar el salón se proyectó alguna película en el exterior, al aire libre, pero de esto conservo solamente un vago recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El operador de cine sería el tío Feliciano, que era el padre de Manolo y de Vicente Omedas, familia de trayectoria muy notable, reconocida por todo el pueblo, especialmente por sus muchos  amigos, entre los que me incluyo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sesiones de cine tenían lugar los sábados por la noche y los domingos por la tarde y para las festividades de calendario (que eran las mismas para toda España excepto para los santos patronos de cada lugar) la película de turno se pasaba también dos veces, es decir la víspera y el día festivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sesión de cine del sábado por la noche tenía la particularidad de que comenzaba relativamente temprano respecto al horario de la cena, y aun así acababa demasiado tarde; así que los que vivíamos en la parte alta del pueblo teníamos que hacer la ida y el retorno sin pérdida  de tiempo. Cuando salíamos del cine en invierno había que vernos a paso ligero con las bufandas tapándonos la nariz,  emitiendo al respirar nubes de vapor, subiendo la cuesta del Secano Cuartana a increíble velocidad, casi corriendo, para espantar el frío y llegar al Barrio Bajo en pocos minutos. Aquella prueba de esfuerzo circunstancial la resistíamos perfectamente, sin ningún problema. La bajada al comienzo de la sesión, nos costaba menos de dos minutos, porque la hacíamos corriendo, a toda leche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Recuerdo que una de aquellas noches en que andaba mal de tiempo tuve que hacer un especial sprint desde la puerta de mi casa, y cuando estaba a mitad de la cuesta, no sé qué me pasó, si es que tropecé en alguna de las abundantes piedras del camino o que se me quedaron los pies retrasados con relación al cuerpo, el caso es que me pegué una talegada de tal calibre que fui a rastras varios metros. Cuando se detuvo mi cuerpo, me sacudí la ropa para quitarle el polvo, comprobé que no tenía ningún hueso roto, y seguí mi marcha (algo menos rápida) hasta el cine. Como resultado de aquella fenomenal plancha en el puro suelo, no recuerdo ningún efecto secundario importante, ni en el cuerpo ni en la digestión de la cena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sesiones de cine de los domingos y festivos comenzaban sobre las cuatro de la tarde, que era una hora muy cómoda tanto para las personas adultas como para los chavales, que incluso teníamos tiempo en verano de darnos, después de comer, un buen baño en Los pilones o en el Pozo Loren en las entonces cristalinas aguas del río Martín, por supuesto sin esperar a hacer la digestión, ni mucho menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La asistencia al cine era o no permitida en función de la edad y de la calificación que le correspondía a la película, que venía fijada por las autoridades eclesiásticas de alguna parte y expuesta al público en el tablón de anuncios de la puerta de la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había que sacar en taquilla las entradas, que costaban algo así como 1,50 pesetas, cantidad que era accesible, sin duda alguna, para los mayores pero que para los chavales rozaba el límite de lo permitido por la economía familiar. Existía también la posibilidad de sacar abonos mensuales y entonces se disponía de una tarjeta que facilitaba los trámites de acceso al cine y permitía ser usada por el titular y por cualquier otra persona (entonces no se hilaba tan fino como ahora en estos temas) así que yo, cuando mi tío Antonio no la usaba, se la pedía y con ello podía ir al cine alguna vez más que las que mi escasa disponibilidad de dinero me permitía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas veces en que no nos llegaba el dinero para la entrada, recurríamos a una treta que consistía en mirar por un agujero que había en la puerta de madera del fondo, que dudo de que lo llevase  cuando se puso la puerta por primera vez en su sitio. Como solíamos andar en grupo, nos turnábamos en la contemplación ilegal de la película y nos explicábamos lo visto, hasta que hartos de la incómoda postura y la dificultad de entender nada, comprendíamos que no valía la pena el esfuerzo y nos íbamos con la música a otra parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando podíamos sacar religiosamente la entrada, al acceder al edificio, antes del salón, nos encontrábamos con un vestíbulo cuyas paredes estaban totalmente ocupadas por carteles de las distintas películas que antes o después se irían proyectando, que eran tan espectaculares y de actores tan famosos, que justo nos venía para reprimir exclamaciones de admiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las localidades no eran numeradas y cada uno se sentaba donde podía, lo que no representaba, por la abundancia de butacas, problema alguno. El alumbrado era indirecto y bien calculado y el aviso de su apagado y del comienzo de la proyección tenía lugar por medio de dos timbrazos. Antes de la película se pasaba un noticiario-documental (el NODO) que con su peculiar estilo nos daba  noticias de toda España por medio de imágenes en blanco y negro y una voz en off muy característica. Con esto se trataba de informarnos de lo bien que marchaba todo, aunque no siempre fuera cierto. A continuación se pasaban, como aperitivo, unos dibujos animados generalmente de Walt Disney  o de Warner Bros, y su comienzo venía acompañado de una fuerte algarabía de los espectadores infantiles. Así fuimos conociendo a Popeye y Olivia, al pato Donald, al Correcaminos y al Coyote, al gato Lucas, a Mickey Mouse, a La pantera rosa, y a otros más. Al finalizar esta parte se encendían las luces para dar tiempo a la  preparación de la película principal, la cual se proyectaba, por fin, transcurridos unos pocos minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que señalar aquí que a los niños de nueve o diez años, que era mi edad por aquel entonces, el permanecer a oscuras durante las casi dos horas que venían a durar las películas les produce (al menos a mí me pasaba y supongo que también a los demás) una especie de depresión temporal. Yo, cuando menos lo esperaba, entre escena y escena, desde un rinconcico de mi cerebro me llegaba la idea de que antes o después se morirían mis padres y cosas parecidas, lo que me producía gran tristeza y desvalimiento, sensación que desaparecía cuando el recinto se iluminaba de nuevo. Así que valga mi experiencia como aviso para los padres que tengan hijos en esta edad. Debo decir también que las escenas de terror a esas tempranas edades también hay que evitarlas. Yo vi la película “Jack el destripador” en la que había una escena en que al entrar una persona en una habitación salía de repente de detrás de la puerta el dichoso Jack con un enorme cuchillo y la asesinaba. Se me grabó aquella escena de tal manera que, durante años, al entrar en las habitaciones, contemplaba instintivamente la posibilidad de que pudiera sufrir una agresión de este tipo. De modo que cuidado también con las películas que ven los niños de pequeños, pues pueden producirles traumas fastidiosos de cierta duración como me pasó a mí en el cine de mi pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso de la película la población infantil producía molestias, que daba lugar a quejas como la que me contaron y reproduzco a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece ser que un niño no dejaba oír la película por causa de sus constantes lloriqueos, hasta que  desde una zona próxima, alguien, dirigiéndose a la madre, dijo: “¡Dale teta!”; a lo cual respondió la madre: “¡Si ya tiene tres años…!”. El intransigente interlocutor concluyó con la siguiente expresión, rotunda y malsonante: “¡Pues dale una hostia, que no deja oír!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que en aquel cine que se llenaba en cada sesión, nos familiarizamos con las imágenes de aquellos grandes actores americanos como Clark Gable, Gary Cooper, Montgomery Cliff, Errol Flynn, Richard Burton, Victor Mature, Spencer Tracy y muchos más, y actrices como Bette Davis, Olivia de Havilland, Greta Garbo, Ingrid Bergman, Elizabeth Taylor, y un largo etcétera y vimos, si la edad nos lo permitió, películas como “Lo que el viento se llevó”, “Murieron con las botas puestas”, “Casablanca”, “Gilda”, “Retorno al abismo”, y muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La primera de la que tengo noción es “Kit Carson”, película del Oeste con las aventuras propias de las luchas entre los indios y los colonos, y recuerdo que el protagonista llevaba una chaqueta de cuero con unas hileras de tiras colgando de las mangas, que ignoro la función que tenían, pero me pareció un adorno muy curioso. Un tiempo después vi que también usaba una chaqueta así Buffalo Bill, cuando  vestía de gala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las películas de entonces eran generalmente entretenidas, y creo que positivas en cuanto a las enseñanzas que podían extraerse de sus sencillos argumentos. Así que, para mi entender, aquel cine fue un recurso  cultural muy valioso y divertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora tenemos la posibilidad de ver películas de cine en todas partes y lo consideramos algo normal y cotidiano, pero entonces supuso para los habitantes de Ariño un privilegio, un acceso a la contemplación de otros modos de vida, un aliciente para los días de fiesta, una ocasión de socialización con  los demás y, en fin, una ocasión para el desarrollo personal incluso mayor de lo que imaginamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio indiqué que el salón de cine era polivalente y no quiero terminar sin comentar que, efectivamente, se empleó muchas veces para representar en aquel hermoso escenario obras de teatro de aficionados del pueblo, algunas promovidas por mosén José Fuster que en paz descanse (yo fui uno de los actores) y otras tipo revista, varietés, etc., cuando la festividad lo requería, en cuyo caso los organizadores contrataban a la compañía que  consideraban más apropiada. En este aspecto considero que de haber surgido personas impulsoras de la actividad teatral, el salón y sus medios hubieran permitido sacarla adelante perfectamente, ya que la disponibilidad por parte de la SAMCA no faltó en ningún momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Citaré también, aunque sea someramente, el uso de la sala para baile. A tal fin se despejaba el espacio de los asientos (que se apartaban y apilaban con facilidad), se situaba la orquesta en el escenario (recuerdo incluso alguna cantante a las que a veces se les llamaba animadoras) y la gente nos dedicábamos a bailar (los más animados) o a contemplar el jubiloso ambiente los más retraídos. Aunque la inclinación del suelo que se proyectó así pensando en uso del salón como cine era un inconveniente más enojoso de lo imaginable, no era suficiente para impedir que multitud de parejas se divirtieran bailando. Seguro que muchos noviazgos tuvieron su inicio o desarrollo en aquellas sesiones de baile en el cine de SAMCA, a la romántica luz de la iluminación indirecta que el cine requería, y al son de los boleros que entonces se prodigaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para finalizar diré que estoy seguro de que algún lector que conoció lo que aquí se recuerda pensará que debería haber hecho más hincapié en este o aquel aspecto del tema. Lo siento pero he tenido que seguir mis recuerdos (principalmente de niño) y a ellos me he atenido. Mi juicio sobre este relato es que se refiere a algo muy amplio con muchas vivencias, y solamente se pueden dar unas pinceladas gruesas sin entrar en un tratamiento exhaustivo que requeriría todo un volumen. De todos modos ENTABÁN es un espacio abierto al que todos podemos llevar los recuerdos que consideremos interesantes, así como a la zona de comentarios, que también facilitan esa participación. Así que, como muchas veces decimos… ánimo, y ¡ENTABÁN!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-974669757109367679?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/974669757109367679/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=974669757109367679&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/974669757109367679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/974669757109367679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2010/01/el-cine-en-arino.html' title='El cine en Ariño'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5497933300841435017</id><published>2009-11-24T12:52:00.011+01:00</published><updated>2009-11-24T17:31:37.756+01:00</updated><title type='text'>Los tebeos en Ariño</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En Ariño hay un lugar que llamamos “el ladrillao” en el que confluyen tres calles y tiene tres esquinas. Mi relato va a referirse a este punto porque tiene para mí una significación especial por varias razones: quizá la más importante es que tengo mis primeros recuerdos en ese entorno, porque hasta los cinco años viví con mis abuelos Domingo y Petra en una casa que está justo al comienzo de la calle “subida al Calvario” y, cuando fui creciendo, por estar tan cerca de la casa de mis abuelos a la que iba varias veces cada día, siguió siendo para mí dicho lugar una zona muy frecuentada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407645209563375602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YhOGt-PMy5o/SwvQqsteJ_I/AAAAAAAAACI/4gN4l6gAXRo/s400/P1010143.JPG" border="0" /&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La casa de mis abuelos era la segunda de la derecha&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;Citaré, como detalle curioso, que una de las primeras escenas que recuerdo es a una señora caminando con un cántaro en la cabeza y llegar hasta ella otra gritando y dándole con un bastón en el cántaro de tal modo que cayó este al suelo, se hizo añicos, y se organizó una trifulca que nunca después he podido (ni pretendido) aclarar, pero que, como es lógico, me impresionó vivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hecho es que en dicho punto las plantas bajas de dos de las tres casas que hacían esquina eran carpinterías: una era de la familia del tío José Lahoz, y la otra del tío Pablo. A esta teníamos más acceso los chavales, ya que la puerta siempre estaba abierta, y veíamos todo lo que el carpintero hacía y tenía. Recuerdo que no había ninguna máquina que utilizase la corriente eléctrica y solo se veían martillos, limas, sierras, serruchos, garlopas y cepillos, todo de uso manual. El aparato más sofisticado era una muela de grano abrasivo humedecido que se movía a pedal y que el tío Pablo utilizaba para afilar las cuchillas de las distintas herramientas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy viendo al tío Pablo, con la cara chupada debido a su delgadez, siempre con la colilla del cigarro en los labios y un lápiz plano de carpintero en la oreja para tenerlo siempre a mano. Cuando no estaba serrando o cepillando alguna madera estaba clavando puntas sin cesar o pegando las distintas partes con cola de carpintero. Todas las medidas las hacía con un metro amarillo plegable, y para el posicionamiento correcto de unas maderas con otras utilizaba varios tipos de escuadras. Este señor vivía solo en aquella casa y un día vi que todas las puertas estaban cerradas y era debido a que el tío Pablo había muerto y yo no me había enterado. Descanse en paz aquel trabajador y silencioso carpintero. &lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407646080160358802" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YhOGt-PMy5o/SwvRdX794ZI/AAAAAAAAACQ/8JqF91A5e5g/s400/P1010147.JPG" border="0" /&gt;&lt;em&gt; “&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El ladrillao”: a la izquierda la carpintería del tío Pablo, en el centro la del tío José Lahoz&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;y a la derecha la casa de Teodoro Rodrigo, que fue tienda del tío Pascual Alcaine&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La tercera casa pertenecía a la familia de Teodoro Rodrigo y era una de las más notables del pueblo por la obra, a partir de cierta altura, de ladrillo árabe y ventanas con arcos de medio punto y alero a juego. Este ladrillado supongo que fue la causa del nombre del referido lugar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407648479675169458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YhOGt-PMy5o/SwvTpC04OrI/AAAAAAAAACY/2lfKAf0ozRk/s400/P1010142.JPG" border="0" /&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Casa de Teodoro Rodrigo, con los arcos y alero que se citan&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;Un día (en 1943) vimos que aparecía en esta casa un local comercial con puerta a la calle Lacería y una ventana grande con cristal y alambrada a la calle Mayor. El negocio de este local lo estaba proyectando un tío de Juan José (“el Lino”) que se llamaba Pascual Alcaine, junto con su esposa Dolores, que tenían una hija que se llamaba Mariluz y era unos dos años mayor que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Ariño (y supongo que en todos pueblos) algo así era un acontecimiento observado atentamente por todos los vecinos sin excepción, de manera que nos quedamos muy interesados en ver lo que allí se iba a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los preliminares del proyecto eran que el tío Pascual había comenzado a trabajar en la mina y, cuando llevaba quince días, pidió la baja porque le bastó ese tiempo para darse cuenta de que con el oficio de minero entonces no iba a hacer gran cosa, y él tenía mayores pretensiones, que las acompañaba con cualidades que mucha gente reconocía y respetaba. Pensó que era más positivo dedicarse al comercio, instalando una tienda en un punto del pueblo adecuado para esta actividad. Así que señaló aquel lugar como idóneo, y allí situó su tienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vimos que el tal comercio iba a ser una verdulería, lo que provocó dudas de que tuviera éxito ya que pocas familias del pueblo no tenían un huerto donde recoger verduras para dar y vender; sin embargo el tío Pascual era clarividente y lo tenía todo pensado. Por ejemplo, en Ariño no se sabía lo que eran los plátanos y gracias a él los conocimos; los tomates canarios que maduran en invierno empezaron a verse allí; las naranjas no eran fruta propia de nuestro pueblo y los camiones naranjeros de Valencia venían de tarde en tarde, etc.; en definitiva, cuando fallaba alguna fruta u hortaliza en el pueblo la hacía llegar de otras partes y, en fin, que estaba siempre atento a las demandas que se iban produciendo, lo cual era, además de interesante para la tienda, un servicio para Ariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que pasaba el tiempo iba introduciendo nuevos productos, algunos de ellos pensados para los niños, especialmente en la época de Reyes. Un año aparecieron en la ventana-escaparate bien iluminados una serie de juguetes que hizo que los niños dejásemos la malla metálica llena de los mocos que solíamos llevar en nuestras diminutas narices. Yo me centré en una pistolica niquelada que al apretar el gatillo podía hacer chispear a un rollo de martinas (un crepitante que se vendía en tiras) y ya no tuve ojos para ninguna otra cosa. Supongo que di la noticia en mi casa pero la insinuación de lo mucho que me gustaba no fue suficiente, porque entonces los Reyes no tenían los medios de transporte actuales y no llegaban hasta Ariño más que raras veces, y los padres nos solían regalar en esas fechas calcetines y cosas parecidas. La pistolica estuvo allí varios años y algunos chicos (no muchos) sí que las compraron, pero yo no estuve entre los agraciados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día apareció en la tienda un producto que iba a tener gran éxito y, sin imaginarlo, gran inflluencia entre todos los niños del pueblo, especialmente los varones. Fueron los tebeos, que el tío Pascual, con su característico buen olfato comercial, supo acercar hasta Ariño supongo que desde Zaragoza o sabe Dios desde dónde. Primero fue “el guerrero del antifaz”, basado en las luchas entre moros y cristianos; luego “el pequeño luchador” que relataba aventuras entre indios y vaqueros del Oeste norteamericano; enseguida apareció “hazañas bélicas” que se inspiraba en acciones de la segunda guerra mundial y, al mismo tiempo, “Roberto Alcázar y Pedrín” que narraba aventuras de este atildado superdetective y un chavalín que era su compañero inseparable. En poco tiempo nuevos personajes fueron engrosando la lista de los anteriores como Carpanta, Mortadelo y Filemón (agencia de información), el reporter Tribulete (que en todas partes se mete), Zipe, Zape y don Pantuflo, etc., etc. Había una de aquellas publicaciones que, además de muchas historietas, traía los famosos inventos del profesor Frank de Copenhague; se llamaba TBO y supongo que el nombre de tebeos que dábamos a todas ellas, debía de provenir de esta. Actualmente se va popularizando la denominación de cómics que, aunque aceptable, no deja de ser un anglicismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos tebeos llegaban puntualmente cada semana y estábamos esperándolos como al agua de mayo. Comprábamos algunos y luego nos los prestábamos de unos a otros para reducir los gastos, que empezaban a parecerles excesivos a nuestros padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello fue una revolución cultural que nos hizo visualizar muchas imágenes muy bien dibujadas, con poco texto, y darnos a conocer mundos fantásticos creados por aquellos maestros del cómic; y todo ello nos hizo adherirnos a los tebeos de una forma total: estábamos a todas horas leyéndolos y releyéndolos de día y de noche y, si bajaban la guardia nuestros padres, incluso durante las comidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las personas mayores no aceptaron bien la nueva situación, primero porque nos gastábamos en ellos más perricas de lo que nuestras posibilidades aconsejaban, y porque nos veían “ciegos con los tebeos perdiendo el tiempo en una cosa inútil, dejando algo arrinconadas las asignaturas verdaderamente importantes de la escuela”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mala imagen sobre la lectura de tebeos duró varios años y yo tengo la satisfacción de haber sido uno de los primeros que los defendí y aconsejé su lectura porque me parecieron una manera estupenda de fomentar la lectura de los escolares también en sus casas. Además los mensajes que transmitían eran, a mi entender, graciosos en muchos casos y, en general, no perjudiciales para la formación de los niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los maestros que había entonces en Ariño dejaron pasar la oportunidad de aprovechar este nuevo medio de expresión hecho a medida de los escolares, y más bien consideraron a los tebeos como una cosa poco seria e intrascendente, que no valía la pena ser tenida en cuenta a efectos formativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo al tío Pascual, parecía que se iba defendiendo bien con unas cosas y otras y entonces (en 1946), otra vez para sorpresa de sus convecinos, cerró la tienda y se trasladó con toda la familia, que hacía tres meses que había aumentado con un nuevo miembro, Antonio, a Muniesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una nueva muestra de su carácter emprendedor y poco acomodaticio ya que vio mayores posibilidades de desarrollo comercial en aquel pueblo y no le importaron los esfuerzos e incomodidades que estos cambios de residencia y de actividad significan, con tal de sacar adelante en mejores condiciones a su familia, cosa que sucedió según lo previsto, y en Muniesa pudo alcanzar en no demasiado tiempo, una posición más que notable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casualidad, que a veces permite que nos encontremos con agradables sorpresas, hizo que un día coincidiéramos en una celebración Antonio (el hijo del tío Pascual) y yo, así que me vino a buscar para “conocer a la persona que su padre admiraba y le ponía siempre como ejemplo”, que resulta que era yo. Entonces descubrí que, sin saberlo, su padre y yo nos teníamos recíproca admiración. Fue para mí muy gratificante el que a una persona de gran valía como Antonio, que tenía en Madrid una brillante situación profesional le hubieran podido servir como estímulo mis esfuerzos por salir adelante estudiando (primero Peritaje y a continuación Ingeniería Superior) con unos recursos económicos muy limitados. A partir de entonces nos tenemos, sin vernos apenas, un verdadero aprecio, como si fuéramos viejos amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero terminar este relato sin aclarar un punto que pudiera inducir a confusiones: se trata de mi respeto por el oficio de minero. No podía ser de otro modo, empezando por el hecho de que mi padre, mis tíos y algunos de mis primos eran mineros, y siguiendo por que para mí cualquier trabajo serio y honesto es respetable. Por otra parte, aunque en la época de la que hablo los jornales eran bastante exiguos, con el dinero que se ingresaba y el trabajo de las tierras (en todo el término, huerta y secano se cultivaban) la gente se iba defendiendo mejor que hasta entonces y Ariño empezó a tener como un cierto florecimiento, ya que anteriormente la gente estaba razonablemente bien alimentada pero no sabía cómo era el dinero; sin embargo alabo la actitud del tío Pascual, que era un emprendedor que no se resignó a seguir la rutina imperante y buscó y encontró métodos para ganarse la vida decentemente con mejores perspectivas que las ordinarias, aunque ello supongo que le costaría más problemas, cavilaciones y dolores de cabeza de los que la gente se imaginaba. Por ello con el debido respeto a todos, reitero mi admiración por las aspiraciones y trayectoria del tío Pascual Alcaine, que fue, durante muchos años, convecino nuestro y, entre otras cosas, introductor de los tebeos en Ariño, para regocijo, placer y alegría (que no es poco) de la población infantil en aquella época.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5497933300841435017?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5497933300841435017/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5497933300841435017&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5497933300841435017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5497933300841435017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/11/los-tebeos.html' title='Los tebeos en Ariño'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YhOGt-PMy5o/SwvQqsteJ_I/AAAAAAAAACI/4gN4l6gAXRo/s72-c/P1010143.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-6087134568963930312</id><published>2009-11-07T20:42:00.003+01:00</published><updated>2009-11-08T11:24:41.317+01:00</updated><title type='text'>Mi muñeca</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En 1955, cuando yo tenía dieciocho años y estaba estudiando Peritaje Industrial en Zaragoza, en las vacaciones de Semana Santa nos entró a un grupo de amigos una vocación repentina por los deportes y quedamos en comenzar a practicarlos jugando un partido de fútbol, en el minicampo que había en el barrio de SAMCA, al lado del frontón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acudimos de buena mañana más o menos equipados (más bien menos) y comenzamos el partido. A mí no sé qué puesto me correspondió pero, como todos íbamos en grupo detrás de la pelota, daba lo mismo. A los diez minutos del comienzo, estábamos cuatro o cinco de los improvisados futbolistas en un pequeño círculo con el balón en el centro y todos intentando darle patadas, cuando tuve la feliz idea de dar un salto con los dos pies y situarme sobre la pelota para frenarla. Nunca lo hiciera pues el balón actuó de bisagra ayudado por alguna de aquellas patadas, y yo caí finalmente de espaldas. Al caer apoyé las dos manos hacia atrás para protegerme y, al chocar en el suelo, noté una fuerte tensión en las muñecas. Me levanté, y al verificar si me había roto algún hueso, percibí que la muñeca izquierda me dolía; y allí se terminó el partido para mí, y al poco rato también para el Juanito “El barbero”, que se rompió el dedo meñique de la mano derecha y ya para siempre le quedó torcido; visto lo cual dimos por terminado el encuentro y nos fuimos todos, cada uno a su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a la mía, mi madre me notó en la cara que algo me pasaba, y era que la muñeca me seguía doliendo bastante. Me la observó y señaló un pequeño bulto en el lateral, que a ella le dio mala espina, por lo que hizo el diagnóstico provisional de que algún hueso se me había estropeado. Con este diagnóstico y el hecho de que cada vez el dolor iba en aumento, decidimos ir a Zaragoza al día siguiente a casa de nuestros buenos amigos los Oliete (de los que éramos como familia), para que me viese algún traumatólogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche la recuerdo como una de las peores de mi vida porque la muñeca me dolía muchísimo sin cesar el dolor ni un segundo. A la mañana siguiente el coche de línea y el tren nos llevaron a Zaragoza. La más pequeña vibración hacía que me aumentase el dolor, así que fui todo el viaje de pie para amortiguarlo, flexionando las piernas continuamente. Nuestros amigos me prepararon una cita con un traumatólogo que conocían, el doctor Lorente Sanz, que lo era del hospital militar con grado de teniente coronel y que tenía consulta privada en la calle san Gil y allí fui, a la hora convenida, acompañado por mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico me quitó el vendaje casero que llevaba y me cogió la mano con la suya como si se saludaran dos zurdos, y simplemente con esta operación, me desapareció el dolor casi totalmente. Supongo que debí de poner cara de extraordinaria sorpresa ante lo fácilmente que desaparecía un dolor tan agudo y constante. Debió de tardar unos diez minutos en diagnosticarme una fisura del radio y me citó para la mañana siguiente en la Cruz Roja que está en la plaza que entonces se llamaba de José Antonio y me vendó e inmovilizó el antebrazo de tal manera que el dolor era ya muy soportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, en la Cruz Roja, cuando yo creía que simplemente me iban a escayolar el brazo, me pusieron una bata, me pasaron a un quirófano, me acostaron en una mesa, me colocaron una mascarilla y me dijeron “cuenta hasta diez”. Cuando iba por el ocho lo dejé… Me desperté con el brazo escayolado al lado de mi madre y el doctor Lorente me dijo que habían tenido que estirarlo mucho para arreglar los desperfectos, y me citó en su despacho por la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando vio que la evolución postoperatoria era correcta me indicó que esperaba quitarme la escayola dentro de cuatro semanas y que si entretanto tenía algún problema fuese a verle. Con esto regresamos a Ariño con el brazo reparado y las vacaciones tocando a su fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la fecha prevista fui a que me quitase la escayola, y me dijo que el brazo estaba bien y que, para la recuperación de la fuerza, hiciera algunos ejercicios y de vez en cuando lo bañase en agua caliente salada. En este momento le pregunté cuánto tenía que pagarle y me dijo que no había prisa, que ya hablaríamos más adelante, y me citó para dentro de otras dos semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acudí de nuevo esperando que aquel día me daría el alta definitiva y la factura, y fui provisto del dinero que pude recoger. Efectivamente me dio el alta y entonces le dije: “Doctor Lorente, ahora si que tiene que decirme ya cuales son sus honorarios”. Me miró con una mirada escrutadora y me dijo: “El caso es que ha sido una operación complicada: yo he tenido que pagar quirófano, anestesista y a varios ayudantes...”. A mí comenzaron a temblarme las piernas y debía de ser transparente para aquel hombre tan brillante y experimentado. De pronto me hizo la siguiente pregunta: “Vamos a ver… tú, ¿qué dinero llevas? Le contesté que tres mil pesetas, y él me dijo finalmente: “Pues dame mil quinientas”. Insistí en darle al menos las tres mil, pero se mantuvo en lo dicho y también añadió: “Espero que algún día hagas tú lo que yo acabo de hacer contigo”. Me dio un abrazo y salí de su casa con los ojos arrasados de lágrimas y el corazón lleno de afecto y agradecimiento hacia aquel hombre, que se hizo cargo de que éramos una familia humilde, y yo becario, y de que nos pondría en grave dificultad si nos cobraba lo que realmente valía la operación y las consultas. Con las mil quinientas pesetas que le dimos, aunque eran de las de hace 54 años, no pagamos, ni mucho menos, los elevados costes de la operación, su propio trabajo y las numerosas visitas en su consulta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me ocurren, como conclusión, varias cosas: la primera, que es mal sistema el comenzar una práctica deportiva por un deporte que podemos calificar de violento. La segunda, que las coberturas sociales son incomparablemente mejores ahora que entonces, porque los estudiantes teníamos simplemente un seguro escolar válido únicamente para accidentes en el interior del Centro, en época y horario lectivos, y no durante las vacaciones. Otra gran mejora ha sido la asistencia médica inmediata y la disponibilidad de medicamentos. Si aquello me hubiera ocurrido actualmente, con analgésicos y antiinflamatorios me hubiera ahorrado 24 horas de fuertes dolores. Otra observación es que cuando tenemos 16 ó 18 años, que ya nos parece que somos autosuficientes, si nos ocurre cualquier cosa, al final son los padres los que nos sacan del apuro, porque nuestra autosuficiencia solo es aparente. Y, para terminar, que el encontrar personas como mi traumatólogo, nos da una lección de humanidad, de delicadeza y de caballerosidad que nos hace ir por la vida deseando parecernos a esas personas que se convierten en magníficos modelos de referencia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hace poco tiempo vi en una sala de espera, en una orla de la Facultad de Medicina, la fotografía del doctor Lorente Sanz; además de agolparse muchos recuerdos en mi mente, le dediqué una vez más mi callado, emocionado y sincero homenaje de gratitud, por todo lo que este señor ha significado en mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar señalaré, una vez más, que los acontecimientos aparentemente negativos, suelen venir acompañados de aspectos favorables que, si los sabemos ver, dan en muchos casos un saldo positivo, como sucedió en aquella ocasión: el haber tenido la oportunidad de conocer a tan magnífica persona y haber podido ver su forma de actuar, no tiene ni punto de comparación con la fisura de un simple hueso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-6087134568963930312?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/6087134568963930312/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=6087134568963930312&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6087134568963930312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6087134568963930312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/11/mi-muneca.html' title='Mi muñeca'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3862199084103541442</id><published>2009-10-30T20:57:00.002+01:00</published><updated>2009-10-30T21:14:20.172+01:00</updated><title type='text'>Todos los Santos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estamos llegando a la fiesta de Todos los Santos, en la que se celebra la santidad de todos aquellos (creo que deben de ser muchísimos) que, siendo realmente santos, han pasado desapercibidos  para quienes se ocupan de determinar la santidad de las personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celebramos también el día de los Fieles Difuntos entendiendo que existe el Purgatorio y que, para quienes estén allí, nuestras oraciones les han de servir para reducir su estancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En la actualidad tomamos estos días (al menos en España) para ofrecer un recuerdo especial a las personas que hemos conocido, y querido, y que ya no están con nosotros. Si nos es posible nos acercamos al lugar donde están sus restos y, por un impulso que nos surge de muy adentro, sacamos brillo a sus lápidas, ponemos flores nuevas, les decimos (en silencio) palabras amorosas y, si somos creyentes, les rezamos una oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La televisión española en estos días acostumbraba año tras año a poner por la noche en la cadena única y posteriormente en alguna de las posibles, el drama de don Juan Tenorio que, de tanto repetirlo, casi llegamos a recitarlo de memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ello me lleva a recordar cómo se hacían  los entierros en Ariño cuando yo era un chavalín. En uno de mis primeros recuerdos en este sentido,  me veo recogiendo velas de cera junto con otros niños en la casa del difunto. Una vez encendidas y protegiendo su llamica con la mano, íbamos acompañando al sacerdote con la cruz alzada en procesión hasta la puerta de la iglesia, donde se dejaba el ataúd sobre una mesa pequeña que alguien llevaba para este fin bajo el brazo, y el sacerdote y el sacristán cantaban lo que correspondía a la circunstancia antes de entrar a la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La razón de que tuviéramos interés en asistir al entierro y hasta nos disputásemos la asignación de velicas, era que por ello nos daban diez céntimos de peseta a los seis chicos seleccionados. Los organizadores lo hacían por la estética de rodear al difunto de niños con velas y también porque aquella era la costumbre imperante en Ariño en los entierros. Esta costumbre fue desapareciendo, gracias a Dios, hace muchos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella época, el anuncio del fallecimiento se hacía por un toque especial de las campanas de la torre de la iglesia (nosotros decíamos “están tocando a muerto”). Si el fallecido había sido un niño el aviso de las campanas era un toque del que decíamos “tocan a din-din”. Al cabo de pocos minutos se oía por las calles del pueblo el tintineo de una campana de mano que iba haciendo sonar  el pregonero y en los puntos en que daba los bandos, esta vez decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “Cofrades y cofradesas del Salvador… Se hace saber… que ha fallecido (el nombre del difunto)… El entierro será (decía el día y la hora)… Nos acordaremos de acompañarle y de rezarle un Padrenuestro y un Ave María… Que el Señor haya acogido su alma en estado de gracia…” Y, con esto dicho, seguía su ronda batiendo sin parar la campanica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entierro acudía casi todo el pueblo, vestidos con cierta pulcritud como señal de respeto al muerto y a su familia. Las mujeres iban  hasta la iglesia, y unas pocas seguían hasta el cementerio, mientras que casi todos los hombres seguían, después del funeral, hasta el cementerio, turnándose en el transporte del féretro con cierta frecuencia, porque este tenía solamente seis asas y cada uno de los voluntarios debía soportar un esfuerzo de cerca de veinte kilos y algunas veces incluso más, y esto era demasiado  para quien no estuviera acostumbrado al esfuerzo físico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el cementerio el enterrador había abierto una fosa en el suelo de unos dos metros de profundidad y allí se depositaba el féretro bajándolo al fondo sin mucha dificultad con dos sogas. Algún familiar echaba un puñado de tierra sobre el ataúd, que resonaba de una forma lúgubre en el silencio (interrumpido por algún reprimido sollozo) de los acompañantes. El enterrador procedía a rellenar de nuevo la fosa con la tierra que se había extraído; a veces era ayudado en esta labor por algunos familiares del difunto. Una vez acabado el enterramiento se daba el pésame a los familiares más cercanos del fallecido, generalmente de forma desordenada, y toda la gente regresaba a sus casas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa del difunto se rezaba “el rosario” tres noches seguidas (anteriormente eran nueve). Las oraciones las dirigían mujeres a quienes llamábamos “las rezadoras” que se iban turnando con el paso del tiempo. Aparte del rosario propiamente dicho decían muchas otras oraciones cuya característica común era la de ser muy largas y bastante pesadas. De cualquier modo era de agradecer que aquellas señoras se ocupasen de una forma totalmente altruista de dicho cometido, que ellas lo consideraban, sencillamente, como una obra de misericordia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para los niños e incluso para muchos adultos, el hecho de la muerte y el contexto que la acompañaba eran tenebrosos, temibles y traumatizantes, y no digamos cuando al fallecimiento se sumaban aspectos especiales como la autopsia (si la muerte había sido accidental), circunstancia que ponía los pelos de punta.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;El enterrador en la época a que me refiero se llamaba Melchor y la gente, con ese humor negro que es más común de lo que parece, llamaba al cementerio “el huerto del Melchor”. Este señor tenía esposa y varios hijos y compaginaba su trabajo de enterrador con el de minero. Vivía con su familia en lo que se llamaba (no sé por qué motivo) el hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este hospital era una casa  situada debajo de la era “del Calandín”, muy cerca de la cuesta de las bodegas. Por estar situada en la parte sur del pueblo disfrutaba de una excelente panorámica de toda la huerta mayor pero, en cambio, en una pendiente muy próxima a ella, estaba el vertedero de todas las basuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Estas eran simplemente cenizas de carbón, que era el único residuo que no se reciclaba. La materia orgánica se aprovechaba en su totalidad, las botellas de cristal se reutilizaban todas, y los plásticos no se habían inventado, a pesar de lo cual la vida seguía adelante sin grandes traumas. La gestión de dichas cenizas era responsabilidad de cada uno así como el barrido de su parte de calle. El Ayuntamiento no ofrecía estos servicios ni falta que hacía; sin embargo los pueblos vistos de lejos, por bonitos que fuesen, siempre mostraban en alguna parte, muy a la vista, el brochazo negro y torvo de las basuras no reciclables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la muerte del Melchor el puesto pasó a ocuparlo el cabeza de familia de “Los alpargateros” que eran personas de muy pocos recursos que vivían en la casa de al lado del Melchor, y del padre pasó al hijo, como una herencia natural de dicho empleo. Me dicen que aquel chaval, “El alpargaterico”, vive en Ariño y es ya un jubilado de su trabajo en la mina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cementerio antiguo de Ariño estaba situado al lado de la ermita de la Virgen del Pilar. Supongo que sería tan antiguo como la ermita (que tenía vestigios románicos). De pequeños jugábamos por allí y aún se distinguían un par de tumbas de mampostería, con grandes boquetes por rotura de la obra. Oí decir que la construcción del nuevo se produjo como consecuencia de una epidemia de cólera que ocasionó tal número de defunciones que hubo que construir a toda prisa el de las lomas, es decir el que yo siempre he conocido  operativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este cementerio durante años eran cuatro paredes (sin nichos) y en el fondo había un local donde se realizaban las autopsias sobre una mesa de mármol. Las plantas, que crecían por todas partes de forma descontrolada, eran los sisallos que, incluso en Ariño que se daba valor a todo, se consideraban arbustos completamente inútiles. Son arbustos de lo más humildes que pueden encontrarse, aunque tienen un aroma que a mí me resulta casi agradable.  Por supuesto en el recinto no se veía ningún árbol ni nada parecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El descuido era total y la fuerza de la costumbre hacía que a la gente le pareciese tan lógico ese estado. Raras eran las tumbas en que se podía averiguar quienes las ocupaban y lo normal es que se desconociese donde reposaban los antepasados. El enterrador gobernaba a su buen saber y entender los espacios, el orden de las excavaciones y los restos y, cuando tenía que reciclar tumbas, después de extraerlos, los amontonaba en un lugar separado y, cuando tenía suficientes, los incineraba para convertirlos definitivamente en cenizas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta del cementerio  tenía ese color gris característico de la madera sometida a la intemperie con ausencia total de pintura. Al abrirse supongo que haría el chirrido característico de las películas de terror. En fin, que el hallarse en este contexto no es extraño que no fuese agradable para cualquier persona normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La situación comenzó a cambiar con la construcción de nichos en la pared norte al abrigo del viento, porque con este motivo ya se pudo dignificar notablemente el recinto. Estas mejoras se iniciaron en un determinado momento(que no he podido precisar) y los siguientes alcaldes han ido promoviendo las mejoras paso a paso, de forma que actualmente puede considerarse bastante aceptable, ya que generalmente no se producen excavaciones de tumbas en el suelo  y todo está  muy bien cuidado. En mayo de este año José Antonio Oliete, Concejal  de Urbanismo, anunció en Entabán la ampliación del cementerio actual (obras ya iniciadas actualmente) en 1250 m2,  y el arreglo de los locales deteriorados, con un coste total importante y cargos a la Diputación Provincial de Teruel y  al Ayuntamiento de Ariño del 70 y del 30%  respectivamente. A esta noticia le hice un comentario con las indicaciones que me parecieron oportunas, sobre todo poniendo de relieve la importancia que a mi entender tiene el prestar una atención especial al cuidado del cementerio. En esto, cuando visitamos otros países, nos percatamos de que tenemos mucho que aprender de ellos para conseguir un cambio no solo de detalle sino de  concepto, de un lugar que, incluso sin percibirlo conscientemente, ejerce una  influencia muy grande en nuestras vidas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3862199084103541442?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3862199084103541442/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3862199084103541442&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3862199084103541442'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3862199084103541442'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/10/todos-los-santos.html' title='Todos los Santos'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7920463605794751595</id><published>2009-10-22T19:42:00.003+02:00</published><updated>2009-10-23T20:41:15.999+02:00</updated><title type='text'>Ideas, estrategias y tácticas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cualquier realización tiene unas fases que nos conviene identificar. Me refiero a las siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La idea&lt;/em&gt;, que simplemente es la intención de hacer algo que se nos ha ocurrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La estrategia&lt;/em&gt;, que es el conjunto de reglas de cierto nivel, necesarias para realizar la idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La táctica&lt;/em&gt;, que sirve para desarrollar la estrategia, y es la serie de métodos precisos para ello, es decir las adecuadas reglas, que suelen ser sencillas, prácticas y numerosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si falta o falla alguna de estas fases difícilmente se podrán esperar realizaciones que valgan la pena. También puede ocurrir que estemos siguiendo las fases indicadas sin tener conciencia de ello, pero si la tenemos, todo nos será más fácil, como he indicado al principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto que parece tan evidente, mucha gente no lo tiene claro a pesar de su importancia y, de hecho, los términos estrategia y táctica se confunden con frecuencia incluso por personas de cierta formación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay personas que aplican sin dificultad las fases indicadas, pero yo he conocido otras que carecen de esa polivalencia. Por ejemplo, las hay que es raro que tengan ideas algo más que mediocres. Aunque parezca una exageración, estas abundan más de lo que imaginamos (en broma se suele decir que el número de ideas es menor que el de personas). También he conocido algunas con buenas ideas, incluso adelantadas a su época, que por falta de una estrategia adecuada no han conseguido más que realizar esfuerzos costosos e inútiles. Y finalmente, he conocido personas a las que con una buena idea e incluso con una adecuada estrategia les ha fallado el resultado por no conocer o no poder aplicar una adecuada táctica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces ocurre que las condiciones que se requieren para tener buenas ideas no son las mismas que las precisas para llevarlas a cabo y por el contrario hay personas con gran sentido práctico que, en cambio, no son las adecuadas para generar ideas interesantes de cierto nivel. Aquí se aprecia una vez más la conveniencia de los trabajos en equipo, ya que dedicándose cada uno a la faceta que se le da mejor, entre todos se consigue reunir los requerimientos que son precisos para llevar a cabo cualquier tarea medianamente compleja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con este largo prólogo he pretendido establecer unos principios operativos básicos que referidos a algo sucedido realmente (que se expone a continuación) nos permiten apreciar su aplicación práctica a un caso concreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo conocí en Ariño a dos personas (sus nombres no importan) que eran especialistas en elucubrar notables ideas. En cierta ocasión se les ocurrió la posibilidad de dedicarse al cultivo de los champiñones, compaginando esta ocupación con su trabajo habitual. La idea era buena y de hecho se han creado importantes empresas dedicadas a esta actividad. Hay que indicar que entonces apenas existía competencia a pesar de que la gente ya conocía y apreciaba estas setas y, además, el poner en marcha una empresa (incluso de alimentos) no precisaba apenas trámites administrativos; de manera que las condiciones iniciales eran claramente favorables para el desarrollo del proyecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se buscó la documentación necesaria (los libros eran traducciones de otros franceses, ya que en Francia, especialmente en temas de alimentación, han estado hasta hace no mucho tiempo por delante de nosotros), y esta información se completó recogiendo direcciones de proveedores de semilla (micelio) que venían anunciándose en revistas y que la servían desde ciudades como Madrid y Barcelona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se decidió que el lugar de cultivo sería una bodega pequeña de suelo con poca pendiente que era propiedad o estaba disponible para uno de los socios. Se barrió a fondo, se preparó arena y estiércol que debía ser, según las instrucciones, de caballo, se mezcló todo bien, se realizaron los caballones y, cuando se recibió el micelio, se procedió a su siembra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí (que tenía curiosidad por el tema y lo seguía de cerca) había en la operación al menos dos puntos dudosos, como eran la difícil comprobación de la calidad de la semilla y la falta de control de las condiciones ambientales. Esta última parte no se había resuelto por temor a realizar una inversión de cierta importancia sin confiar plenamente en los resultados del proyecto; así que se optó por suponer que, más o menos, el ambiente de una bodega era el apropiado para este tipo de cultivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los socios visitaban mañana y tarde la bodega esperando ver surgir las setas abundantemente como las habían visto en las fotografías de libros y propagandas. Ciertamente la operación de visita tenía sus riesgos (casi no hay cosa sin riesgos, pero en este caso eran mayores) porque la vieja puerta de la bodega se abría y cerraba con dificultad y las paredes que la flanqueaban, hechas de mampostería antigua, no eran estables en absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para prevenir posibles percances, los socios acordaron ir siempre a la visita los dos juntos y mientras uno intentaba abrir o cerrar la bodega, el otro observaba desde cierta distancia los movimientos de la pared para avisar al de primera línea en caso de que esta se viniera abajo. En tal caso, aquel, por medio de rápido salto, debía alejarse de la puerta para que no le cayeran las piedras encima, lo que sin duda le ocasionaría un grave accidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a Dios no ocurrió lo que temían, pero las setas por más que las visitaron no se decidieron a surgir, con lo cual los emprendedores dieron por finalizada la empresa repartiéndose los gastos, y sin saber a ciencia cierta la causa del fracaso; sin embargo ocurrió que al año siguiente, cuando las dejaron tranquilas, salieron bastantes setas (tampoco demasiadas) y al menos pudieron hacerse los socios unas tortillas de champiñones, y repartir algunos más entre los vecinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El análisis de la operación según los criterios inicialmente expuestos nos hace ver que la idea fue buena, pero la estrategia y la táctica resultaron equivocadas, y con ello se perdió la oportunidad del nacimiento de una nueva industria en Ariño, cuando partiendo de la misma idea se pusieron en marcha numerosas empresas perfectamente rentables en distintos puntos de España, en las que sin duda resolvieron adecuadamente las cuestiones de estrategia y de táctica necesarias para lograr un resultado conveniente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7920463605794751595?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7920463605794751595/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7920463605794751595&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7920463605794751595'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7920463605794751595'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/10/ideas-estrategias-y-tacticas.html' title='Ideas, estrategias y tácticas'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1037726764362046311</id><published>2009-10-13T16:14:00.002+02:00</published><updated>2009-10-13T18:24:26.757+02:00</updated><title type='text'>"Algo se muere en el alma"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Al amanecer del día cinco de septiembre pasado fallecía, en el hospital Miguel Servet de Zaragoza, Gregorio Palos. La noche anterior estaba muy malico y los que vivíamos cerca de él su terrible enfermedad teníamos el conflicto interno de desear que permaneciera con nosotros y, a la vez, que terminase su sufrimiento. Sucedió lo previsible y Gregorio se nos fue, dejando, con los esquemas rotos, a Conchita, Jesús, Manu, Goyo y Dani, así como a cada una de las personas que componen su familia. No voy a nombrarlas una por una porque la relación es muy extensa y todos sabemos quienes son, pero estoy seguro de que cada una de ellas lleva clavada en el alma la espina de lo sucedido a Gregorio. También le hemos llorado sus amigos, sus muchos amigos, que nos sentíamos casi como hermanos suyos, porque así se sentía él respecto a nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace poco más de dos meses irradiaba salud y fortaleza (no hace mucho me dijo que, aunque tenía sesenta y nueve años, se sentía como si tuviera veinte), pero un cáncer fulminante ha podido con él en muy poco tiempo. Cuando tuvimos la primera noticia alarmante, todos los que le queríamos (y le seguiremos queriendo), a la vez que desear ardientemente que la ciencia médica le encontrase alguna solución, empezamos instintivamente a hacernos a la idea de que dentro de poco iba a faltar en nuestras vidas la presencia física de Gregorio. Yo, a pesar de que no soy una persona de profunda fe, esta vez pensé que lo único que podía hacer era rezar para que se produjera el milagro de su curación. Imagino que para algo habrán servido mis oraciones, pero no hemos conseguido lo que yo vivamente deseaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gregorio tiene muchísimos amigos en todas partes, porque todos los que le conocían veían enseguida que era una persona especial: noble como ninguno, generoso, honesto, valiente, y fuerte como una roca tanto en su físico como en su personalidad. Con estas cualidades básicas tan atractivas, evidentes e infrecuentes, no tiene nada de extraño que el número de sus amigos fuera tan elevado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una jota que parece estar hecha a su medida:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Veinte partes de franqueza,&lt;br /&gt;treinta de desinterés,&lt;br /&gt;y cincuenta de nobleza,&lt;br /&gt;eso es un aragonés”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso era Gregorio y además de aragonés, era un auténtico aragonés, autenticidad que para mí significa que sus ideas y su forma de pensar podrían estar unas veces acertadas y otras no (nadie es infalible), pero su forma de actuar era siempre totalmente acorde con sus ideas, cualidad que en los tiempos actuales por desgracia no es demasiado frecuente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de ser un paradigma de aragonés, Gregorio se sentía orgulloso de serlo. Quien le haya oído cantar “Soy de Aragón la tierra noble, la de los claros torrentes…” habrá comprendido perfectamente lo que quiero decir. Cuando cantaba “Granada” nos dábamos cuenta de que además de aragonés se sentía también muy español. No renunció tampoco en ningún momento a su Albalate que le vio nacer y también llevaba en el alma a Ariño donde acababa de construir con enorme ilusión y casi con sus propias manos una hermosa casa, lo que solo se puede hacer en los lugares que nos son muy gratos. Por eso en la noticia de su fallecimiento dije en Entabán que Gregorio era de muchos sitios y uno ellos, muy querido por él, ciertamente era Ariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya que he mencionado algunas canciones, tengo que decir que Gregorio era una de las personas que, para mi gusto, mejor cantaba la jota. Sus estilos y la forma de interpretarlos eran pura delicia. Tenía preferencia por los bravíos, esos que te erizan el vello. Pero sus condiciones para el canto y la música no se quedaban en la interpretación de las jotas y no se detenían ante ninguna dificultad. Dios le había dotado de esas cualidades de voz y de sensibilidad musical que a todos nos gustaría tener. En este aspecto tenía una integración total con su gran admirador y amigo Jesús Gareta con quien hace algunos años formaban un dúo que se denominaba “Los trovadores” que tenía más éxito del que ellos mismos querían admitir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús Gareta, en la iglesia de Albalate el día del funeral, haciendo de tripas corazón, homenajeó a su amigo del alma con una composición de partes de las canciones que a Gregorio le hubieran gustado oír y, con voz segura (con un punto de amargura) y una guitarra afinada como nunca, hizo llegar su fuerte lamento hasta el último rincón de la iglesia, y convirtió al auditorio en un mar de lágrimas. Fue uno de esos momentos de emoción, de pena, y de extraordinaria belleza que pocas veces en la vida se producen y nos dejan un recuerdo triste, pero hermoso e imborrable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a consideraciones más prosaicas sobre Gregorio, hay que reconocer que muchos estamos en deuda con él, porque siempre dio más que recibió. Simplemente el hecho de conocer y convivir con una persona como él tiene un inmenso valor ejemplarizante. Ariño en particular le debe algunas cosas que de una forma resumida quiero citar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajó siempre denodadamente y a la vista de todos están sus obras (“el que tenga ojos para ver, que vea”) y sobre todo repartió considerables cantidades de dinero comprando propiedades infrautilizadas de muchos vecinos de Ariño y, especialmente, generó muchos jornales y puestos de trabajo en nuestro pueblo durante años. Se podría pensar que a cambio recibió contraprestaciones de tipo patrimonial, pero en realidad fue un benefactor de Ariño porque el dinero que consiguió honradamente, se ha quedado en gran parte en manos de gentes de Ariño y en forma de realizaciones materiales visibles y convenientes para nuestro pueblo. Hubiera sido lógico y comprensible que los ingresos de su empresa los invirtiera en pisos y patrimonio en otros lugares, cosa que seguramente hubiese sido más rentable para él y para su familia; sin embargo ha quedado todo en Ariño salvo lo indispensable para sacar dignamente a su familia adelante. Por eso digo que Gregorio ha sido un emprendedor de los que tan necesitada está la sociedad y ojalá que en Ariño hubiera muchas personas de sus mismas cualidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gregorio no ha sido, ni ha pretendido serlo, una ONG; pero las personas como él son especialmente beneficiosas para el entorno en que se desenvuelven. Y sobre todo, como he dicho antes, su efecto ejemplarizante tiene un valor extraordinario para los que tienen, hemos tenido, la suerte de conocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su recia personalidad deja en su esposa e hijos un vacío inmenso que solo el paso del tiempo podrá mitigar y cuya percepción nos produce un dolor añadido para los que los queremos; sin embargo cuando contemplamos a los cuatro jóvenes que entre Gregorio y Conchita han sabido formar; que apuntan ya maneras de hombres admirables como su padre, pensamos que han de ser para Conchita un sedante de su amargura, y también la forma de encontrar un nuevo sentido a la vida por causa de las ayudas y consejos que van a seguir necesitando, así como una constatación permanente y consoladora de la obra más importante de todas compartida con Gregorio, que son Jesús, Manu, Dani y Goyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la Virgen del Pilar, de la que Gregorio era especialmente devoto, nos ayude a todos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1037726764362046311?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1037726764362046311/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1037726764362046311&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1037726764362046311'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1037726764362046311'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/10/algo-se-muere-en-el-alma.html' title='&quot;Algo se muere en el alma&quot;'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3251683367275958795</id><published>2009-09-21T12:33:00.004+02:00</published><updated>2009-09-21T15:30:56.905+02:00</updated><title type='text'>Médicos, enfermedades y algunas anécdotas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El primer médico que conocí en Ariño fue don Tomás Quintana Calleja, persona de gran relevancia en el pueblo, lo cual fue la causa de que la placica donde tenía el consultorio y la vivienda pasáramos todos a llamarla “la replaceta del médico” sin necesidad de placa ni de acuerdo formal alguno. Él fue la primera persona que me conoció, porque atendió a mi madre en el parto en que nací. Aparte de que aquel médico gozaba fama de tener buena mano para los partos, yo creo que en el de mi madre precisa fue también la ayuda de santa Bárbara (que tanto por ser mi padre minero como por vivir en la calle santa Bárbara era casi una obligación moral para nuestra santa) ya que el primer lío lo tuve con el cordón umbilical que resultó arrollado en mi cuello y con mi desorientación en la posición de salida (porque nací con los pies por delante) y estos eran unos contratiempos tan serios que daban como segura la muerte durante el parto, como les había sucedido a dos hermanos míos que me precedieron en las mismas condiciones y no tuvieron la suerte o intercesión precisas para salir ilesos de tan apurado trance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Tomás, cuando llegó al pueblo era joven, sociable y participativo y formaba parte de la rondalla tocando el violín, detalle indicativo de sus conocimientos musicales y de su nivel. Alguna vez intento imaginarme cómo sonaría el violín en la rondalla y me resulta difícil. El guitarrico e incluso el acordeón son compatibles con el sonido de la rondalla, pero nunca he visto ni oído alguna que incluyera un violín entre sus instrumentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a las actuaciones médicas de don Tomás, del mismo modo que era generalmente reconocida su habilidad como comadrón, también se decía que en los casos de pulmonía “se le escapaban muchos”, y no tiene nada de particular que así sucediera porque en la época de la que hablo no se había generalizado la disponibilidad de la penicilina (que fue el gran remedio para esta enfermedad), porque entre su descubrimiento y su aparición en Ariño pasaron unos cuantos años. Hasta entonces, salvo unos tratamientos paliativos, no se hacía otra cosa ante una pulmonía que dejar al organismo que por sí solo la combatiera esperando a que la enfermedad hiciera crisis y se iniciase la recuperación del enfermo o, por el contrario, el fatal desenlace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra de las enfermedades que entonces tenía un pronóstico muy pesimista era la que posteriormente pasó a llamarse apendicitis. Los primeros avisos eran dos ataques de los cuales era posible sobrevivir; pero al tercero tenía lugar lo que se llamaba un cólico miserere y se producía la muerte sin remedio. En realidad era, como luego se divulgó, un proceso de apendicitis crónica que terminaba con una perforación del apéndice y la consiguiente peritonitis que entonces no tenía solución, al menos con las posibilidades de los médicos de pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los albores de la difusión de la penicilina falleció don Tomás y apareció por el pueblo el nuevo médico, que se llamaba don Eugenio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era de mediana estatura, algo regordete y mofletudo, agraciado de rostro, con un bigote muy poblado y aparente. Usaba pantalones de montar a caballo y botas altas a juego, indumentaria que nos causó general sorpresa. Algunas veces imaginé, puesto a hacer elucubraciones, que cuando le informaron sobre Ariño, dedujo que un pueblo con varias minas, con calles de tierra, y gente por las masías, era algo así como un pueblo del Oeste americano y decidió pertrecharse para estar a tono con el imaginado lugar; lo de agenciarse un caballo debió de dejarlo para más adelante y para entonces ya se había dado cuenta de que no era necesario en absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vino con su esposa y una cuñadica tan guapa, elegante y formal que creo no estar desencaminado al pensar que debió de romper algunos corazones entre los mozos de su misma edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llegada del nuevo médico fue un acontecimiento en aquella cerrada sociedad y objeto de una general curiosidad para descubrir todas sus cualidades y saber con quien tendríamos que jugarnos los cuartos en cuanto a las cuestiones médicas en lo sucesivo. Dudo que los rayos X tengan más poder de penetración que las miradas de los vecinos de Ariño en aquellos momentos; sin embargo, tras la inicial desconfianza, nos dimos cuenta de que el nuevo médico superaba a don Tomás en conocimientos (fruto de su formación más moderna en la Facultad) y de la juventud, dinamismo y experiencia que demostraba en sus actuaciones. Por tanto el pueblo respiró aliviado al ver que en don Eugenio tenía un médico excelente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de sus primeras actuaciones tuvo como paciente a mi madre, que venía sufriendo lo que podríamos llamar el segundo ataque de apendicitis. Don Eugenio lo diagnosticó con seguridad, le prescribió un tratamiento antiinflamatorio y antibacteriano y aplicaciones de bolsas de hielo en la zona afectada, que para nosotros fue lo más sorprendente porque en el ataque anterior don Tomás le había indicado bolsas de agua caliente para atenuar los dolores. Le dijo también don Eugenio a mi madre que lo antes posible debían operarla para extraerle el apéndice y se ocupó de dirigirla a una clínica concertada con el Seguro, que había en la ciudad de Teruel. Esto podemos llamarlo la estrategia ante la enfermedad y luego fue por cuenta de mis padres la táctica, que consistió en tomar como base de operaciones y ayudas la casa de la Sra. Teresa, magnífica persona natural de Ariño que vivía en Teruel sacando adelante a sus dos hijas y tres hijos, los Franco, personas muy brillantes, buenas y apreciadas en dondequiera que los han conocido, incluido Ariño, donde tienen varios chalés cerca del molino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Teruel fueron a parar pues mis padres (en viaje laborioso e incómodo) y, en el momento preciso, mi madre fue operada, resultando la operación exitosa (que dirían en Hispanoamérica) y neutralizando con ello el riesgo del cólico miserere, expectativa harto probable de no haber sido por los conocimientos y actuación del ya muy apreciado don Eugenio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La parte táctica de la situación tuvo algo que me interesa resaltar porque en ello ejercí un curioso protagonismo. A mí se me asignó el cuidado de la casa y de los animales del corral mientras mis padres estuvieran en Teruel, labor que debía compaginar con la escolar, y la de supervivencia, lo cual significó un trabajo considerable para un chaval de unos once años, sumado a la penosa situación de tener que arreglármelas en solitario en aquella casa que resultaba grande para mi corta edad, especialmente durante las noches. En cuanto a la tropa de animales, pasaron a depender de mí en cuanto a su alimentación, una burra, un tocino y un numeroso grupo de gallinas. Los trabajos más costosos eran el “abrevado”de la burra y la preparación y servicio de la comida del cerdo. Fue esta la que dio lugar a una anécdota que voy a detallar acto seguido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diré previamente que la preparación de la comida del cerdo consistía en poner a cocer sobre la estufa de carbón en un caldero, una mezcla de calabaza, remolachas y patatas pequeñas. Una vez cocidas, tenía que bajar el caldero al corral, y en una “bacía” añadir agua y “salvado” y mezclar y triturar todo con un “badil”. Mi problema era que el acopio de agua me obligaba a hacer un viaje ex profeso a la cocina desde el corral, lo que me fastidiaba bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que aclarar que antes de haber agua corriente en las casas de Ariño, en la mía teníamos un pseudo servicio de agua con grifos en el cuarto de baño y en la fregadera, que procedía de una tinaja situada en el granero, donde centralizábamos las aportaciones del agua que íbamos trayendo de la fuente pública. Los desagües de los distintos usos caían directamente al corral por medio de tubos que vistos desde abajo sobresalían como medio metro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi genial ocurrencia consistió en dejar en la fregadera el agua que iba a precisar y atar una fina cuerda al tapón de corcho, la cual se hallaba también sujeta al eje de la palomilla que gira continuamente cuando el despertador llega a la hora asignada. Yo dejaba la alarma del reloj prevista para que sonase dentro de tres minutos y la palomilla, llegada la hora giraba, arrollaba la cuerda, tiraba del tapón y caía el agua al corral donde yo la estaba esperando con el caldero en su punto de caída. Dos condiciones de ajuste fueron necesarias para que el invento resultara eficaz y fiable: que el tapón no estuviera demasiado apretado y que el despertador quedase bien inmovilizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente invertí más trabajos en preparar el sistema que los paseos que me ahorré, pero aquello fue para mí un juego demostrativo de que las cosas es posible hacerlas de varios modos y nos produce una especial satisfacción el ver que pueden funcionar por un método diferente al puramente rutinario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acababa de inventar, sin darme cuenta, la automatización de un sistema, con un retardo variable prefijado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que añadir que de esto no consideré necesario dar información a mi madre ya que no hubiera entendido que para ahorrarme unos pasos durante unos diez días hubiera puesto a nuestro flamante despertador en riesgo de caer dentro del agua, y creo que nunca, pasado el tiempo, se lo conté, para que no pensase que estaba chalado o algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta historia terminó muy felizmente porque iban a comenzar las fiestas de santa Bárbara y parecía que mis padres no podrían llegar a tiempo, con lo cual yo y algunos familiares íbamos a pasarlas muy tristemente; sin embargo ellos haciéndose cargo de esta circunstancia aceleraron el regreso, bajaron como pudieron hasta cerca de Muniesa, fue mi padre caminando hasta aquel pueblo donde pudo pedir al chofer del camión de los mineros que se acercase a recoger a mi madre que regresaba recién operada. Accedió con mucho gusto y mis padres llegaron a Ariño en dicho camión. Me parece verlos aparecer por el arco de santa Bárbara anocheciendo cuando comenzaba a sonar la música en la plaza y yo en la puerta de mi casa sintiéndome, por todo, muy triste. El ver a mis padres, especialmente a mi madre cansada pero ya resuelto su importante problema y las fiestas comenzando, me produjo una de esas alegrías que se graban para siempre en la memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al recordar todo esto tengo un reconocimiento especial para el detalle del chofer de aquel camión de los mineros que entendió la circunstancia y no le importó salirse por una vez de la rigidez de las normas para hacer un favor a la familia de un compañero. Y es que algunas veces la humanidad y la comprensión deben estar por encima del estricto cumplimiento de las normas. Tengo la impresión de que actualmente se tiende a normalizar y a protocolizarlo todo, y muchas veces se olvida el dejar un margen para los casos especiales, y para el ejercicio de facultades tan humanas como la solidaridad, la caridad y el sentido común.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3251683367275958795?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3251683367275958795/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3251683367275958795&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3251683367275958795'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3251683367275958795'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/09/medicos-enfermedades-y-algunas.html' title='Médicos, enfermedades y algunas anécdotas'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5986855689697662546</id><published>2009-09-04T11:15:00.001+02:00</published><updated>2009-09-04T11:24:57.502+02:00</updated><title type='text'>Tan caras lombrices</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; Poco antes del año 1950 había en Ariño uno o varios guardas jurados que eran vecinos del propio pueblo y, tanto en el monte como en la huerta, intentaban la captura de ladrones y de ladronzuelos, ejerciendo su actividad con razonable dignidad y rigor; sin embargo en cierto momento debió de considerarse (pienso que por las autoridades locales) más conveniente contratar para este cometido a algún guarda jurado titulado seleccionado en la capital de la provincia turolense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contratado para la indicada función, un buen día apareció por el pueblo un hombre joven de poco más de 30 años, procedente de Teruel. Estaba casado con una señora rubia. Ella era de esa clase de rubias que &lt;em&gt;llaman la atención&lt;/em&gt; (más en aquella época) y solía ser destinataria de las maliciosas miradas de algunos vecinos (y vecinas), así que las malas lenguas insinuaban, no sé si con mucho o poco fundamento, que el nuevo guarda tendría que demostrar su pericia guardadora no lejos de su propia casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que, puesto a ejercer su cargo, se fue difundiendo por el pueblo la idea de que la prioridad de su gestión sancionadora se centraba en complicar la vida a los vecinos en lugar de en aminorar el número de hurtos en campos y huertas. Se metía en que había que llevar las caballerías a una distancia reglamentaria entre ellas, en que después de la segunda, si había un objeto saliente, debía llevarse colgado de él un trapo rojo, etc., etc. Incluso a mi primo Inocencio y a mí, que entonces tendríamos unos nueve y doce años respectivamente, nos tocó sufrir los efectos de su desenfoque profesional, como explico a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos cierto día acompañando a nuestras madres que esperaban para hacer compras en el economato de SAMCA (entonces se hallaba cerca de las primeras casas de la carretera a mano izquierda viniendo de Albalate) y además de ellas estaba esperando, con el mismo propósito, un numeroso grupo de mujeres. Era a media mañana y llevábamos en los bolsillos Inocencio y yo unas rudimentarias líneas de pesca. Como las cañas que utilizábamos para pescar eran simples cañas  que abundaban en los dos ríos,  teníamos todo lo necesario para entretenernos pescando en la zona de los Pilones mientras nuestras madres esperaban pacientemente su turno  para realizar las referidas compras. Únicamente necesitábamos el cebo, y conseguirlo fue nuestro siguiente objetivo. Se trataba simplemente de escarbar con algún palo en el barro de la próxima acequia, donde esperábamos encontrar  lombrices, que para aquella ocasión  eran a nuestro juicio el cebo más apropiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elegimos como lugar adecuado para la búsqueda la zona de la acequia situada detrás del local que años más tarde sería baile-bar del Prudencio “el Bello”. Estábamos, pues, allí hurgando con dificultad en el barro, cuando, antes de encontrar alguna lombriz, oímos una voz autoritaria próxima a nosotros  conminándonos a abandonar de inmediato nuestra actividad. Alzamos las miradas y vimos, en escorzo desde abajo, la figura del nuevo guardia en la que resaltaban a simple vista  los símbolos de su autoridad y cargo: llevaba en especial bien visibles la tercerola y la banda de cuero (con su chapa ovalada de latón brillante) que cruzaba en diagonal la camisa del flamante uniforme. Mirándonos con la expresión más amenazadora posible  nos dijo que estábamos infringiendo las normas de huertas y acequias y que nos iba a denunciar por ello. No había terminado de decirlo cuando Inocencio dio media vuelta y emprendió una veloz carrera que parecía la de los cien metros lisos, primero por el margen de la acequia y luego carretera adelante hacia el grupo de mujeres y, llegando hasta donde estaba mi madre, le dijo con voz entrecortada:”Tía…tía…, que al Salvador lo han denunciado”. Mi madre tenía narices suficientes para defenderme de lo que fuese preciso, pero estaba con ella una prima suya que se llamaba Águeda que, comportándose en aquella ocasión como más papista que el Papa (actitud que no le priva de mi agradecimiento) soltó un sonoro taco y se dirigió a toda prisa al lugar de autos dispuesta a desfacer el entuerto y a poner las cosas en su sitio. Entretanto yo, que no quise o no pude salir huyendo como mi primo, tuve que darle los dos nombres al guarda, cosa que tiene la disculpa de su avasalladora actitud, y de que en el fondo, a pesar de ser solamente un niño, pensaba que no nos podían castigar mucho por una falta tan leve y que, viviendo en el mismo pueblo, antes o después el guarda nos cazaría y entonces  la cuestión sería más complicada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Salimos el guarda y yo a la carretera y entonces vimos venir, hecha una furia, a la susodicha prima de mi madre. El encontronazo fue de consideración y resultó finalmente que el guardia denunció a la Águeda por desacato a la autoridad y acto seguido se esfumó con cierta prisa, sospecho que para soslayar el riesgo de  que aquella mañana tuviera que denunciar a la mitad de las mujeres del pueblo a los pocos días del comienzo de su actividad, lo cual sería una perspectiva muy poco favorable para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni Inocencio ni yo volvimos a tener noticias de aquellas denuncias (y supongo que tampoco la Águeda) fuera porque el guarda no se atrevió a cursarlas o porque las invalidaron personas de más autoridad que él, que debieron de considerar lo sucedido como una sarta de fruslerías y tuvieron más claro que aquel personaje, que realmente se esperaban de su flamante cargo cosas de más enjundia que denunciar a dos chavales por escarbar en el barro de una acequia en busca de media docena de lombrices para pescar en el próximo río.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5986855689697662546?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5986855689697662546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5986855689697662546&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5986855689697662546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5986855689697662546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/09/tan-caras-lombrices.html' title='Tan caras lombrices'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-26809314548521795</id><published>2009-08-11T13:20:00.002+02:00</published><updated>2009-08-11T13:51:29.421+02:00</updated><title type='text'>Chascarrillos</title><content type='html'>&lt;strong&gt;La superioridad militar&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Ariño hubo una época en la que el ir al servicio militar significaba, para algún que otro mozo, volver al pueblo con unos aires de superioridad y unas formas de hablar como las que se aprecian en la siguiente anécdota, que contaba mi padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un vecino volvía caminando por la carretera llevando del ramal a un par de machos, cuando a la altura de los baños le alcanzó un militar recién llegado de la mili, que, tras entablar conversación sobre diversos temas, le preguntó al de las caballerías: “Por cierto, estos &lt;em&gt;machetes&lt;/em&gt;...¿&lt;em&gt;son vuestres&lt;/em&gt;?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé lo que le contestaría el de los machos, pero al llegar al pueblo, le faltó tiempo para difundir lo acontecido y algunos se iban riendo por “lo bajinis” al imaginar la tonta pregunta y la ridícula forma de hablar que había adquirido en el servicio militar aquel licenciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los repechos del Puerto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé a quien le oí contar que cierto día, una comitiva compuesta por un burro, un hombre de cierta edad y su hijo, subían en fila hacia el puerto, el padre agarrado al baste y el hijo varios metros más atrás del conjunto padre-burro. Al aumentar la pendiente de la cuesta se oyó una ventosidad de tal calibre que justificó la siguiente pregunta: “Padre, ¿ha sido &lt;em&gt;usté&lt;/em&gt;, o el burro?”; a lo que el padre respondió: “Yo he sido, yo, hijo mío”. Y dijo el hijo: “¡Ya me &lt;em&gt;paicía&lt;/em&gt; a mí que &lt;em&gt;pa&lt;/em&gt; el burro era mucho!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este tipo de dichos sobre temas que ahora damos en llamar escatológicos, antes producían mucha risa; y aquella risoterapia frecuente y generalizada, era (como ahora es bien sabido) un factor motivador de la felicidad de la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Una desigual pelea&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Explicando los pormenores de una contienda, uno de mi pueblo, explicaba lo que decía uno de los contendientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ellos, garrotazo; nosotros, puñau de paja. Ellos garrotazo; nosotros, puñau de paja". Y concluía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¡Cómo los pusimos de paja!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Verdad que en las contiendas de vida real tenemos a veces la sensación de que las cosas nos están sucediendo de esta desigual y desfavorable forma?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-26809314548521795?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/26809314548521795/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=26809314548521795&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/26809314548521795'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/26809314548521795'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/08/chascarrillos.html' title='Chascarrillos'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3901591561282933615</id><published>2009-07-30T13:38:00.007+02:00</published><updated>2009-08-02T22:43:04.797+02:00</updated><title type='text'>un mas del Puerto</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me estoy refiriendo al mas del tío Morel, es decir de mi abuelo Domingo, y por lo tanto de mi abuela Petra, que debieron de edificarlo en su juventud, seguramente de recién casados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para llegar hasta él había que ir a la balsa primera del Puerto, tomar el camino de la izquierda, pasar por una zona con muchas losetas que hay enfrente del mas de los Novellas y rebasar la loma siguiente; es decir que se hallaba situado cerca ya del término de Alacón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabo de nombrar la palabra Puerto. Para mí, de pequeño, esta solo tenía un significado: la zona de Ariño donde mis abuelos tenían unos campos y un mas donde me gustaba mucho ir. Cuando los maestros empezaron a hablarnos de los puertos marítimos pensé que este término lo estábamos utilizando mal en nuestro pueblo. Más adelante comprendí que todo era correcto porque el término puerto también sirve para denominar el paso entre montañas que era la acepción que servía para nuestro Puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo al mas, que hemos dejado aparcado cerca del término de Alacón, voy a explicar las características del edificio y algunas cosas que allí sucedieron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las paredes eran gruesas, hechas con piedras y losetas que abundan en las cercanías. Tenía una planta baja y otra encima cuyo piso quedaba como medio metro más alto que el nivel de una era de arcilla de tamaño reglamentario, que formaba parte del conjunto. El suelo de la planta baja era de losetas y el de la superior de cañizos enyesados. Los maderos procedían de los troncos de los pinos que todavía abundaban en el Puerto y las tejas las llevaron desde la tejería del pueblo, lo que debió de representar una formidable labor de acarreo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el exterior, cerca de la entrada de la planta baja, se veían los restos de un antiguo horno para hacer el yeso que utilizaron en la construcción. Era fácil imaginar el considerable trabajo que realizaron para traer el aljez desde las Salmorreras donde se hallaba el yacimiento, contando que hay entre ambos puntos como una hora y media de camino y bastantes cuestas, y también debió de costarles lo suyo el moler finamente los tormos de materia prima una vez calcinados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La arcilla de la era seguramente la trajeron desde las cercanías, pues había por allí visibles muestras de tierra arcillosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mas tenía dos puertas, una amplia en la planta baja y otra de menor anchura en el pajar. Nunca se pintaron y por eso tenían aquel color gris característico que toma la madera expuesta al sol sin ninguna clase de protección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la planta baja había en primer lugar un espacio de unos veinticinco metros cuadrados que era la zona habitable donde destacaban dos amplios y robustos bancos de piedra, situados a ambos lados del fuego bajo. En las paredes se veían numerosas escarpias y estacas para ser utilizadas como percheros, y en los rincones de la estancia bastes y algunos aperos propios de los distintos usos agrícolas. Algunas cestas y banastas completaban aquella mínima dotación de humildes enseres que sería pretencioso llamar mobiliario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fondo de esta planta baja había un espacio de unos veinte metros cuadrados destinado a cuadra con sus correspondientes pesebres, separado del espacio anterior por unos tabiques de cañizos enyesados en los que había un hueco rectangular para el paso de personas y de caballerías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El piso de arriba se destinaba a pajar, que también llamábamos cambra, y además de estar ocupado por una considerable cantidad de paja y de sacos de cereales producto de la trilla, se utilizaba para dormitorio. Sobre aquella paja multiusos dormíamos las personas que pernoctábamos en el mas, que a veces éramos unas cuantas, acompañadas por unos pocos e inofensivos ratoncillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella construcción sencilla pero resistente era la base logística de las muchas y variadas operaciones agrícolas que el cultivo de cereales en una superficie de varias hectáreas requería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como acabo de apuntar, allí nos juntábamos, sobre todo en la época de la siega-trilla, numerosas personas sin sentir el más pequeño agobio, sino la alegría de estar todos juntos comiendo en la misma olla y bebiendo en el mismo botijo la exquisita agua de un balsete próximo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La edificación no tenía ni una sola ventana, pero las puertas abiertas permitían de día una aceptable iluminación del interior y, como ya dije en otra ocasión, la luna y los candiles de aceite (aquellos sí que eran de bajo consumo), se consideraban, de noche, medios de iluminación suficientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar al mas se apreciaba un olor característico (a mas) que a mí me agradaba como dije en alguno de mis recientes relatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo terminar esta descripción sin señalar un detalle que siempre me ha intrigado: yo, desde que era un niño de pocos años jugaba sentado en el suelo cerca de la puerta del mas y veía, en una superficie de pocos metros cuadrados, una especie de flores de un solo color en verde claro, muy numerosas y curiosas, que no he visto en ninguna otra parte. Creo que son de una especie rarísima que valdría la pena estudiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo al tema de mi relato diré que, dentro de aquella austeridad general había un detalle curioso a la entrada de la cambra y era una loseta bien cuadrada, más saliente que las demás, en la pared próxima a la puerta, que se pensó a propósito para dejar sobre ella una caja de cerillas y para colgar el candil de aceite con mecha de algodón que permitiría disponer de una titubeante luz si fuera necesaria durante la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Focalizo la atención en la dichosa loseta, por ambientar lo que voy a explicar acto seguido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, mientras los mayores hacían la siesta, mi hermana María que era unos años mayor que yo (y yo tendría unos seis), me propuso que cogiera las cerillas de tan señalado lugar y, entre ambos, incendiar una hermosa mata de barda que crecía pegada a la pared del mas en la parte posterior del fondo. Yo, obediente a mi hermana y, por qué no, interesado, como muchos niños, en la espectacularidad de las llamas, pito y bien mandado sustraje las cerillas y participé activamente en la operación que ella había ideado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio todo nos fue bien a los precoces pirómanos, pero en pocos segundos la barda ardió a toda leche y para apagarla se nos ocurrió utilizar estiércol seco que había en una femera (montón de estiércol) próxima, con lo cual solo conseguimos incrementar el problema. Aunque aquella hoguera no era un peligro real para el mas, la magnitud de las llamas nos asustó, y mi hermana salió corriendo despavorida, y yo detrás, en dirección al pueblo, huyendo sin reparar en que la casa de mis abuelos estaba a hora y media de allí y cerrada a cal y canto. Cuando habíamos recorrido unos doscientos metros y perdido de vista el desagradable espectáculo de las llamas lamiendo la pared exterior del mas, nos refugiamos en una caseta y allí nos quedamos atascados sin atrevernos ni a ir al pueblo ni a volver al mas ni a permanecer en aquella solitaria caseta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurridos unos minutos oímos a mi abuelo que nos llamaba a lo lejos desde lo alto de la loma, con lo cual vimos el cielo abierto. Al parecer el olor a quemado le había despertado y al no vernos tuvo la intuición de todo lo que había sucedido, así que salió en nuestra busca y nos halló acojonadicos en la caseta. No nos hizo ningún duro reproche ni nos castigó porque, además de que era muy bueno, se dio cuenta de que con el susto habíamos pagado la travesura y de que nunca más haríamos otro disparate como aquel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros (y especialmente mi hermana que moralmente se sentía la protagonista principal del hecho) siempre agradecimos a nuestro abuelo que viniera a buscarnos y que no nos castigara. Cuando nos vemos de vez en cuando con mi hermana todavía solemos sacar aquel incidente a colación alabando la bondad de nuestro abuelo y censurando nuestras disparatadas actuaciones infantiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel conato de incendio fue un presagio de lo que iba a suceder unos diez años más tarde, que lo explico a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis abuelos habían prestado las llaves del mas a un vecino del pueblo que necesitaba hacer en el Puerto unos trabajos, y mi tío Antonio, proyectando subir a cazar les pidió también las llaves. Ellos le informaron de la situación y mi tío pensó en ir de todos modos, siguiendo cuidadosamente el camino para encontrarse con el anterior ocupante del mas si se hallaba de regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo vio en todo el camino y cuando llegó al mas tampoco estaba. Algo había ocurrido que hizo que no salieran las cosas según lo previsto, y mi tío decidió dormir en la puerta del mas en aquella hermosa noche de verano después de cenar y de fumarse a gusto un par de cigarros. Le despertaron los estornudos de su perro a causa del humo y entonces vio que en el interior había unas formidables llamas. Después de jurar en hebreo presa de la impotencia, se le ocurrió de pronto que en el pajar estaba el fruto de la cosecha y, a toda velocidad, con una piedra de gran tamaño, rompió la puerta de la cambra para sacar los sacos a la era. De momento la vía de aire que se produjo avivó notablemente las llamas, pero luchando con el incendio, mi tío salvó buena parte de lo almacenado aun a riesgo de perder la vida en tan peligrosa operación. Se quedó finalmente tendido en la era deshecho física y moralmente, viendo como llegaba a su fin aquel edificio tan querido y necesario para toda la familia.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;No se logró averiguar si la causa del incendio fueron la posibles brasas del interior o alguna colilla de mi tío mal apagada que el vientecillo avivó e hizo pasar por debajo de la puerta hasta la paja que solía haber por el suelo en el interior. Ambas cosas eran posibles pero el daño estaba hecho y no se iba a resolver removiendo el tema. Se dejó como estaba y en paz. Lo que sí es cierto que de no haber ocurrido la desgraciada descoordinación indicada anteriormente es casi seguro que aquel día el mas no se hubiera quemado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis abuelos, que eran mayores, se quedaron como pasmados, mi tío enfermó al poco tiempo (mi madre siempre relacionó la enfermedad de mi tío con aquella aciaga noche en el Puerto) y al resto de la familia no nos sobraban fuerzas, medios y moral para reconstruir el más, así que allí quedó medio derruido resistiendo, la parte que se mantuvo en pie, el paso del tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando hace un par de años fui con Elena y mis hijos Joaquín y Javi a verlo quemado después de más de cincuenta años, al acariciar aquellas piedras, sentí como si estuviera abrazando a varias generaciones de mis antepasados y, más que de tristeza, me invadió una insólita sensación de profunda paz, recordando a la vez a muchas y buenas personas y a tantas cosas allí sucedidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5365469263206118402" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 309px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YhOGt-PMy5o/SnX53g6tdAI/AAAAAAAAAAs/MKMCLXuG-gw/s400/P1010075texto.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YhOGt-PMy5o/SnGGqU0XU2I/AAAAAAAAAAM/9lXHP2-0BYg/s1600-h/P1010075.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3901591561282933615?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3901591561282933615/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3901591561282933615&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3901591561282933615'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3901591561282933615'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/07/un-mas-del-puerto.html' title='un mas del Puerto'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YhOGt-PMy5o/SnX53g6tdAI/AAAAAAAAAAs/MKMCLXuG-gw/s72-c/P1010075texto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-6087285434314382471</id><published>2009-07-02T11:39:00.003+02:00</published><updated>2009-07-02T12:15:52.663+02:00</updated><title type='text'>La cultura del pan en Ariño (VI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cada quince días, con la harina blanca impoluta, se procedía a realizar lo que se llamaba la masada. La cantidad se calculaba de acuerdo con el consumo de pan de la familia durante unos quince días. El amasado consistía en mezclar bien la harina con agua, formando una masa pegajosa y compacta. Para conseguirlo se metía el brazo hasta el codo en la pasta y se realizaba una y otra vez un movimiento de batido a buena velocidad. Costaba un tiempo y era pesado. Esta masa tenía que fermentar, y para ello se había mezclado bien con la levadura. Esta cabía en un puchero pequeño que se llevaba de casa en casa dentro del barrio y cuando se necesitaba amasar, se preguntaba quien la tenía y se le pedía. A su vez, al terminar, se llenaba el puchero con masa fermentada y se guardaba esperando al primero que amasase. Siempre que pienso en esta organización de la levadura, me maravillo de lo bien que funcionaba, sin ocasionar nunca el más pequeño problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarea de amasar la realizaban siempre las mujeres a pesar de que requería un considerable esfuerzo físico. Por extraño que parezca, así estaba asignado, desde sabe Dios cuando, al llamado sexo débil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una noche de fermentación de la masa, a la mañana siguiente se la llevaba al horno elegido previo acuerdo con sus dueños, para obtener un cierto número de panes. Los hornos se caldeaban quemando romeros y el olor a romeros quemados se extendía al atardecer por las calles próximas. Este era también uno de los inolvidables olores característicos del pueblo, algunos días en que la atmósfera estaba especialmente tranquila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los panaderos dividían la masa en porciones adecuadas al tamaño de los panes y poco a poco se metían a cocer en el horno, a través de la boquera. Los expertos ojos del panadero calculaban el momento exacto en que los panes estaban cocidos y con una pala que tenía un mango de 4 ó 5m, eran finalmente extraídos. Utilizando una pluma de gallina mojada en aceite de oliva a modo de brocha, se frotaba un poco en la parte superior de los panes, que quedaban brillantes como si estuvieran barnizados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos panes estaban muy tiernos y se decía que no era saludable comerlos calientes. Yo creo que esto era una exageración disuasoria, ya que estaban tan apetitosos recién salidos del horno que, de no poner alguna cortapisa, en poco tiempo se podía rebajar sustancialmente el lote, que debía llegar sin menguas apreciables a casa, ya que, según hemos indicado, tenían que durar unos quince días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los panes se guardaban en la artesa, bien tapados, y aguantaban, sin endurecerse demasiado, los quince días previstos y una vez transcurridos, se repetía el proceso de amasar. Y así sucesivamente a lo largo del año y, sin variaciones notables, un año tras otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar este bosquejo de costumbres y de añoranzas, se impone un salto en el tiempo al día de hoy. Hoy en día, todo ha cambiado respecto al pan. Sofisticadas máquinas cultivan y cosechan el trigo empleando a muy pocas personas, y la conversión del trigo en pan se produce en grandes factorías. Finalmente, a base de una impecable logística, nos encontramos cada día a la puerta de casa por poco dinero el pan necesario, sin darnos ni cuenta de lo que esto lleva consigo, ni de la gran transformación que se ha producido en algo que antiguamente era una cuestión fundamental. Ahora todo es muy fácil y mucho hemos ganado, pero quizá no está todo tan claro, y alguna vez me pregunto si estamos comiendo el pan de siempre, o más bien estamos consumiendo un sucedáneo que poco tiene que ver con el de los pasados tiempos. Cuando veo lo rápidamente que este pan se seca; que se llega a desaconsejar en la dieta y que en todo caso se permite, con reparos, el integral, intuyo que algo importante se nos ha escapado,  que el pan de aquel trigo, verdaderamente era otra cosa, y que aquel sí que era lo que debía ser: nada menos que un alimento señalado por Dios desde el comienzo de los tiempos, como algo esencial para garantizar la supervivencia de la especie humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GLOSARIO DE TERMINOS DE USO COMÚN EN LA ÉPOCA DEL RELATO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acoyundar.- acuerdo entre labradores para prestarse las caballerías..&lt;br /&gt;Aventar.- echar al aire la mies trillada para separar el grano de la paja.&lt;br /&gt;Avena.- un tipo de cereal.&lt;br /&gt;Balsa.- laguna pequeña de unos 30 m de diámetro.&lt;br /&gt;Balsete.- pozo de obra de unos 3 m de diámetro y unos 2 m de profundidad.&lt;br /&gt;Beta.- cuerda de tela.&lt;br /&gt;Boñigo.- excremento de caballería.&lt;br /&gt;Boquera.- puerta pequeña del pajar o del horno.&lt;br /&gt;Bota.- recipiente de piel para 1l o de 1,5l de vino.&lt;br /&gt;Caballería.- burro, burra, macho, mula, caballo.&lt;br /&gt;Cabezana.- guarnición de cuero que se pone a las caballerías para afianzar el ramal.&lt;br /&gt;Candil.- aparato de iluminación muy simple, con aceite y mecha de hilos de algodón.&lt;br /&gt;Capazo.- cesto flexible hecho de fibras vegetales.&lt;br /&gt;Centeno.- tipo de cereal utilizado para pienso de animales.&lt;br /&gt;Cuchufleta.- broma.&lt;br /&gt;Espigar.- recoger las espigas del rastrojo.&lt;br /&gt;Fajina.- apilamiento de fajos.&lt;br /&gt;Fal.- hoz.&lt;br /&gt;Falcada.- mies que se lleva en el brazo,mientras se siega, antes de dejarla en la gavilla.&lt;br /&gt;Fascal.- 30 fajos.&lt;br /&gt;Gaseosa.- solución en agua de dos productos, que es efervescente y dulce.&lt;br /&gt;Gavilla.- conjunto de falcadas de mies.&lt;br /&gt;Horca.- herramienta con cuatro púas de madera, para manejar la mies y la paja.&lt;br /&gt;              durante las diversas labores de la trilla.&lt;br /&gt;Hoz.- herramienta curvada con dientes de sierra, utilizada para segar.&lt;br /&gt;Mas.- casa de campo, usada para tareas agrícolas.&lt;br /&gt;Masía.- mas.&lt;br /&gt;Mies.- cereal maduro.&lt;br /&gt;Muñeca.- la parte del brazo más próxima a la mano.&lt;br /&gt;Parva.- mies troceada extendida en la era y también el montón resultante.&lt;br /&gt;Rastro.- utensilio de madera que se utiliza para amontonar la paja.&lt;br /&gt;Rastrojo.- campo después de segar el cereal.&lt;br /&gt;Ribazo.- separación entre fincas.&lt;br /&gt;Sabina.- arbusto de secano mayor que los romeros.&lt;br /&gt;Salvado.- cáscara del trigo.&lt;br /&gt;Solar.- montón resultante del barrido de la era después de trillar.&lt;br /&gt;Tajo.- grupo de segadores.&lt;br /&gt;Talega.- saco de tela de lona, para contener unos 100Kg de trigo.&lt;br /&gt;Tempero.- humedad de la tierra de labor.&lt;br /&gt;Tonelillo.- tonel de unos 2l para llevar vino.&lt;br /&gt;Torno.- Aparato para separar el salvado de la harina&lt;br /&gt;Trilladeras.- conjunto de sogas y aparejos, para tirar del trillo las caballerías&lt;br /&gt;Parva.- mies extendida en la era&lt;br /&gt;Porgadero.- cedazo para el trigo&lt;br /&gt;Vencejo.- especie de soga de baja calidad de unos 2 m&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-6087285434314382471?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/6087285434314382471/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=6087285434314382471&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6087285434314382471'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6087285434314382471'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/07/la-cultura-del-pan-en-arino-vi.html' title='La cultura del pan en Ariño (VI)'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-9034220590137172082</id><published>2009-06-30T18:37:00.007+02:00</published><updated>2009-07-01T09:55:24.730+02:00</updated><title type='text'>La cultura del pan en Ariño (V)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como vemos todas estas labores eran pesadas, y había que realizarlas en el menor tiempo posible. Las familias que se dedicaban exclusivamente a la agricultura normalmente tenían más tierras, así que entre atender lo que tenían de cereales y la huerta, iban siempre “azacanados”, como se decía en Ariño, es decir desbordados por sus muchos trabajos. En las que tenían unas cuantas tierras de secano y algo de huerta, que eran la mayoría, los hombres generalmente trabajaban además en las minas, así que el trabajo también les sobraba por todos lados y no les quedaba más remedio que emplear, además de todos los días festivos, parte de sus vacaciones reglamentarias, reservándose el resto para coger las olivas. En una palabra, que todos, hombres mujeres (y hasta los niños) en verano trabajábamos muchísimo. Los hombres adultos solían llevar la peor parte y, cuando los recuerdo, me producen una sensación no de lástima, sino de orgullo y admiración porque eran unos trabajadores formidables que se sacrificaban por toda la familia sin una queja, y sin hacer el más pequeño alarde, como si fuera la cosa más lógica y natural; y aún les quedaba alegría y satisfacción para cantar alguna que otra jota, cosa que ahora hemos olvidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las familias realizaban estas labores por las mismas fechas y todo el pueblo terminaba casi a la vez. En compensación a las muchas fatigas pasadas tenían lugar, al igual que en muchos pueblos, las fiestas mayores que en Ariño se celebraban en honor del santo Patrón san Roque, y servían a la vez para relacionarse los chicos y las chicas; trataban de verse, conocerse, bailar y, como consecuencia de ello y de algún que otro bienintencionado consejo materno, solían aparecer algunos nuevos noviazgos cada año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante las fiestas se olía por las calles a carne asada de cordero, lo que en contadas ocasiones sucedía a lo largo del resto del año. Si la cosecha no había sido buena las fiestas no eran tan alegres, pero también en este caso eran una buena terapia para las tribulaciones pasadas y venideras, así que siempre eran bien recibidas por todo el mundo, y por descontado por todos los jóvenes de ambos sexos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos dejado reposando al trigo en el granero hasta que, en los momentos programados a lo largo del año, en cantidad de un par de talegas, se le ponía otra vez en movimiento para llevarlo al molino, transportado como siempre, sirviéndose de las caballerías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El molino estaba a orillas del río Martín, más abajo de los Baños, a unos 3km del pueblo. La instalación hidráulica consistía en un canal grande bien hecho con cemento, que tomaba el agua del río muy cerca de los Baños y terminaba en un edificio grande tipo almacén, que llamábamos “el molino”, dentro del cual, al fondo, estaba el salto de agua con sus correspondientes turbinas, las cuales movían las ruedas del molino propiamente dicho. A la salida se veía un considerable caudal de turbulentas aguas y, dicho sea de paso, en esta zona se pescaban a veces barbos de buen tamaño. Este era uno de los mejores sitios para pescar de todo el río, ya que los barbos lo preferían por alguna razón que desconozco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda aquella instalación, con sus corrientes, sus torbellinos y su estrépito, era un poco sobrecogedora y peligrosa, especialmente para los niños, que solíamos acompañar a los padres cuando llevaban el trigo a moler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo gestionaba y maniobraba el “tío molinero” que, mediante el pago de un módico importe por el servicio, devolvía en las mismas talegas el trigo convertido en harina de molienda, es decir harina mezclada con cáscara de trigo. Con esta harina se habría fabricado pan integral, pero todos preferíamos el pan blanco, porque nos gustaba más, sin saber que se desperdiciaban la mayor parte de las vitaminas. La harina se cernía en los tornos que había en algunas casas del pueblo, quedando separada de la cáscara, que recibía el nombre de salvado. Este servía, mezclado con remolachas, patatas pequeñas hervidas, calabazas, etc., para comida de los cerdos; así que con estos alimentos, mejores que las bellotas, no es extraño que los cerdos criasen, en Ariño, estupendos jamones. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-9034220590137172082?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/9034220590137172082/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=9034220590137172082&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/9034220590137172082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/9034220590137172082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/la-cultura-del-pan-en-arino-v.html' title='La cultura del pan en Ariño (V)'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-8711735445356426003</id><published>2009-06-29T17:48:00.006+02:00</published><updated>2009-07-02T22:30:36.494+02:00</updated><title type='text'>La cultura del pan en Ariño (IV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En Ariño todos los trillos eran muy parecidos y bastante simples. Pesarían unos 50kg y tenían forma más o menos rectangular. Estaban hechos con varias tablas gruesas de muy buena madera, curvadas ligeramente hacia arriba en su parte anterior, muy bien ensambladas, y unidas por dos fuertes travesaños cuadrados, también de madera, atornillados en la parte superior. En la parte de abajo llevaban multitud de alojamientos rectangulares, en los que había, insertadas a presión, piedras pequeñas de pedernal con aristas, que hacían el efecto de cuchillas. De vez en cuando había que repasar el trillo y reponer las piedras que se habían embotado o desaparecido. Además de las piedras solían llevar varias sierras de acero y cuatro ruedas, también de acero, de unos 6cm de diámetro, afiladas de forma apropiada para ejercer el efecto cortante deseado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes he dicho que estos eran trillos simples, porque en alguna parte he visto trillos de aquella época que son verdaderos alardes, con multitud de artilugios de hierro salientes por todos lados. Supongo que debían de ser eficaces, pero no sé si yo me hubiera subido a uno de estos aparatos sin que alguien me convenciese totalmente de que era menos peligroso de lo que parecían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encima del trillo se situaba el cabeza de familia, con el látigo en la mano y, comprobando que todo era correcto, se daba la orden de marcha y a dar vueltas y vueltas, arrastrando los burros al trillo y al ocupante. Después de dar media docena de vueltas se cedían las riendas a los chicos, que ya estábamos reclamándolas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio las caballerías iban a buen paso e incluso al trote. Más tarde, por cansancio, aburrimiento, calor o por mareo, iban bajando la velocidad y si no se les amenazaba continuamente, llegaban a pararse descaradamente y, para más ignominia, se ponían a comer en la parva. Esto solía ocurrir cuando el trillador era una chica, o un chico de pocos recursos. Resuelto este incidente y otros parecidos y a puro de vueltas y de sol, se iban, poco a poco, troceando las pajas y desgranando las espigas, que es lo que con todo este montaje se pretendía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Normalmente se trillaba con un solo trillo, pero alguna vez se ponían dos en paralelo, uno ocupado por el trillador y el otro lastrado con un peso. El control de la operación era más difícil y fuera por esto, o porque era un lío tener dos trillos, el caso es que esta modalidad de trilla raramente se practicaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los chicos participaban con gran entusiasmo en la trilla, porque les gustaba muchísimo, ya que se trataba de una especie de tiovivo ecológico muy divertido. Por otra parte además de divertirse eran de gran ayuda, porque mientras ellos trillaban, los mayores, horca en mano, iban dando vueltas a la parva, es decir haciéndole una especie de peinado a rayas paralelas. Con estas maniobras iban saliendo a la superficie las pajas largas, que se “escondían” del trillo en la parte inferior de la parva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo bebía mucha agua en el botijo y, a media mañana aparecía la dueña de la casa con el almuerzo, era recibida con gran algazara y regocijo, y se reunían los comensales en un esquina de la era, mientras el más sacrificado, que solía ser el padre y muchas veces la madre, seguía trillando hasta que le tocase su turno de desayuno, es decir cuando acabasen todos los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el experto, es decir el cabeza de familia, consideraba que la parva estaba suficientemente trillada, se daba la orden de parar las caballerías, las que por una vez obedecían inmediatamente. Se desmontaba el tinglado de trillar y se procedía a amontonar la parva, lo cual requería el uso del rastro y de unas escobas especiales hechas con ontinas, que eran arbustos de ramas finas y flexibles bastante resistentes. Estas escobas no tenían mango de palo como las que se utilizan en las casas, por lo que había que escobar agachados, sujetándolas con ambas manos a la vez, sufriendo bastante los riñones (o más propiamente las vértebras lumbares). Como en esta labor de amontonamiento participaban normalmente varias personas, por suerte se acababa en poco tiempo, obteniendo finalmente un montón cónico de unos 2m de altura de una mezcla de paja y grano, y otro más pequeño de arcilla en polvo y grano que llamábamos “el solar” (resultado del barrido), que se situaban en un puntos estratégicos de la era, elegidos de acuerdo con el viento dominante de la zona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El programa de la trilla era trabajar hasta el mediodía aprovechando bien el calor del sol, recoger la parva, ir personas y animales a comer a casa, y por la tarde, sin pérdida de tiempo, volver a la era para aventar. Este programa podía tener variaciones en función del gusto y circunstancias de cada uno, así que al expuesto podemos llamarle programa tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para aventar, que así se llamaba al proceso de separar el grano de la paja, era necesario que hiciera buen viento (ni escaso ni excesivo y en buena dirección y sentido) cosa que, por raro que parezca, casi siempre sucedía. Con ayuda de las horcas que eran, por así decirlo, como unos tenedores gigantes de cuatro púas, que al parecer se obtenían (dondequiera que las fabricasen) de ciertos árboles a base de cortar las ramas apropiadas y darles la forma conveniente, se iban tirando al aire las horcadas de paja mezclada con el grano, cayendo este casi vertical, y separándose la paja arrastrada por el viento. Por este procedimiento físico elemental repetido una y otra vez, se conseguía la casi total separación entre el grano y los elementos de menor densidad, como el polvo, la paja, y un variado grupo de partículas indeseables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se había separado la casi totalidad de la paja, y reducido por tanto considerablemente el tamaño del montón inicial, se seguía aventando con pala de madera, y finalmente, utilizando cribas y porgaderos, que son tamices circulares con borde de madera, se completaba la separación total. Esta fase final de separación de piedras, cachurros, pajas y demás contaminantes, era la especialidad de las mujeres, ya que requería mover los tamices con un cierto garbo, y los hombres tenemos que reconocer que por lo general somos un poco desgarbados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto la paja que había ido arrastrando el aire al aventar, se iba poco a poco acumulando en la era y, utilizando un rastro, se amontonaba en la boquera del pajar, que había sido abierta previamente retirando las piedras que la taponaban. Sirviéndose de una horca se traspasaba fácilmente al interior, donde quedaba almacenada. De allí se iría retirando saco a saco a lo largo del año, para ser empleada en gran número de aplicaciones, en las cuales era prácticamente insustituible. La operación de separación del trigo del montón al que según hemos dicho llamábamos solar se hacía al final, para no contaminar a la paja con el abundante polvo de arcilla resultante del barrido de la era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el grano bien limpio obtenido a base de unos cuantos ciclos de criba y porgadero, se iban llenando las talegas y generalmente al anochecer, siempre con la ayuda de las caballerías, usadas una vez más como medio de transporte de cargas pesadas, se llegaba con las talegas a casa. Entonces había que subirlas al granero, que estaba en el piso superior de la vivienda, donde menos humedad había. Las operaciones de carga, descarga y subir el trigo al granero correspondía a los hombres, porque se requería mucha fuerza. El caso es que con estos esfuerzos algunos terminaban herniados, y además para siempre, ya que la operación para reparar la hernia era desconocida, al menos en mi pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las talegas se vaciaban en el granero y allí quedaba el trigo, lo más desparramado posible, en espera de sus futuros traslados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La trilla se realizaba, en la forma descrita, todos los días seguidos que fuesen necesarios según la importancia de la cosecha, y al final de estas operaciones todo el grano quedaba a buen recaudo, extendido en el granero.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-8711735445356426003?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/8711735445356426003/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=8711735445356426003&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8711735445356426003'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8711735445356426003'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/la-cultura-del-pan-en-arino-iv.html' title='La cultura del pan en Ariño (IV)'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1634257189788800383</id><published>2009-06-28T23:59:00.008+02:00</published><updated>2009-06-29T00:37:28.218+02:00</updated><title type='text'>La cultura del pan en Ariño (III)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Para beber se utilizaba el agua de balsetes y de balsas. Era de un color blanquecino debido a la arcilla que llevaba disuelta, pero tenía un saborcico a campo que a todos nos gustaba y siempre se alababa. Había que compartir el uso de balsas y de balsetes con toda clase de animales, unos de dos patas y otros de cuatro, como por ejemplo aves y ganado, además de una variada fauna de bichos acuáticos, a los que para que no acabasen en el interior de los botijos o de los cántaros, se los alejaba por centrifugación, haciendo círculos en el agua con la mano, girando deprisa. Con todo, nunca se podía garantizar que alguno no acabase en el cocido o en las tripas de los presentes; sin embargo aquellas aguas eran inofensivas y además, como procedían directamente de la lluvia y no del subsuelo como las de ahora, apenas tenían sales disueltas y con ellas se cocían las judías estupendamente, lo cual dejaba a las personas pensativas pero convencidas de su buena calidad, sin precisar mayores argumentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando hablo del agua estoy pensando en la que se utilizaba para beber, ya que para el aseo personal se gastaba muy poca; se lavaban las manos y los ojos y poco más, a no ser que una tormenta sorprendiese a alguien al raso, en cuyo caso a la fuerza se remojaba todo el cuerpo, lo cual sucedía muy pocas veces, que la gente no era tonta. Aunque esta situación de infrahigiene solía prolongarse por espacio de unos cuantos días, en el campo todo el mundo olía a romero, a tomillo y a espliego, y casi nadie olía a otras cosas, seguramente porque la sabia Naturaleza de alguna manera conseguía que aquellos olores a plantas aromáticas se impusieran sobre los menos agradables y así todo el mundo estaba tranquilo y nadie era rechazado por este motivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se dormía en el mas el alumbrado nocturno era el que proporcionaban los candiles de aceite, las llamas del fuego y algunas veces la luna. No es mucho, pero nadie se quejaba y además la noche no necesitaba mucha luz, ya que estaba hecha para que en la temporada de la siega pudieran, con suerte, dormir las personas de bien que entonces eran casi todas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dormitorios eran los pajares, en los que siempre se oían ruidos que hacían sospechar la existencia de ratoncillos inofensivos que no asustaban a nadie. Ellos sí que tenían motivos para estar asustados ante la invasión del pajar por aquellas moles humanas que eran realmente peligrosas. Aunque los humanos tampoco molestaban mucho, porque al cabo de cinco minutos estaban todos durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se daba por terminada la siega, se hacía el cómputo definitivo de lo cosechado. Estimaciones aproximadas se venían haciendo desde que asomaban en la tierra los primeros brotes. Las sucesivas aproximaciones hacían que nadie se llevase sorpresas. La única sorpresa podía producirla lo dicho del pedrisco y aún esto era un factor correctivo que estaba en todas las mentes aunque se hablase poco de ello, por aquello de “no llamar al mal tiempo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalizada, pues, la siega, empezaban las operaciones de trillar lo cosechado. Cuando los campos eran de cierta dimensión y se hallaban lejos del pueblo (a veces hasta varias horas de camino) se solía disponer de mases con era y se trillaba allí mismo. Por cierto los mases tenían un olor característico, que me parecía encantador y es para mí inolvidable. Aunque a mí me gustaba, no sé que les parecería a los demás, ya que no se lo he dicho a nadie y nunca he oído comentarios acerca de este asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema de trillar en la era de la masía tenía pros y contras, porque si bien el acarreo era menor, ya que la paja se quedaba en el pajar, en cambio había que estar más días fuera del pueblo, con los consiguientes problemas de avituallamiento y demás. El caso es que si se decidía trillar en la masía, los agricultores, acabada la trilla, terminaban yendo al pueblo con las caballerías cargadas de talegas llenas de grano, las cuales pesaban lo suyo, es decir lo justo para que no se descojonasen los animales. Casi siempre se tenían que realizar varios viajes, haciendo padecer, quizá más de la cuenta, a los sufridos acarreadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si se decidía trillar en el pueblo, volvía todo el grupo de segadores a casa, y sin tardanza, se continuaba con lo que se llamaba acarreo, que consistía en llevar los fajos desde los campos, que, como queda dicho, a veces estaban muy lejos del pueblo, hasta las eras que había en los alrededores. Estas eras se compartían con otros propietarios y tenían anexos los diferentes pajares. Cada propietario, a base de acarreos, iba acumulando en las proximidades de la era su cosecha, amontonando en fajinas los diferentes cereales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta labor de acarreo generalmente era incumbencia del cabeza de familia o de los hijos mayores, ya que no todo el mundo era capaz de cargar bien las caballerías de manera que no se quedase la carga por el camino. Se requería fuerza para sujetar bien los fajos con las sogas, y saber de qué forma había que colocarlos para que no se fueran descolgando y acabaran finalmente en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los burros, que durante la siega estaban todo el día mirando dulcemente a los segadores, cuando tocaba el acarreo las pasaban “moradas”, sudando lo suyo. El amo, durante el camino de ida hacia el campo, iba montado dando cabezadas debido al enorme madrugón y siempre a riesgo de venirse al suelo. Una vez en el campo, cargaba las caballerías, que solían ser dos, con seis fajos cada una y luego regresaban, amo y burros al pueblo, aquel arreglando de vez en cuando las cargas y los burros aguantando el tipo como podían, aunque se les notaba más animados en el momento que se les orientaba mirando hacia la población, seguramente imaginando el contenido del pesebre. Esta labor de acarreo siempre me pareció poco fatigosa para quien la realizaba, seguramente porque yo nunca la hice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La trilla era otra de las labores en que participaba toda la familia con su caballería y la del coyundero, esta prestada como habíamos dicho, porque para trillar se necesitaban dos caballerías. Si se tenían dos caballerías en propiedad, la cosa era más sencilla, pero como se puede intuir fácilmente, esto tenía otra clase de inconvenientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día de trilla se extendían de buena mañana los fajos en la era y a continuación se deshacían, de forma que quedase la mies lo más desordenada posible, y se iban reuniendo y guardando para el año siguiente los vencejos. La mies extendida se denominaba parva, que tendría un espesor de unos 30 a 50cm y debía ser lo más uniforme posible en cuanto al espesor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación se aparejaban las caballerías con las colleras y las trilladeras, al final de las cuales había un gancho de forja al que se enganchaba el trillo por medio de un fuerte anillo muy bien sujeto al mismo en su tercio anterior. Los respectivos ramales bien unidos a las cabezanas de las caballerías quedaban situados a derecha e izquierda en manos del trillador, sirviéndole para dirigirlas, ya que éstas la mayor parte del tiempo iban medio dormidas. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1634257189788800383?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1634257189788800383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1634257189788800383&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1634257189788800383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1634257189788800383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/la-cultura-del-pan-en-arino-iii.html' title='La cultura del pan en Ariño (III)'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-220397770954073582</id><published>2009-06-27T20:23:00.003+02:00</published><updated>2009-06-27T20:55:58.461+02:00</updated><title type='text'>La cultura del pan en Ariño (II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los tajos de segadores que hemos apuntado antes, los componían personas de todos géneros y edades: se veían hombres, mujeres, abuelos, personas de mediana edad, niños y niñas. Todos hacían algo en la medida de sus posibilidades, aunque verdaderamente los chavales pequeños, además de llevarles el botijo a los segadores, lo que más les divertía era perseguir a toda clase de bichos, coger flores (esto más bien las niñas&amp;shy;&amp;shy;) e inventar toda clase de chorradillas. Para ellos, aparte de arrancar las matas que podían, la ocasión era una fiesta, sobre todo por ver reunidas a tantas personas, situación que les encantaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces aparecía una ayuda imprevista, como la llegada de un pastor amigo con su ganado. Después de los saludos de rigor, pedía una hoz y se ponía a segar un rato con todos. Además ordeñaba alguna de sus cabras y regalaba un puchero de leche. En justa correspondencia se le invitaba a merendar y se le animaba a beber unos buenos tragos de vino. Todo con una fraternidad admirable. A mí todo esto me parecía muy bien, aunque yo entonces era muy pequeño para que mi parecer fuera tenido en cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las herramientas que se utilizaban para segar eran las hoces, las zoquetas y nada más. Con una hoz, o fal (que también así se llama) unos vencejos, un botijo con agua y un burro para llevar y traer al segador y a los escasos aperos necesarios, ya se podía segar; aunque con poca ayuda, insistimos en que la situación era pesada, aburrida e interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hoces siempre funcionaban razonablemente bien, apenas se desgastaban y ni siquiera se perdían. Supongo que las fabricaban en el Norte, ya que ello tenía su miga y entonces las cosas de buen acero solían hacerse en Las Vascongadas. Aunque las hoces fueran viejas, seguían cortando bastante bien. Las zoquetas eran como unos rudimentarios guantes de madera que servían como protección de la mano que sujetaba la mies. Llevaban un agujero para que “respirasen los dedos” y una beta, que así se llamaba a una cinta para sujetar la zoqueta a la muñeca izquierda (si el segador era diestro). Esta cinta siempre era negra porque si de principio había sido blanca, con el tiempo acababa siendo también negra. Era curiosa la forma de sujetar la zoqueta a la muñeca: difícil de explicar aquí, pero el caso es que resultaba fácil de ajustar la tensión y además no molestaba, a pesar del trajín que en la operación de segar llevaba la mano izquierda. De todos modos aquellas manos se quejaban muy poco, todo sea dicho. Estas zoquetas también eran eternas y con los roces cada vez más finas al tacto. Ahora las vemos, colgadas de las paredes, como muestra de objetos raros, y la gente las mira con expresión intrigada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al parar temporalmente o definitivamente de segar, cada segador ataba la zoqueta al mango de la hoz, y allí se quedaba colgando. Luego se juntaban todas las hoces y se envolvían con una tela de saco, asegurando el conjunto con una cuerda bien atada. Estas maniobras de seguridad todo el mundo las aplicaba, porque se sabía, sin lugar a dudas, que las hoces descontroladas son herramientas peligrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, respecto a las zoquetas diré, que cuando dormía en casa de mis abuelos y de madrugada, muy temprano, oía abajo, por el patio empedrado, el ruido de las zoquetas chocando unas con otras y captaba el ajetreo de los preparativos para ir toda la familia completa a segar al puerto (que era donde mis abuelos tenían una masía y unos cuantos campos) para estar allí varios días, sentía una inmensa alegría, de esas que bastantes veces sienten los niños; hecho que a los mayores nos pasa desapercibido, por falta de atención al recuerdo de nuestras propias vivencias infantiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calidad de la comida durante la época de la siega era la mejor de todo el año: como se realizaba un ejercicio agotador, había que proporcionar al cuerpo calorías abundantes; así que para esta ocasión se reservaban el jamón bien curado del año anterior (aquel si que era buen jamón) y las conservas en aceite de cosas selectas del cerdo: chorizo, longaniza, lomo y costillas. Al mediodía se comía de caliente que solía ser: rancho de patatas con carne, patatas con judías y cosas del cerdo, etc., etc. No recuerdo que comiéramos segundo plato, ni postre; quizá olivas que eran un complemento alimenticio muy socorrido y frecuente, por tener muchas y buenas calorías y ser fáciles de conservar. Era divertido ver comerlas haciendo seguidamente puntería soplando con fuerza los huesos, aunque algunos hombres alardeaban de comerlas con hueso y todo, y otras veces las trituraban con los dientes, demostrando la fuerza de las mandíbulas y el buen estado de la dentadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La comida se terminaba con unos buenos tragos de vino del tonelillo o de la bota, y acto seguido se reemprendía el trabajo sin contemplaciones a la digestión, a la siesta, ni a nada. Yo creo que se hacía porque, de seguir un rato más sentados, hubiera sido muy difícil levantarse después. Por otra parte la comida se hacía muchas veces a pleno sol, ya que en el monte no había árboles y las sombrillas ni siquiera se habían inventado y el estar a pleno sol obliga, como mal menor, a levantarse y continuar segando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde se hacía una parada para merendar, y entonces se servían en bandejas unas magras y unos bocados de conserva que se agradecían, aparte de por su valor intrínseco, porque la merienda representaba un respiro en el esforzado trabajo realizado después de la comida. Esta merienda era como un coffee-break a lo bestia, aunque entonces esta expresión inglesa nadie la conocía ni falta que nos hacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo aquel grupo de gente tenía sus necesidades fisiológicas: cuando menos mear e incluso cosas mayores. Para evitar el indecoroso espectáculo a las posibles miradas, se contaba con los romeros, que solían abundar por los alrededores; y si había alguna sabina, que son más voluminosas, mejor que mejor. El &lt;em&gt;papel higiénico&lt;/em&gt; eran las piedras, ya que el papel auténtico no solía verse más que en las escuelas y en las carnicerías para envolver la carne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, a alguien se le cortaba la digestión o tenía algún malestar interno. En estos casos, el tratamiento siempre era beber un vaso de gaseosa efervescente, que se preparaba sobre la marcha, echando en un vaso de agua dos sobres de distinto color de la marca Armisén, que reaccionaban rápidamente y había que beber a toda prisa. Era raro que con estos zarandeos y las explosiones de las burbujitas no se acabara remojando también los ojos y las barbas del paciente; pero, de cualquier modo, fuera por el efecto placebo, o fuera por lo que fuera, el caso es que el afectado pasaba a encontrarse mejor al cabo de poco rato. Este tratamiento era válido incluso para las caballerías, en cuyo caso se ponía dosis doble o triple, se añadía también aceite, se metía todo en una botella y, tras acostar a la caballería (lo que requería gran esfuerzo y habilidad), se le hacía tragar el “combinado” a viva fuerza, metiéndole el cuello de la botella por el lateral del morro, a pesar de los esfuerzos del animal por evitarlo. El primer indicio de los benéficos efectos de la medicina era un sonoro eructo mayor, como es de suponer, en el caso de los animales, pero no despreciable en el caso de las personas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-220397770954073582?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/220397770954073582/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=220397770954073582&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/220397770954073582'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/220397770954073582'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/la-cultura-del-pan-en-arino-ii.html' title='La cultura del pan en Ariño (II)'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-45260980325738769</id><published>2009-06-26T22:11:00.003+02:00</published><updated>2009-06-26T22:26:50.135+02:00</updated><title type='text'>La cultura del pan en Ariño (I)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace unos 60 años, en cada casa de mi pueblo se encargaban de producir el pan que consumiría la familia durante todo el año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El proceso para disponer de pan era muy largo y la posibilidad de tenerlo durante todo el año era la garantía de que uno de los principales problemas de la alimentación familiar estaría resuelto. Por ello la familia dedicaba a este asunto los máximos esfuerzos. Por el contrario, si una familia no conseguía el pan suficiente, la preocupación era constante, y al final se veían obligados a pedir dinero prestado a quien lo tenía, pagando a veces por él un elevado interés. Esto solía ocurrir, de vez en cuando, allá por la primavera. Salvo los agricultores más ricos, que eran una minoría, los demás a duras penas conseguíamos cada año el pan estrictamente necesario para cubrir las necesidades familiares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo normal era disponer de uno o de dos burros, que eran las máquinas de los mil usos. Servían para todo, pero siempre estaban comiendo. Cuando se tenía una sola caballería, término genérico que se utilizaba para referirse tanto a burros como a burras, machos, mulas, etc., se llegaba al acuerdo con algún agricultor del mismo nivel para prestarse mutuamente las caballerías, de acuerdo con las necesidades de ambos. A este acuerdo se llamaba acoyundar y, por raro que parezca, funcionaba bastante bien. Ciertamente las caballerías prestaban un servicio, pero a su vez requerían tal atención y consumían tanto en alimentación, que muchas veces no se sabía quién trabajaba más para quién, si el burro para el amo, o el amo para el burro. El caso es que el fallecimiento de una caballería era una desgracia para la familia, ya que, cuanto antes, había que comprar otra, con lo escaso que estaba el dinero y lo caras que eran. Además estaba el aspecto sentimental, ya que frecuentemente el animal fallecido había llegado a ganarse, merecidamente, el aprecio de toda la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer paso para llegar a tener pan era la siembra del trigo. Al mismo tiempo se sembraba cebada centeno y avena, estos ya principalmente para el burro, según queda insinuado anteriormente. La siembra requería una adecuada humedad de la tierra, es decir un buen tempero. Entonces se quedaba a la espera de que naciera bien, lo que muchas veces era dudoso, porque se había sembrado con mal tempero, es decir casi en seco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todas estas labores de siembra la herramienta principal era, como es bien sabido, el arado romano, el cual no era cómodo de usar, transportar y almacenar, pero era eficaz, fiable y sencillo. En definitiva este método de labranza fue muy útil a lo largo de muchos años. Con frecuencia se habla de él en forma injusta y despectiva, pero creo que alguna vez tendrá el reconocimiento que se merece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez nacido el trigo, era preciso que lloviera lo suficiente para tener buena cosecha, lo cual casi nunca sucedía. Al menos yo no recuerdo haber visto una buena cosecha más que cada cinco o seis años. En verano, el trigo superviviente a los distintos contratiempos quedaba listo para la recolección, es decir, para la siega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La siega se realizaba exactamente en la época del año en que son posibles y probables las tormentas, algunas de ellas con pedrisco, que podía malograr completamente la cosecha, porque los pedriscos a veces eran, según se decía, “como huevos de paloma”. Yo huevos de paloma no he visto, porque no es fácil, pero tengo clara la idea de su tamaño por el de los pedriscos, que a esos sí que los he visto unas cuantas veces. Ante el peligro de las tormentas, se trataba de segar “contra reloj” que diríamos ahora. Entonces la expresión era “a toda leche” que tampoco tiene mucha lógica. El caso es que en cuanto la mies estaba a punto, había que recogerla cuanto antes, como es natural. De acuerdo con esta circunstancia y gracias a la solidaridad imperante, los que podían ayudaban a segar a familiares y amigos, formándose casi siempre tajos compuestos por unas cuantas personas. Alguno que otro segaba sin ayuda, pero una sola persona segando, con el burro atado en un ribazo, ambos bajo el inmisericorde sol del verano, es una de las situaciones penosas que pueden imaginarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el proceso de segar se iban generando primero gavillas, que son fajos pequeños. Con varias gavillas superpuestas atadas con vencejos, que son sogas de esparto de 2m más o menos, se formaban los fajos, que se agrupaban en fajinas, que eran como prismas triangulares tumbados, o por decirlo más correctamente, apoyados por una de sus caras laterales. En estas fajinas, los fajos quedaban apretados unos contra otros, muy bien asegurados. Las fajinas se medían en fascales; así, se decía: esta fajina es de un fascal, de dos, de tres y así sucesivamente, teniendo en cuenta que un fascal equivale a 30 fajos. Estoy seguro de que en estos momentos pocos jóvenes de Ariño saben lo que significan estos nombres que entonces eran de uso normal y corriente y los conocía todo el mundo. Algunos de estos nombres, aunque en principio creamos que son expresiones ya caducadas, figuran todavía en los diccionarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las casas que tenían poco para segar y por tanto les sobraba algo de tiempo, se solía espigar, que es recoger en el rastrojo las espigas que se habían ido cayendo durante la operación manual de la siega. Esta labor de recogida también se hacía a veces en el camino de regreso, generalmente por los chicos (ya que debido a su agilidad se agachan y enderezan sin problemas), y se llegaba a casa mostrando con orgullo un hermoso manojo de espigas destinado a las gallinas del corral, que lo recibían alborozadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como vamos viendo, se aprovechaba todo. Incluso había quienes, en un capazo, iban recogiendo por los caminos los boñigos que dejaban las caballerías. Los límites de aprovechamiento dependían del nivel de necesidad de las familias, aunque pocas andaban muy holgadas. En estos casos solía venirnos a la memoria aquello de: “cuentan de un sabio que un día. . .”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La labor de segar se compaginaba con la de regar la huerta. Algunas veces tocaba segar por el día y regar por la noche. ¿Y dormir? Con frecuencia se dormía en la propia huerta esperando el turno de riego y otras veces se dormía por los caminos, montados en las caballerías. Algunos terminaban en el suelo, contratiempo que se guardaban de divulgar, para no servir de cuchufleta a sus convecinos. En fin, se dormía donde y cuando se podía, o cuando el cuerpo se declaraba en total rebeldía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante esta época de la recolección del grano, se empleaban en ello todas las horas del día y unas cuantas de la noche; por supuesto, los sábados y domingos, apenas contaban a efectos festivos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-45260980325738769?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/45260980325738769/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=45260980325738769&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/45260980325738769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/45260980325738769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/la-cultura-del-pan-en-arino-i.html' title='La cultura del pan en Ariño (I)'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1363324178013428858</id><published>2009-06-15T18:59:00.004+02:00</published><updated>2009-06-15T19:52:53.123+02:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS -Don Mariano-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Al comenzar el curso 1949-1950, cuando yo acababa de cumplir doce años, llegó don Mariano, con plaza en propiedad, a la escuela de Ariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era natural de Albalate del Arzobispo, estaba casado y tenía una niña pequeña. Se alojaron en una casa próxima a la plaza de la Cárcel, al comienzo del barrio de La balsa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daba la sensación de que consideraba a Ariño como destino casi definitivo, que lo cambiaría únicamente si aparecía alguna vacante a su medida en el propio Albalate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendría entonces poco más de 30 años y no sé si llegó a ir a la guerra en alguna de las últimas quintas que llamaron a filas. Desde luego, si no fue, se libró por los pelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Mariano y su familia produjeron muy buena impresión desde el primer momento y, con los años, aquella  expectativa se comprobó que era totalmente acertada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su apellido y el hecho de ser persona de carrera (privilegio muy escaso en aquella época) nos hicieron suponer que pertenecía a alguna familia notable de Albalate, aunque este extremo no llegamos a confirmarlo, simplemente por falta de una mínima curiosidad en estas cuestiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era alto, bien parecido, nariz aguileña, músculos largos y pocas grasas. A pesar de su juventud tenía ya apuntadas amplias entradas en el pelo que, totalmente liso, peinaba sin contemplaciones hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó optimista y contento a Ariño y esta fue su imagen habitual a lo largo de los años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con este maestro hicimos buena migas enseguida porque además de verlo prácticamente como paisano nuestro, intuimos que era un hombre bueno y generoso que venía dispuesto a dar lo mejor de sí mismo a sus alumnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajó para que consolidásemos aquellos conocimientos que nos había transmitido don José hacía años, y además fomentó nuestro interés por el dibujo y la pintura y nos instruyó en algo que no había hecho ninguno de los anteriores maestros, incluido don José: la Historia Sagrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respecto a las artes plásticas, el hecho de practicarlas en clase generalizó la afición entre los alumnos y comenzaron a surgir las vocaciones y, a mi modo de ver, las más claras fueron la del Antonio el Novella y la mía. Mosén José Fuster que entonces era el cura párroco de Ariño, enterado del ambiente artístico de la clase, nos propuso un concurso de dibujo que consistió en copiar un retrato del Papa Pío XII, en papel, con lápices de colores. Quedamos finalistas Antonio y yo, y mosén José finalmente eligió mi dibujo (reconozco que tampoco era gran cosa) y lo enmarcó para ponerlo en la casa en que vivía (la casa del cura).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que a veces, tanto el Antonio como yo, en aquella hermosa plaza de cemento que había nada más salir de la escuela hacíamos dibujos con tiza de nuestros héroes (el guerrero del antifaz, el pequeño luchador, etc.) de asombroso tamaño (algo así como cinco metros o más) y continuamente estábamos dibujando, sobre todo caras y cuerpos, copiando los de los comics, que nosotros impropiamente llamábamos tebeos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Mariano adoptó la norma de dictarnos cada sábado el Evangelio que tocaba el domingo próximo. En aquellas páginas dejábamos un espacio vacío y cada uno hacíamos en él, casi siempre de memoria, un dibujo alusivo al tema del dictado. A la hora de colorearlo no nos terminaban de convencer los lápices y comenzamos a ensayar con tintas; técnica esta de muy poco recorrido por la limitación de la gama de colores. Yo, que solía tener ideas curiosas, "inventé" un “pincel estilográfico” hecho con pluma de gallina como depósito para contener la tinta, pelos de cerdo cortados directamente del gorrino en el corral, bien sujetos e igualados en el tubo de la pluma, y un palillo con un hilo enrollado como émbolo. Se cargaba con tintas de colores y se tenían varios en batería. Incluso vendí alguno por algo así como 50 céntimos de peseta. Tampoco esta industria fue de gran proyección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que Santos Jiménez Comín, que era mi compañero de pupitre, vino un día con una caja de acuarelas y un pequeño pincel y aquello fue un importante acontecimiento generador de cierta envidia entre los compañeros. Y como nos las fue prestando a los amigos tuvimos nuestro primer contacto con este medio de pintura que nos asombró por sus notables posibilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como he indicado, el ambiente de clase, que hacía especial hincapié en lo artístico, me influyó de manera que, aunque he tenido cierta vocación por la técnica y en mi vida profesional he seguido ese camino, muchas veces me he preguntado si mi verdadera vocación no habrá sido el arte. De hecho siempre he practicado la pintura al óleo en la especialidad del retrato con un catálogo ya extenso de obras realizadas. Los hijos conocen a los padres muchas veces mejor de lo que nos imaginamos y uno de los míos, Javier, me lo demostró en una de sus primeras obras, el corto “cuídala bien”, cuando inesperadamente puso esta dedicatoria: “A mi padre, artista y buena persona” la que, además de definirme, fue para mí una de las medallas más importantes que podría recibir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a don Mariano, como queda dicho concedía importancia a la Historia Sagrada y nos explicaba metódicamente todo lo concerniente a estos conocimientos para ir llenando aquella laguna que teníamos en nuestra formación religiosa. Nos gustaba más que la Historia de España, a la que considerábamos como algo demasiado visto, con muchas fechas, y en donde siempre ocurrían cosas a la altura de los reyes pero al final casi siempre en perjuicio de sus vasallos. Esta falta de interés se debía a que la Historia de España era algo que no les atraía especialmente a los maestros, en principio porque no debía de importarles mucho a ellos (incluido don Mariano) y tampoco tenían libertad para interpretar los hechos históricos de otra forma que no fuese la oficial En total que los perjudicados fuimos nosotros, que pasamos sobre nuestra Historia, que sin duda debe de tener muchísimos aspectos ilustrativos y emocionantes, sin ilustrarnos ni emocionarnos especialmente con ninguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También don Mariano castigaba pegando con la regla y el puntero, pero con cara de pena, cuando la circunstancia lo requería, que era pocas veces, porque el ambiente de la clase era cordial y relajado. Sí que echaba broncas, también merecidas, y acostumbraba a llamar “calamidades” a los que “trillaban por fuera de la parva” que siempre los había, especialmente en aquellas conflictivas edades. De todos modos, para mi entender, el porcentaje era bastante bajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con él, que tenía una voz aceptable, cantábamos con entusiasmo algunas canciones del antiguo régimen, que, por cierto, sus letras siempre nos invitaban a hacer cosas grandes por España, trabajando todos mucho, muy unidos y empeñando en ello la vida si fuera necesario. Don Mariano generalmente tenía la precaución de dejar los cánticos para el final de la clase de modo que los ánimos alborotados por las canciones no repercutiesen en el sosiego necesario para el normal desarrollo de la actividad escolar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final del segundo curso que yo estaba con don Mariano, próximo a cumplir los catorce años nos prepararon los Certificados de Escolaridad que significaban el testimonio de la superación de una etapa de ocho años, que para mí habían sido muy positivos porque los había culminado sin ningún trauma, con muy buenos recuerdos y con un caudal de conocimientos que, según pude comprobar enseguida, era superior al que conseguían en otros muchos pueblos, ventaja inicial que en un mundo esencialmente competitivo no deja de tener su importancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la clase circulaba de vez en cuando una revistilla que se titulaba “Flechas y pelayos” que, como era de dibujos tipo comic, la veíamos con agrado. Allí apareció la noticia de que en Alcocebre (un pueblecito costero de Castellón) habría un campamento de verano de veinte días para “flechas”, es decir para chicos de nuestra edad, organizado por El Frente de Juventudes de Teruel. Nos fuimos animando, y al final nos apuntamos tres alumnos. Don Mariano se ocupó de los trámites (todo era gratuito) y, previo reconocimiento médico, las consabidas inyecciones contra el tifus y preparar algunas prendas de ropa interior, toallas y poco más, quedamos listos para aquella aventura tan bizarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque al terminar las clases en realidad quedaba cancelada oficialmente mi relación escolar con don Mariano, esta se prolongó porque nos emplazó para que al regreso del campamento le explicásemos cómo nos había ido, ya que él pasaría el verano entre Ariño y Albalate y tenía inquietud y curiosidad por saber como resultaba aquella operación que hasta cierto punto había sido impulsada por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestras madres, que demostraron tener bastante valor ya que aquella salida no tenía precedentes, nos dieron sus consejos una vez más, nos pusieron unas 25 pesetas en el bolsillo con el encargo de vigilarlas bien ya que eran un tesoro, y reunidos en la parada del autobús nos recogió un mando del F. de J., y junto con otros chicos de la comarca nos llevó a Alcañiz, donde pasamos la noche en un gran dormitorio del Hogar del F. de J., en literas, sobre colchonetas de tipo militar. Aquella noche aprendí la extraña expresión“¡Ya vale de cachondeo”!, que era la que el encargado del orden de toda la tropa que allí nos juntamos, repetía de vez en cuando en alta y amenazadora voz, debido a que, a pesar de estar las luces apagadas, seguían los ruidos y cuchicheos. A la mañana siguiente tomamos un tren que nos llevó a Tortosa, y desde allí, tras una interminable espera, otro nos llevó a Alcalá de Chisvert y finalmente un camión nos acercó a nuestro campamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella, que fue mi primera salida de Ariño, aprendí infinidad de cosas: cómo eran los trenes, el mar, los baños en sus saladas aguas, la flora y fauna costera, la convivencia con un centenar de chicos desconocidos, la disciplina campamental, el valerse por sí mismo con los propios y limitados recursos, la Formación del Espíritu Nacional, el respeto a la bandera española, y la clara percepción de su significado, en fin cantidad de cosas que antes o después nos tocó asumir a la casi totalidad de los chicos de nuestra generación. De hecho tengo fotos en grupo de unos cuantos que año tras año fueron yendo a aquel campamento que era nuestro modo de vacaciones y nuestro primer contacto con la civilización externa al reducido hábitat de Ariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al regresar del campamento, en el que me lo pasé estupendamente, hablé con don Mariano de todo, y le dije que me habían dado el número uno, que estaba dotado con una beca para seguir los estudios de formación profesional en Teruel. Don Mariano se alegró mucho por mí y por ver que su interés en mi formación se veía compensado. Yo tenía claro que mi formación era obra, en mayor o menor medida, de todos mis maestros y a don Mariano, que era el último y con el que seguiríamos tratándonos durante años, le pude expresar mi profundo agradecimiento, que después del tiempo transcurrido aún se mantiene vivo, en un lugar muy destacado de mi memoria y de mis sentimientos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1363324178013428858?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1363324178013428858/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1363324178013428858&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1363324178013428858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1363324178013428858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/mis-maestros-don-mariano.html' title='MIS MAESTROS -Don Mariano-'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7834769378440079361</id><published>2009-06-10T10:17:00.002+02:00</published><updated>2009-06-10T10:31:53.591+02:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS -Don Paco-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A mitad del curso escolar 1947-1948, al comienzo del cual acababa de cumplir diez añetes, apareció por el pueblo don Paco, que venía a sustituir a don Miguel. El nuevo maestro llegó a Ariño acompañado por su esposa y por un hijo de ambos de unos siete años, y se instalaron en un piso arrendado en una casa del barrio Bajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Paco, que tendría casi 35 años, nos sorprendió porque, aunque era alto, elegante y bien parecido, tenía un tic en los ojos que le hacía parecer un hombre raro que daba pena en ciertos momentos, cuando los movimientos convulsivos de exagerado parpadeo que le aparecían con frecuencia nos dejaban a todos mirándole, esperando ver cuando se le pasaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía unos andares más sueltos que don Miguel y era también un fumador empedernido que agotaba su cupo de tabaco de la cartilla de racionamiento y me mandaba, durante el horario de clase, a comprarle algún que otro paquete de “ideales” a casa de una señora que los vendía de estraperlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, don Paco no daba la imagen de ser una persona tranquila y segura de sí misma como los maestros precedentes, sino que parecía, nada más conocerlo, un hombre nervioso e inestable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En clase siguió unas rutinas de enseñanza parecidas a las de don Miguel y también me sirvieron para mantener frescos los conocimientos adquiridos con don José, aunque ciertas cosas, como el álgebra, los problemas gráficos sobre móviles y algunas más, ya no volvimos a verlas. El criterio sobre la caligrafía en lo que era tan estricto don José se relajó totalmente y cada uno hacía el tipo de letra que le parecía mejor; sin embargo pasado aquel “sarampión” de las caligrafías variables, al fin todos volvíamos a la letra sencilla y vertical que nos había enseñado don José y ya nos quedamos con ella sin que nadie nos la impusiera, prueba de que en el fondo era la que más nos gustaba. En cuanto al álgebra yo le propuse volver a estudiarla y me indicó que lo haríamos más adelante cosa que no sucedió, lo cual me hizo sospechar que mis maestros no la conocían porque no debía de figurar entre las asignaturas del Magisterio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella época la cumbre de la sabiduría en matemáticas se alcanzaba cuando se llegaba a hacer raíces cuadradas, y efectivamente las hacíamos, aunque no se supiera para qué servía aquel conocimiento. Por supuesto las raíces cúbicas ni siquiera se mencionaban. En cuanto a los problemas, don Paco tenía un libro de grandes tapas con muchos problemas donde venían sus resultados, nos lo dejaba en la sección y nosotros mismos señalábamos e intentábamos resolver los que nos parecían más interesantes. El caso es que al final los habíamos resuelto prácticamente en su totalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Paco me encargaba dos cometidos (aparte de la compra del tabaco) que podríamos llamar extraescolares: uno era el cuidado del orden en la clase cuando él la abandonaba, por el sistema de apuntar en la pizarra a los más insurrectos, y el otro, que practicaba con cierta frecuencia en invierno cuando revocaba el humo de la estufa, que consistía en subir al tejado a través de la carbonera y de la falsa, para poner tejas verticales junto al tubo en sentido conveniente según la dirección del viento. Aparte del riesgo que el andar por el tejado significaba, el provisional arreglo servía solamente para unos cuantos días, lo cual era un verdadera “lata”. Cuando años después estudié el tiro en las combustiones me di cuenta de que aquel tubo de la estufa de nuestra escuela simplemente necesitaba alargarse hasta una cota superior a la mayor del tejado y ponerle, al menos, un sombrerete en el extremo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En suma, don Paco, que bastante problema tenía con sus propias inseguridades y nerviosismos, nos fue atendiendo lo mejor que pudo durante el curso y medio que estuvimos con él, y luego cedió el puesto a mi último maestro, que fue don Mariano Bernad Carceller, de quien espero hablar en un próximo relato. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7834769378440079361?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7834769378440079361/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7834769378440079361&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7834769378440079361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7834769378440079361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/mis-maestros-don-paco.html' title='MIS MAESTROS -Don Paco-'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5658443557172418258</id><published>2009-06-05T19:49:00.003+02:00</published><updated>2009-06-06T11:03:48.463+02:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS –Don Miguel-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En 1947 se nos fue don José y nos quedamos un poco huérfanos, pero enseguida nos rehicimos, pues los niños en general no guardan luto durante mucho tiempo; aunque siempre hemos recordado, al menos yo, a aquel extraordinario maestro, como bien puede apreciarse en mis anteriores escritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De los siguientes maestros recuerdo más bien lo que se refiere a sus figuras y personalidades, ya que los niños observan atentamente a sus maestros incluso en su forma de vestir y apariencia general. También me vienen a la memoria pequeñas anécdotas del interior de la clase, pero sobre todo las cosas que hacíamos en las inmediaciones de la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer maestro que ocupó la vacante de don José fue don Miguel, que tendría unos 30 años, era de estatura media y fuerte complexión, y estuvimos con él algo así como medio curso. No sé de donde procedía, porque mi curiosidad no llegaba a tanto en aquella etapa de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Miguel se caracterizaba por ser muy atildado. Iba siempre impecable de los pies a la cabeza y le gustaba llevar trajes grises de chaqueta cruzada. Fumaba con boquilla y su pelo y peinado eran impresionantes (cuando hablamos de él con compañeros de aquellos cursos coincidimos en destacar su peinado). Siempre llevaba el pelo largo aunque limpio y bien cortado; se peinaba a raya pero las sienes las peinaba hacia atrás con visibles rayas del peine, resultando su peinado una obra de arte completada por lacas y abrillantadores. Usaba bigote, detalle que no era habitual en aquellos tiempos y, como era de esperar, lo llevaba siempre perfectamente recortado. Caminaba muy erguido y siempre en línea recta, sin descomponer para nada la figura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En clase no recuerdo que nos enseñara nada nuevo, aunque hacía correctamente su trabajo; así que lo que habíamos aprendido con don José lo fijamos más si cabe en la memoria. Don Miguel pegaba poco pero le teníamos respeto porque sabía imponerlo y además le ayudaba su seriedad característica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sistema de los bofetones preferido por don José se sustituyó por los punterazos dados en la mano con el puntero de madera que se usaba para señalar en la pizarra. Yo tuve la suerte de no probarlo, así que no sé con exactitud el daño que hacía; pero veía que cuando a alguno le aplicaban este castigo se llevaba la mano rápidamente al sobaco o se la metía directamente en la boca para intentar mitigar el dolor, así que parece que no tenía nada de agradable. Por otra parte el nivel de castigo era proporcional a la fuerza aplicada y guardaba relación también con la forma de poner la mano, ya que podía estar plana, o con los dedos juntos hacia arriba en la forma que llamábamos “capullo” en la que los golpes resultaban más dolorosos. El maestro tenía que sujetar con fuerza el brazo del reo pues, en caso contrario, en el momento de bajar el puntero el alumno movía la mano y el maestro fallaba el punterazo. Entre los chicos circulaba la especie de que si se preparaba la palma frotándola bien con ajo se rompía el puntero y algunos incluso la creían puesto que, sin demostración en contra, uno puede creer cualquier patraña. Nadie sometió a prueba la hipótesis del ajo, fuera por desconfianza en el resultado o por cogerle siempre el castigo completamente desprevenido y no ser pertinente decirle al maestro que esperase un poco para prepararse con ajo la superficie receptora.&lt;br /&gt;Algunas veces en que las faltas se consideraban menos graves, o bien no se tenía a mano o en buenas condiciones el puntero, se aplicaba el castigo sobre la palma de la mano con la regla (en aquella época eran de madera) y al golpe se le llamaba palmetazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que a partir de don José, como si se hubieran puesto de acuerdo, todos los maestros usaron estos nuevos métodos de castigo, aparte de un repertorio de otros menos dolorosos físicamente, como poner al castigado un rato de pie de cara a la pared o incluso de rodillas. Diré una vez más que nadie se escandalizaba de estas prácticas y los que habían sido castigados se guardaban bien de decirlo en sus casas por si les sobrevenía alguna colleja de propina por parte de sus padres, que daban el castigo del maestro por justo y merecido sin duda alguna, pues tal era el respeto y confianza que se les tenía a los maestros en aquella época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve yo un amigo, mi amigo Satur, que era de Ruesta, un pueblecito de Huesca. Sus padres eran muy amigos del maestro y en las frecuentes reuniones su padre le preguntaba por la marcha de mi amigo, y el maestro le contestaba: "pues va bien, pero enreda mucho”. El padre le respondía: “pues dele, dele”. Mi amigo cuando lo contaba decía: “y vaya que si me daba… ¡Y anda que no disfrutaban mis compañeros! Eso sí, menos uno que se compadecía y venía a mi lado y me decía todo compungido: “mecagüen…, ¿te ha hecho daño?”. Pongo este ejemplo para significar que en algunos casos el hecho de los castigos era una muestra del interés del maestro por el alumno, e incluso de una relación de amistad del maestro con los padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le conté a un amigo de Zaragoza que nuestros maestros nos daban alguna colleja y me dijo que él fue a un colegio religioso con el hermano X y aquel si que daba no collejas o bofetadas, sino verdaderas “hostias” (debía de ser por su vocación religiosa).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy llamamos a aquellos castigos “tremenda represión”, pero es necesario tener en cuenta que para valorar cosas de otros tiempos hay que saber situarse en aquel contexto, lo cual aunque parezca fácil no se consigue totalmente. Yo tengo la percepción de que dentro de unos años, cuando se hable de nosotros y se diga que nos alimentábamos de animalicos dirán que éramos unos caníbales (ya se comienza a pensar muy mal de cuando comíamos gorriones como bocado exquisito) y que solo es normal comer vegetales. Y más adelante, si se implanta otro tipo de alimentación, lo dirán de los vegetarianos, por haber comido seres vivos como son las plantas. Es decir que lo que parece lo más normal y no suscita ningún cargo de conciencia en algunas épocas, se ve algunas veces, cuando las circunstancias cambian, como una barbaridad. Ya he dicho alguna vez y así lo creo, que algunos maestros se pasaban con los castigos y que como todo hijo de vecino se equivocaban y cometían injusticias; pero esto sucede con muchas cosas, e incluso es posible pasarse por defecto, cosa que también sucede, por cierto con muy malos efectos, en la educación actual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ha parecido oportuno romper una lanza a favor de aquellos maestros que no eran seres sin conciencia, como no lo eran los padres cuando merecidamente daban una zurra a tiempo a los hijos. La prueba de que no era perjudicial es que estas cosas (respaldadas por un cariño) no nos crearon traumas ni cosas raras (ver mis relatos sobre “los dos lapos de mi padre”). La falta de cariño, aunque se acompañe de buenas palabras, sí que crea serios problemas psicológicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los maestros que yo conocí los juzgué (y los niños no perdonan así como así) como buenas personas. Don José castigaba quizá excesivamente, pero todos, si nuestro comportamiento era normal (que también a nosotros había que “atarnos corto”) nos tenían aprecio y deseaban lo mejor para nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas apreciaciones, que pudieran considerarse como excesivamente benevolentes con los maestros, no las hago por vinculaciones afectivas, sino porque me parece que estamos siendo un poco injustos con ellos y solo vemos el platillo de la balanza de lo censurable (que, insisto, tiene atenuantes) y restamos importancia al de sus desvelos, ayudas, e importantes aportaciones a nuestra formación personal.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5658443557172418258?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5658443557172418258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5658443557172418258&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5658443557172418258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5658443557172418258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/06/mis-maestros-don-miguel.html' title='MIS MAESTROS –Don Miguel-'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1817073446659131324</id><published>2009-05-28T18:21:00.003+02:00</published><updated>2009-05-28T18:47:18.294+02:00</updated><title type='text'>El burro del tío Juan</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Contaba mi padre que un mozo “con cierto grado de discapacidad psíquica” (que diríamos ahora), iba gritando por el pueblo: “¡Qué bien, qué bien! ¡Cuánto me alegro! ¡Que se le ha caído el burro a la bodega al tío Juan y no lo pueden sacar! ¡Cuánto me alegro!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se notaba que el tío Juan no era santo de su devoción (quizá tuviera sus motivos para considerarlo así ) y, en todo caso, que el muchacho tenía, aparte de su desgracia, su dosis de mala leche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno se imagina la situación del tío Juan ayudado por los vecinos intentando entre todos extraer al burro del conducto que comunicaba, como en muchas casas del pueblo, el patio con la bodega, y piensa: ¿Qué coño debió de hacer el tío Juan para que, en lugar de descargar las uvas por el referido agujero como dios manda, se fueran para abajo estas con burro y todo? Y también se imagina al mozo observando la jugada desde la calle y al ver que la situación era delicada (hablando fino), ponerse a dar saltos de alegría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tío Juan debía de estar pasándolas canutas, porque el burro en semejante agujero corría el riesgo de desgraciarse y la desgracia de un burro era un suceso muy lamentable por dos razones: una, que la economía familiar sufriría un fuerte quebranto y otra, que a los burros llegaba a tomárseles cariño, por cierto muy merecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas cosas tan peregrinas pasaban en Ariño y mi padre se reía contándolas. Hay que decir en descargo suyo que en este caso finalmente no sucedió algo irreparable y que, como hemos podido percibir en muchas ocasiones, todos llevamos dentro de nuestra persona dos más, la una sensata y compasiva y la otra que se cachondea de todo y se regocija instintivamente cuando ve a alguien dar una voltereta. Así somos de raros y de complicados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respecto a la intervención del mozo en este asunto pido, por favor, que no se interprete que trato irrespetuosamente a quienes son discapacitados. Simplemente sucedió así y así se cuenta, sin hacer hipócritas distinciones. Los mocetes, tanto si tenían algún problema físico o psíquico como si no, en general no eran angelicos, aunque habría unos mejores que otros y con el paso de los años todos iban mejorando; y así debía de ocurrir, pues los ariñeros tenían fama de ser buena gente (al menos la mayoría de los adultos, que ya es algo).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1817073446659131324?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1817073446659131324/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1817073446659131324&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1817073446659131324'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1817073446659131324'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/05/el-burro-del-tio-juan.html' title='El burro del tío Juan'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1598204617694277877</id><published>2009-05-21T12:12:00.001+02:00</published><updated>2009-05-21T12:22:31.261+02:00</updated><title type='text'>Las ranas de Ariño</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En un pueblo como Ariño, donde había ranas por todas partes, me parece obligado el dedicar un artículo a estos simpáticos animalejos, porque quizá llegue un momento en que solo sean un recuerdo de tiempos pasados.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Me referiré concretamente a las de mi pueblo, que son las que conozco bien, porque  a lo largo de la Tierra las hay de muchas clases (más de cien). Las hay venenosas, rojas, e incluso voladoras, según dicen; así que hay que acotar el tema, para que no se nos haga demasiado extenso. También la época, para referirme  a  los años 1945 a 1965.        &lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Mi forma de considerarlas ha cambiado, ya que ahora las recuerdo con simpatía e incluso con cariño y me sería difícil comerlas; y, por el contrario, entonces yo era un auténtico depredador. Y con esto dicho, vayamos al asunto sin más demoras.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Se pueden confundir algunas veces con los sapos, ya que su apariencia no es muy diferente y a veces se hallan en los mismos lugares; pero los sapos siempre están en tierra y en cambio las ranas, aunque prefieren el agua, son anfibias y por tanto pasan muchos ratos fuera de ella. De manera que si encontramos dentro del agua un animalico que parece una rana, seguro que lo es; y si lo encontramos fuera, puede ser rana o puede ser sapo y, para distinguirlos con certeza en este caso, tendremos que tener en cuenta otras dos cosas: la primera, que las ranas se desplazan a saltos y no saben andar, y los sapos saben caminar y en cambio no pueden saltar. La segunda diferencia es morfológica y consecuente con el hábitat de ambos animales y se trata de que las ranas, por el hecho de tener que desplazarse también dentro del agua, están dotadas de unas membranas entre los dedos de sus patas traseras; en cambio los sapos no las llevan porque no han de vivir en ella.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Después de señalar las diferencias con la especie con la que más fácilmente pudieran confundirse, pasaré a exponer  algunas cosas básicas acerca de las ranas:&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;Diré en primer lugar que son ovíparas; es frecuente encontrar en los márgenes de los ríos que las albergan, unas tiras de un material transparente y viscoso que envuelve y protege las puestas de huevos que tienen lugar después de los apareamientos. Estos huevecillos están sometidos a toda clase de peligros y es casi milagroso que alguno llegue a feliz término. En el siguiente paso del proceso aparecen lo que en Ariño llamamos “cucharones” que son animalicos que tienen forma de cuchara con una masa elíptica por cuerpo y una larga cola, que es el órgano natatorio. A este proyecto de rana le salen primero unas patas traseras, luego unos minúsculos brazos, a continuación les desaparece la cola y después de todas estas metamorfosis ya tenemos una rana tal cual, solo que en miniatura, no distinguiéndose a simple vista si es macho o hembra. En esta etapa son unos bichos muy graciosos que dan la sensación de ser muy despabilados y realmente deben serlo si quieren llegar a adultos. Para que este proceso termine felizmente es preciso sobre todo que los ríos  sean poco caudalosos y tranquilos; por eso en Ariño escaseaban en el río Martín, que era caudaloso, y eran abundantes en el río  Ariño, en el que apenas corría el agua. Esta presencia en el río Ariño se percibía por los vibrantes conciertos nocturnos que se oían desde la calle santa Bárbara, que se halla a una distancia de unos dos kilómetros de la zona de actuación del “coro ranil”.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Su piel es lisa y suave y tiene la notable característica de ser impermeable hacia el exterior y hacia el interior del cuerpo del animal, sirviendo eficazmente tanto dentro como fuera del agua, sin sufrir deterioro alguno. El dibujo y el color de la parte superior le permite pasar desapercibida completamente, característica que,  aún siendo bastante  común  entre los animales, no deja de ser un hecho muy curioso. En cambio en la parte inferior la piel es blanca suave y lisa. Desconozco la razón del color y de la textura de esta, pero sin duda habrá algo que lo justifique porque todos los animales, y este en particular, veo e intuyo que están muy bien diseñados.       &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos son espectaculares: aunque en realidad son esféricos,  en apariencia son dos  hemisferios con pupilas muy alargadas horizontalmente que les proporcionan un campo de visión muy amplio, lo que les permite detectar eficazmente a los múltiples enemigos que se disputan su caza. Estos ojos se protegen rápidamente, cuando la circunstancia lo requiere, cubriéndose con los párpados y retirándose a una recámara, a través de unos orificios circulares que tienen las ranas en la parte superior del cráneo. El motivo de que los protejan así es debido a  que  se mueven en zonas en que la existencia de hierbas es muy inconveniente para ellas, tanto si las hierbas son altas como si son bajas, tipo césped. Finalmente diré que cuando alguna vez veo coches con faros escamoteables (virguería que solo suelen llevar los de superlujo), siempre me acuerdo de las ranas y también pienso que una vez más las hemos copiado, lo cual por otra parte es una sabia práctica.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Sus movimientos en situaciones críticas son de alta potencia respecto a su peso y por tanto en pocos segundos se agota toda su reserva energética; es decir que con tres o cuatro saltos o remadas  ya no pueden continuar, circunstancia que conoce y aprovecha para cazarlas su depredador más inteligente que es el hombre; sin embargo les sirve perfectamente para evadirse de varios cazadores de su mismo nivel de inteligencia; no obstante tienen unos peligrosos enemigos dentro del agua como son las serpientes ya que, en ese medio, los movimientos de éstas son más rápidos; por eso es frecuente ver a una culebra dándose un festín con una rana. Su defensa ante las serpientes es  salirse del agua, lo que las culebras de agua no pueden o no suelen hacer.      &lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Se alimentan principalmente de mosquitos y de otros minúsculos animalillos voladores. El procedimiento de captura es también original, como todo en ellas: utilizan la lengua, que la alargan como si fuese un “matasuegras” pegajoso y a él quedan adheridos los sujetos seleccionados. De manera que también por esa propiedad de combatir a los mosquitos son  unos animales beneficiosos.       &lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Aparte de su función insecticida, nos han prestado, que yo sepa, dos importantes servicios, dejándose, además, la vida en ellos; así que lo normal sería levantarles una estatua en agradecimiento. Uno ha sido el de ser utilizarlas durante muchos años  en las pruebas del embarazo: se  inyectaba orina de la presunta embarazada al “rano”  y si este se moría es que el resultado de la prueba era positivo. Así que, sin haberse difundido este hecho, cada uno de las pruebas positivas ocasionaba la muerte de una rana macho. El otro servicio era el de ser usadas en las tareas de investigación. Por ejemplo  don Santiago Ramón y Cajal utilizó, para sus trabajos sobre el sistema nervioso que le valieron el premio Nobel, las neuronas de las ranas que, por lo visto, son tan válidas como las del hombre más inteligente ¡Quién lo hubiera dicho!&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Para ir terminando, debo confesar que yo he sido muy cazador de ranas, porque tenía facilidad, me divertía con ello y me parecía la cosa más normal del mundo. A propósito de mis anécdotas sobre las jornadas de caza, citaré  una vez que volví a casa con un talego lleno, y en el comedor, en presencia de mis padres, puse el talego boca abajo y le solté la cuerda, cayendo todas a la vez sobre la mesa, comenzando a saltar por todas partes, lo cual fue un espectáculo apoteósico; pero resultó tan difícil recogerlas que las tuvimos hospedadas durante bastante tiempo y por la noche incluso cantaban. Supongo que esto no sería indicativo de jolgorio sino de que pedían auxilio desesperadamente.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt; Actualmente  no se capturan a mano pero, a pesar de que está prohibida su caza, y de que ya no se utilizan (creo) en las pruebas del embarazo, están muy escasas (o se han vuelto mudas); lo cual indica que no se está acertando en el hallazgo de los factores que las van, poco a poco, exterminando. Pero, a pesar de que la influencia del factor caza es prácticamente nula, si a alguien se le ocurriera jugar a coger alguna, el castigo se aplicaría con todo el rigor de la ley. De esta manera se da la imagen de que se está haciendo algo por la conservación de una preciosa especie en riesgo de extinción, cuando las verdaderas causas no se saben, no se pueden, o no se quieren abordar. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1598204617694277877?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1598204617694277877/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1598204617694277877&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1598204617694277877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1598204617694277877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/05/las-ranas-de-arino.html' title='Las ranas de Ariño'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5864908516197238821</id><published>2009-05-15T12:14:00.005+02:00</published><updated>2009-05-17T12:44:51.344+02:00</updated><title type='text'>Una experiencia de caza</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ariño ha sido, y aún sigue siendo, un pueblo de cazadores. Los no cazadores eran la minoría y mi padre uno de los integrantes de esta minoría. Le gustaba, eso sí, pescar a mano, lo cual hacía con frecuencia y buenos resultados; sin embargo cuando era joven y soltero, ejerció un día de cazador en la modalidad que podríamos calificar como “extra”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba una tarde &lt;em&gt;transitando&lt;/em&gt; por los campos que su familia tenía en la sierra de Arcos, cuando alguno de sus hermanos le prestó la escopeta y le aleccionó para cazar “a la espera”, escondido en una "barricoza" que había en las inmediaciones de la era, donde acudían las perdices en busca de los granos de cereal que, aunque muy escasos, siempre quedaban algunos en el suelo después de trillar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo un buen rato mirando atentamente por una ventanica esperando ver la llegada de las perdices pero al fin, cansado y aburrido, se durmió y así permaneció sabe dios cuánto tiempo. Se despertó cuando el sol estaba cerca del ocaso e instintivamente quiso ponerse en pie; pero en aquel momento se le ocurrió, como medida de prudencia, echar un vistazo previo por la ventana y, ¡cual no sería su sorpresa al ver que en la era había un numeroso grupo de perdices! Con el corazón "a tope" de pulsaciones, fue sacando lentamente la escopeta por la ventana y mirando hacia atrás en lugar de apuntar, apretó el gatillo y se produjo un disparo que, según él, retumbó en toda la sierra de Arcos. Acto seguido se levantó definitivamente y comprobó que no habían quedado perdices, ni muertas ni vivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre contaba estas cosas cachondeándose un poco de sí mismo sin saber que con el tiempo se vería que este proceder (es decir el autocachondeo) es una excelente forma de evitar la excesiva autocomplacencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos descubriendo ahora que la gente de aquella época tenía unos modos intuitivos de comportamiento que les permitía ser bastante felices, incluso más de lo que ellos mismos percibían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto “barricoza”, que no está registrada en el Diccionario de la RAE, es una caseta de piedra sin techo, con uno o varios ventanucos, dimensionada para que quepa un hombre, que se usa para cazar “a la espera”. Es una palabra del léxico actual de Ariño y la conocen casi todos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5864908516197238821?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5864908516197238821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5864908516197238821&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5864908516197238821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5864908516197238821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/05/una-experiencia-de-caza.html' title='Una experiencia de caza'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1969239801449627579</id><published>2009-05-09T11:43:00.002+02:00</published><updated>2009-05-09T11:53:33.522+02:00</updated><title type='text'>La deuda</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A un chico de Ariño, ya mozo, lo mandó un día su padre con un recado, a casa de un convecino de bastante más edad que el mensajero. Llamó a la puerta y, cuando el requerido bajó, el emisario le dijo:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– Que ha dicho mi padre que a ver si me puede dar las cien pesetas que nos debe.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El aludido respondió:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– Mira chiquillo, no me calientes los cascos...&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El mozo, enfadado y dispuesto a cualquier cosa, dijo:&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;– ¡Oh mecagüen esto! ¿Con estas me viene? ¡Tire &lt;em&gt;pa&lt;/em&gt; fuera!&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El deudor con total calma concluyó:&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;–Chiquillo: ¡Si no te las niego! Pero, si no las tengo. . . ¿Cómo te las voy a dar?&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Ante una respuesta tan lógica y un tono tan conciliador, se acabó la cuestión y el mozo se volvió a su casa, le dijo a su padre lo sucedido y como no quedaba más remedio, el padre se dispuso a esperar otra temporada antes de enviar al chico de nuevo y ver si aquella vez había más suerte.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Esto, según mi padre, sucedía en Ariño hace ya unos cuantos años, es decir a principios del siglo XX, o sea que hace ya casi un siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La expresión “mira chiquillo no me calientes los cascos” es de las que suelen tener fortuna; yo la he oído aplicada, en tono irónico, a una simulación de amenaza; es decir que el convecino citado no pagó la deuda pero, sin pretenderlo,  aumentó el léxico popular ariñero, al menos durante algunos años, quizá  tantos como los de demora en el pago de las cien pesetas. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1969239801449627579?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1969239801449627579/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1969239801449627579&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1969239801449627579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1969239801449627579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/05/la-deuda.html' title='La deuda'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-6249359128762089034</id><published>2009-05-08T17:15:00.001+02:00</published><updated>2009-05-08T17:19:15.875+02:00</updated><title type='text'>Una expresión de excusa</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En Ariño había hombres que se contrataban para segar por uno o varios días. A la casa de uno de estos llamó, al anochecer, un chico encargado por sus padres de que  fuera a avisarle, para segar al día siguiente para ellos.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El chico llamó a la puerta y esperó en el patio. El hombre bajó, no del todo, las escaleras y, cuando vio de quien se trataba y oyó lo que venía a decirle, le contestó:&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;–Diles a tus padres que no tengo beta pa la zoqueta.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;El chico contestó inmediatamente:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– ¡De eso no se preocupe que podemos preparar las que hagan falta!&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Viendo que el chico no  iba a entenderle si no le hablaba más claro, le dijo:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;–Mira: les dices a tus padres que no quiero ir a segar para ellos, ¡que tu madre guisa muy mal y da muy mal de comer! ¿Está claro ahora?&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Esta expresión “no tengo beta pa la zoqueta” llegó a ser la forma de decir metafóricamente que no se quería hacer, por el motivo que fuese, lo que a uno le proponían. Por cierto, beta es la cuerda de tela con la que se sujeta la zoqueta a la muñeca y zoqueta es una madera vaciada para proteger la mano en las tareas de siega con hoz, es decir una especie de rudimentario guante de madera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-6249359128762089034?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/6249359128762089034/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=6249359128762089034&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6249359128762089034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6249359128762089034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/05/una-expresion-de-excusa.html' title='Una expresión de excusa'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7788679613221600583</id><published>2009-05-03T20:53:00.002+02:00</published><updated>2009-05-03T21:07:46.844+02:00</updated><title type='text'>Un mensaje literal</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cuando decíamos &lt;em&gt;el Juan Pablo&lt;/em&gt; nos referíamos en Ariño a un empleado de SAMCA que “llevaba” la residencia para técnicos de la Empresa. Es curioso que no recibiera otros títulos como “tío”, “señor” o algún apodo sabe dios de qué calibre. Le llamábamos sencillamente como queda dicho. Comoquiera que la gestión de la residencia no le ocupaba toda su jornada, empleaba parte de ella trabajando también en el almacén general. Era una persona que producía la impresión de correcta, bien educada y acostumbrada, por razón de su trabajo, al trato esmerado con gentes de cierto nivel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una casa del barrio de SAMCA se instaló la familia del señor Estrada que procedía de Zaragoza. Dicho señor venía contratado para trabajar como mecánico ajustador en los talleres de la Empresa. Al cabo de poco tiempo se le aplicó a toda la familia el apodo de &lt;em&gt;los Chiquines&lt;/em&gt;. La causa de aquel apodo general fue que la madre  llamaba &lt;em&gt;Chiquín&lt;/em&gt; al hijo menor, quizá por lo menudo que era; pero no se percató de la trascendencia de tal apelativo ya que, acto seguido, se la comenzó a conocer como &lt;em&gt;la tía Chiquina&lt;/em&gt; y, como el apodo hizo fortuna, poco tiempo después se les llamaba así a toda la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que &lt;em&gt;el Chiquín&lt;/em&gt; genuino que, además de menudo era muy avispado, trabajaba como pinche haciendo recados para el personal de las oficinas de SAMCA. En cierta ocasión don Eugenio Ruano, ingeniero de minas de la empresa,  le encargó que fuera al almacén y le dijera &lt;em&gt;al Juan Pablo&lt;/em&gt; que subiera a su despacho. &lt;em&gt;El Chiquín&lt;/em&gt;, raudo como una centella, le pasó el recado al destinatario; pero éste debía de estar de &lt;em&gt;mal café&lt;/em&gt; (quizá contando tornillos para los interminables inventarios) y, sin meditar lo que decía, le contestó: “Dile a don Eugenio que me toque los c…”. Nunca lo dijera ya que &lt;em&gt;el Chiquín&lt;/em&gt;, a la velocidad del correcaminos, volvió al despacho de don Eugenio y le dijo: “Ha dicho &lt;em&gt;el Juan Pablo&lt;/em&gt; que le toque los c…”. Entretanto el convocado se había lavado las manos y apareció en el despacho del ingeniero diciendo: “Buenos días, don Eugenio. ¿Qué deseaba?”. Don Eugenio mirándole por encima de las gafas le contestó: “Muy buenas. Primero vamos a cumplir su deseo de tocarle los c…”. No se supo qué pasó a continuación, pero al cabo de un rato &lt;em&gt;el Juan Pablo&lt;/em&gt; salió del despacho con las orejas coloradas y lo primero que hizo fue  ir a la caza &lt;em&gt;del Chiquín&lt;/em&gt; para matarlo directamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta anécdota fue muy comentada por el personal de las oficinas y hasta yo percibí el rumor; sin embargo el detalle y la veracidad de la misma vienen avalados por el amigo (anónimo para los lectores) que me contó también lo de “la palabra clave”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Filosofando un poco sobre esta anécdota, nos percatamos de que sucedió algo que tuvo repercusiones. Prueba de ello es que aún lo estamos contando después del tiempo transcurrido. El suceso, que pudo tener consecuencias laborales, se debió a la coincidencia de dos hechos indebidos: la inadecuada expresión &lt;em&gt;del Juan Pablo&lt;/em&gt; y la insensata transmisión de su respuesta. La lucidez de don Eugenio impidió que el asunto pasase a mayores. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7788679613221600583?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7788679613221600583/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7788679613221600583&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7788679613221600583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7788679613221600583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/05/un-mensaje-literal.html' title='Un mensaje literal'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7841914966030016515</id><published>2009-04-28T12:39:00.002+02:00</published><updated>2009-04-28T12:49:04.668+02:00</updated><title type='text'>Si vas al Cielo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Lo contaba mi padre y al parecer había sucedido realmente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enterada una mujer viuda, ya bastante mayor, de que un hombre, también mayor, estaba expirando, se acercó a su casa, pidió permiso para verlo y, al oído, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Manuel! Si vas al Cielo…, que no irás porque has sido &lt;em&gt;mu&lt;/em&gt; malo; pero por si acaso fueras... le dices a mi Juan, que no se preocupe; que el &lt;em&gt;timón&lt;/em&gt; del &lt;em&gt;aladro,&lt;/em&gt; que se había perdido, apareció en el &lt;em&gt;bardal&lt;/em&gt;; que este invierno gastamos muchos &lt;em&gt;jarmientos&lt;/em&gt; y debajo salió el &lt;em&gt;timón&lt;/em&gt;.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por si no había captado bien el mensaje, remachó el encargo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Le dices esto a mi Juan, si vas al Cielo…, que no irás, pero por si acaso fueras!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que no cabe duda de que, a su manera, aquellos antepasados nuestros tenían mucha fe. Por ejemplo para ellos el Cielo estaba, con toda seguridad, ahí cerca, como a unos cien metros de las nubes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7841914966030016515?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7841914966030016515/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7841914966030016515&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7841914966030016515'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7841914966030016515'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/04/si-vas-al-cielo.html' title='Si vas al Cielo'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2884858595935026126</id><published>2009-04-26T23:44:00.001+02:00</published><updated>2009-04-26T23:49:31.223+02:00</updated><title type='text'>La pregunta clave</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Este relato se refiere a un minero residente en uno de los pueblos vecinos de Ariño, que era muy célebre en la mina por sus extravagancias y por ser padre de una numerosísima familia. Al cabo de unos días del nacimiento de un nuevo hijo, se personó en las oficinas de SAMCA  para  que lo incluyeran en su expediente, y le aumentaran la cifra de puntos con el fin de mejorar la correspondiente ayuda familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue a parar a la mesa del señor Berroya, que se ocupaba de estas cuestiones, y le comunicó el motivo de su presencia. Dicho señor preparó el expediente, se dispuso a hacer la anotación y le preguntó: “¿Y cual es el nombre del chico?”. El interrogado, que no venía preparado para tal pregunta, se quedó desconcertado y respondió: “Pues… ¿sabes que no me acuerdo?”. Y, a modo de justificación, añadió: “Es que al tener tantos hijos  aún no me he aprendido el nombre de este nuevo”. Estuvo un rato más estrujándose la mollera pero no consiguió sacar de ella el dichoso nombre del recién nacido. Así que “se batió  en retirada”  y volvió al día siguiente para completar la diligencia, pero esta vez llevó apuntado el nombre en un papel, para asegurar el buen final de la peliaguda gestión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto, que sucedió realmente, me lo cuenta un buen amigo y me indica que no publique su nombre si no es absolutamente necesario. A mí me gustaría que publicase él mismo sus anécdotas y estoy seguro de que sería muy bien recibido en ENTABAN ya que es una persona muy competente y apreciada y, además de ser uno de los sinceros amigos de Ariño, tiene un extenso anecdotario y un conocimiento de muchísimos datos; sin embargo respetamos su voluntad  e iremos publicando también las cosas de Ariño de mi discreto y voluntarioso amigo, sin decir, como él prefiere, su nombre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2884858595935026126?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2884858595935026126/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2884858595935026126&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2884858595935026126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2884858595935026126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/04/la-pregunta-clave.html' title='La pregunta clave'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2711265322555347555</id><published>2009-04-23T17:47:00.005+02:00</published><updated>2009-04-23T21:30:41.547+02:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS-Don José (IV)-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Don José leía muy bien las poesías. Ya he dicho que tenía una voz muy agradable y además le gustaba mucho la literatura y la poesía. A nosotros nos enseñó varias, que recitábamos como loritos. (Os remito a un relato que titulé “el romance de la loba parda” de este blog). A lo largo de mi vida muchas veces he recitado poesías en público con buena aceptación, aunque nunca supe sentir la verdadera poesía. Así que no me contagié del amor a ese género, que tenía mi maestro. Quizá simplemente ocurrió que no estuve con él todo el tiempo que ello requería. Hablando de recitar me viene a la memoria una anécdota y es que un día, en una de las excursiones que hicimos por la zona del pilón de san Gregorio, cuando llegamos a aquel sitio vimos, justo enfrente, un montículo de tierra roja de una forma muy regular (como hecho a propósito) de unos tres o cuatro metros de altura y don José me sugirió que subiera a lo más alto y recitase el romance de la loba parda. Así lo hice y, al terminar, todos los excursionistas se habían confabulado con el maestro, que dijo: “una, dos y tres”, y a continuación, en lugar de aplausos, comenzaron a lloverme tormos de tierra. Gracias a mis buenos reflejos, ágiles piernas y sobre todo a que no los tiraban “a pegar”, pude salir ileso de aquel inesperado ataque. El caso es que con ocurrencias como aquella, que don José continuamente tenía, el ambiente en sus excursiones era especialmente alegre y festivo y nadie se acordaba de las caras serias que algunas veces había en clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don José en la clase no siempre estaba serio y también nos contaba algunos chistes que siempre he recordado, aunque reconozco que eran flojillos. Uno de ellos era que un padre le explicaba a un amigo, que estaba pensando en matricular a uno de sus dos hijos en Bachillerato, a lo que el amigo le contestó: “¿Pero no ves que si haces a uno bachiller el otro va-a-chillar?”. Con este juego de palabras nos acercaba a la comprensión de este tipo de chistes. Otro: nos decía que unos valencianos tenían fórmulas para fabricación de muchas cosas, como por ejemplo: vino blanco = dos poals (pozales) de agua. Vino negro = dos poals de agua + dos poals de fuchina (tinta) negra. Y otro más: van el padre y el hijo a vender vino y, al probarlo, el cliente dice “este vino tiene agua” a lo cual el hijo contesta enseguida: “¿no ve padre cómo tenía yo razón cuando le decía que estaba echando demasiada?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con unas y otras actividades (en las que nos fuimos adaptando alumnos y maestro y mejorando notablemente la convivencia), el tiempo fue pasando y, precisamente entonces, don José encontró la oportunidad de trasladarse a ejercer como maestro a Alcira, que es un pueblo importante de Valencia con el que Ariño no se podía comparar, y decidió el traslado; así que un día, ya muy cerca de las vacaciones de verano, un poco antes de la hora de salir de clase, pidió silencio y nos explicó que no estaría con nosotros el próximo curso, porque iba a ir a un nuevo lugar. La noticia nos cogió por sorpresa y nos quedamos todos “de piedra”. Don José estaba también emocionado y siempre he recordado sus últimas palabras en aquella ocasión, cuando nos dijo: “los griegos, muy filósofos, pensaban que &lt;em&gt;morir es partir&lt;/em&gt; pero, en estos momentos, yo estoy más de acuerdo con la idea de los romanos que, más prácticos, decían que &lt;em&gt;partir es morir&lt;/em&gt;”. Nos estaba queriendo decir que la búsqueda del desarrollo profesional, cosa comprensible, le hacía marchar, pero parte de su corazón se quedaba con nosotros. Y efectivamente, terminó el curso y ya tuvo que partir a los pocos días. No sé como nos enteramos del día y la hora de su marcha pero el caso es que, por iniciativa propia, aparecimos en la báscula un grupo de unos quince alumnos, a decir adiós a nuestro maestro. Don José nos indicó que nos pusiéramos en fila y se fue despidiendo de cada uno de nosotros. A mí me preguntó: “¿Cuántos años tienes ahora, Salvador?”. Le respondí que en agosto cumpliría diez y sus últimas palabras fueron: “Qué lástima que no hayamos podido estar juntos cuatro años más para ayudarte a ser todo un hombre”. Y don José, tras despedirse de todos, subió a un camión de TRAMISA al lado del chófer y, con lágrimas en los ojos, desapareció físicamente de nuestras vidas aunque en mi caso lo he tenido siempre en mi mente y en mi corazón y muchas veces me he dado cuenta de las ventajas que me ha proporcionado la formación que me dio cuando yo era un chavalín, la que aún ahora, después de tantos años, todavía me sirve, le debo y le agradezco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo decir que don José fuera perfecto y cada uno, según le fuera con él, tendrá su opinión, tan subjetiva como la mía; pero mi visión es precisamente la que he intentado exponer en estos cuatro artículos, que están llenos de cariño y de agradecimiento a quien me dedicó cariño y esfuerzos, en el limitado tiempo en que pudimos estar juntos, para hacerme una persona lo más preparada posible según su autorizado criterio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2711265322555347555?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2711265322555347555/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2711265322555347555&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2711265322555347555'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2711265322555347555'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/04/mis-maestros-don-jose-iv.html' title='MIS MAESTROS-Don José (IV)-'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4272236394404453824</id><published>2009-04-22T11:08:00.002+02:00</published><updated>2009-04-22T11:22:22.769+02:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS -Don José (III)-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La verdad es que don José nos enseñaba muchísimo de todo. Para hacerse una idea, cuando yo tenía nueve años resolvíamos con soltura problemas de álgebra con ecuaciones de primer  grado de una incógnita, cosa que quizá no se hacía en ninguna otra escuela de Teruel. Nos enseñó también a resolver problemas de móviles por métodos gráficos utilizando ejes de coordenadas espacios/tiempos y nos quedábamos admirados cuando contemplábamos las intersecciones de las funciones y con ello sabíamos cuando y donde los móviles se encontraban. Lo de las ecuaciones tenía clara utilidad y lo de los móviles, aunque era un alarde, significaba un esfuerzo conveniente cuando menos para nuestro  desarrollo mental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Utilizábamos solamente dos libros: uno de conocimientos generales que era la “Enciclopedia cíclico-pedagógica, grado medio, de Dalmau Carles Pla. S.A.” editada en Gerona, y otro de lectura que era “El libro del trabajo”, escrito por Adolfo Maíllo, editado por la editorial Salvatella de Barcelona o de Madrid. Aparte de estos, que eran propiedad de cada alumno (previo pago), don José nos consiguió un cierto número de pequeños diccionarios que estaban en la escuela  al servicio de todos para buscar el significado de muchas palabras desconocidas para nosotros que aparecían en el libro de lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enciclopedia contenía información, muy resumida pero básica, de todo lo que se consideraba que debíamos saber, y estaba muy bien elaborada y revisada. Por otra parte este libro es el que se utilizaba en todas las escuelas nacionales de todos los pueblos de España. Había otros dos grados, el elemental y el superior, pero el medio era el fundamental y en muchas partes no conocieron más que este. Los libros de lectura los elegía a su gusto cada maestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enciclopedia nos servía para aprender la teoría de las distintas materias y luego don José nos aseguraba los conocimientos con los convenientes ejercicios y las explicaciones complementarias. Algo que consideraba esencial era el escribir sin faltas de ortografía y “con buena letra”. La caligrafía era la que él mismo utilizaba, es decir letra vertical elegante pero sencilla y la ortografía se trabajaba mucho por medio de dictados del magnífico libro de ortografía  de Luís Miranda Podadera. Total que aún ahora, después de tantos años, los alumnos de don José nos distinguimos por el tipo de caligrafía y por la correcta ortografía. Otra de las cuestiones prioritarias era el leer bien. Don José nos ponía en semicírculo con centro en su mesa y leíamos (con entonación) y de vez en cuando nos preguntaba el significado de algunas palabras que iban surgiendo en la lectura. A propósito de esto tengo una anécdota: estaba yo en una de mis primeras clases en la Escuela de Formación Profesional de Teruel y el profesor, para sondear nuestro nivel, nos hizo leer un texto a todos los alumnos. Cuando me tocó a mí, al terminar,  me dijo: “Salvador, buen maestro has tenido” expresión que agradecí y mentalmente dediqué aquella alabanza a don José, como sencillo y cordial homenaje a mi querido maestro. Tengo que añadir también que entonces el ingreso en aquella escuela iba precedido por un examen escrito con asistencia de público y yo que no tenía otros conocimientos que los adquiridos con don José, eso sí mantenidos por los maestros que le siguieron, sin prepararlo en absoluto obtuve el primer puesto, lo que fue una buena prueba del alto nivel de mi formación escolar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de estos conocimientos básicos, a los mayores les enseñaba taquigrafía, cosa que en aquellos tiempos sonaba a chino. A mí por mi insuficiente edad esto no me correspondió, pero de oído aprendí también los fundamentos del método.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía colecciones de fósiles y de minerales que le íbamos trayendo. Yo encontré en la Fuencelada un mineral  raro que parecía una escoria de herrería, y me dijo que aquello era nada menos que calcopirita de cobre, lo que me dejó con la boca abierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vez en cuando aparecía un inspector y permanecía en la clase el tiempo necesario para hacerse una idea de la marcha de los alumnos. En una de aquellas ocasiones (tendría yo menos de nueve años) don José me sacó enseguida a la pizarra para demostrarle al inspector nuestra brillante preparación en gramática, y me dijo: “Salvador, enumera las conjunciones”. Yo rápidamente y un poco nervioso, respondí: “a, ante, bajo cabe, con, contra, de, desde…” y cuando vi la mala cara del maestro, comprendí que estaba “recitando” las preposiciones propias en lugar de las conjunciones, y acto seguido corregí mi desaguisado, pero la metedura de pata ya se había producido. Esto me sentó fatal y lo sentí por don José, pero a mí me vino incluso bien para rebajarme un poco los humos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudo que alguien pasara por la escuela de don José sin recibir algún sopapo. Yo tampoco me libré, porque un día escribiendo al dictado estaba haciéndoles adornitos a las letras que escribía cuando, inesperadamente, recibí una colleja mediana que me propinó al sorprenderme  en tan extravagante actividad llegando, sin que yo me diera cuenta, por mi descuidada retaguardia. Que yo recuerde fue la única vez que me pegó, lo que seguramente hizo por mi bien para que en lo sucesivo prestase más atención a la actividad que estábamos desarrollando. Por lo demás nunca se lo tuve en cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de sus inventos fue un sistema de comunicación con los padres, que consistía en enviarles a casa una hojita del tamaño de una cuartilla informándoles de la marcha de sus hijos. Las que envió a mi casa  siempre fueron muy satisfactorias. No sé como serían las demás, porque no tuve a mi alcance esa información ni me interesé por ella. Sí que tomé nota de ese sistema y de otras muchas cosas de don José, para aplicarlas en las clases que a lo largo de mi vida estudiantil muchas veces tuve que dar para ayudarme en los estudios. Debo decir que nunca apliqué ni lo de los bofetones ni lo del botijo, aunque mis alumnos tampoco me dieron nunca motivos de enfado y, al contrario, siempre me los proporcionaron  de satisfacción.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4272236394404453824?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4272236394404453824/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4272236394404453824&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4272236394404453824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4272236394404453824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/04/mis-maestros-don-jose-iii.html' title='MIS MAESTROS -Don José (III)-'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2047972672685162230</id><published>2009-04-20T10:45:00.004+02:00</published><updated>2009-04-20T11:38:00.614+02:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS-Don José (II)-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Don José estaba recién llegado al pueblo, era natural de Cuenca y tendría unos 30 años. Mediría como 1,75m, es decir que entonces se le consideraba un hombre bastante alto. Era recio, guapote, cabeza grande con incipiente papada, pelo negro algo ensortijado y siempre bien peinado. Su voz era agradable, como aterciopelada, (parecida a la del actor aragonés Gabriel Latorre). Vestía, como todos los maestros de aquella época, pulcramente, es decir: chaqueta, corbata, pantalón bien planchado, etc., y en clase usaba en invierno un elegante jersey de lana marrón hecho a mano, con botones a juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba casado con una señora guapa y elegante que, al parecer, era valenciana. Recuerdo que Iranzo una vez en la ronda de los quintos, en Año Nuevo, le cantó en su puerta -haciéndole de apuntador Francisco Valiente (e.p.d.)-, la siguiente jota, como siempre muy acertada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la huerta de Valencia&lt;br /&gt;No solo se crían flores,&lt;br /&gt;Que se crían valencianas –asómate niña y verás…-&lt;br /&gt;Tan bonitas como flores…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenían hijos y vivían, lo que no hicieron los maestros siguientes, en una cómoda casa de SAMCA, próxima a la que se utilizaba como clínica de la empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se rumoreó que había sido profesor de Instituto y llegaba a este pequeño pueblo de Teruel como castigado por su posicionamiento de izquierdas durante la guerra civil española. Nosotros, sus alumnos, no llegamos a saber nada sobre sus ideas políticas porque no las mostró en ningún momento o no supimos verlas y, sobre todo, porque el tema no nos interesaba en absoluto. El caso es que nos daba la clase obligatoria de historia sagrada, nos llevaba en fila a misa cuando era necesario, y no le oímos ningún comentario ni a favor ni en contra del régimen vigente; es decir que ante nosotros se comportó siempre como totalmente apolítico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la clase de don José entré de la mano de mi vecino y amigo Manuel “el Pelegrín” que era varios años mayor que yo y de momento el maestro me permitió instalarme al lado de mi mentor, en la sección de los mayores. Con don Basilio yo no había llegado a hacer problemas de matemáticas así que, como don José tenía mayores pretensiones, comenzó a ponérnoslos con frecuencia y mi amigo Manuel me ayudaba a resolverlos diciéndome “este es de sumar, este de restar y así sucesivamente”. Yo comprendía que aquello era trampa y no era serio e intentaba adaptarme a la nueva situación pero no daba con el mecanismo mental necesario; sin embargo poco a poco fui avanzando hasta que no fueron precisas aquellas ilegales ayudas del Manuel, que por su buena intención siempre he agradecido. Otro chico mayor que yo, que se movía por la misma zona media de la clase, era Ernesto Macipe que también me tomó bajo su protección porque hasta que tuve cinco años habíamos sido vecinos ya que yo vivía con mis abuelos en la calle de salida al Calvario y él a corta distancia. A pesar de que el Ernesto era una persona no demasiado sociable, siempre nos tuvimos aprecio y sentí que después de unos problemas cardíacos que lo llevaron a un trasplante de corazón, mi protector de aquella etapa infantil finalmente falleciera, cuando era bastante joven. Descanse en paz mi buen amigo Ernesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con aquel maestro fui aprendiendo muchísimas cosas, entre lo que iba dirigido a mí y lo que oía destinado a los mayores, de los que recuerdo como aventajados a Pepe -el carpintero-, (a quien admiraba por lo serio e inteligente que me parecía), a José Antonio Jiménez (sacerdote de vocación tardía que falleció hace muchos años en Colombia), a Santos -el hijo de la tía Visita- a quien un día don José le preguntó las partes del intestino grueso y contestó “son cuatro: ciego, colon y recto y tubo escape”. La carcajada fue general, pero siempre he pensado que en la clase de don José la respuesta fue una temeridad porque bromas como aquella podían tener funestas consecuencias. Y como a estos, recuerdo a otros, aunque no a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El horario era de 9 a 1 y (con un recreo incluido) y de 3 a 5 por la tarde, pero luego había un repaso&lt;em&gt; voluntario&lt;/em&gt; de una hora u hora y media por el que pagábamos no sé si 5 ó 10 pesetas al mes. El calificativo del repaso que también se llamaba “la clase especial” lo he escrito en cursiva ya que don José a los que no se quedaban a este repaso no los miraba con cara especialmente grata; así que nos apuntábamos prácticamente la totalidad de los alumnos, unos por interés y otros “por si acaso”. En descargo de don José diré que los sueldos de los maestros eran muy escasos y se veían obligados a proponer clases especiales para nosotros, para adultos, etc., intentando sobrevivir con cierta dignidad harto merecida. Y aquellos ingresos suplementarios buenos sudores les costaban porque siempre llegaban a sus casas ya de noche y bien cansados porque llevar adelante una clase con 40 alumnos es un trabajo especialmente duro y estresante, de lo que incluso puedo hablar por experiencia propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como acabo de indicar, la clase era de unos 40 alumnos de todas edades, niveles y condiciones. Poco a poco se iban quedando atrás algunos y pasando a los primeros pupitres los más despabilados para los estudios. Era curioso que los más expertos en las actividades extraescolares como la caza de pájaros con cepos, búsqueda de nidos, lanzamiento de piedras con tirachinas, y en toda clase de juegos, eran los más atrasados en clase y viceversa; y es que aquellas “cosicas” que explicaba el maestro no llegaban a interesarles y se pasaban el rato hablando y enredando en clase. Don José, harto de aquel follón, de vez en cuando ponía a un grupo de enredadores en fila, se quitaba el reloj de la muñeca y la emprendía a bofetones tocándoles un par por destinatario y con eso se calmaba un poco el jolgorio habitual. Como a pesar de todo no conseguía un mínimo de atención y de compostura, llegó al borde de la desesperación e inventó algo con lo que casi consiguió el silencio en la clase: a la entrada de la escuela puso un botijo lleno de agua y así como íbamos entrando teníamos que llenarnos la boca con ella y mientras no tuviéramos que hablar para responder a sus preguntas, o para despedir a alguna visita con un general “&lt;em&gt;usté&lt;/em&gt; lo pase bien” poniéndonos en pie, había que estar con el agua en la boca. Algunos espabilados se la tragaban sin justificación a pesar de lo peligroso que era y cuando don José estaba de espaldas seguían hablando; pero el maestro terminaba descubriéndolos, en cuyo caso les hacía acercarse hasta su mesa, les decía “echa el agua al suelo” y allí veíamos a los aludidos intentando producir saliva a toda prisa para simular la requerida agua, cosa que nunca se conseguía, con las consecuencias correspondientes. Este sistema actualmente parece un disparate integral, una medida medieval o de película cómica, pero entonces, por extraño que parezca, lo veíamos como algo perfectamente normal, como sucede con muchas otras cosas. Lo cierto es que a nadie le pareció impugnable el sistema y siguió practicándolo durante bastante tiempo, sin queja alguna. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2047972672685162230?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2047972672685162230/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2047972672685162230&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2047972672685162230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2047972672685162230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/04/mis-maestros-don-jose-ii.html' title='MIS MAESTROS-Don José (II)-'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3371848684626697032</id><published>2009-04-15T13:04:00.002+02:00</published><updated>2009-04-15T13:33:07.000+02:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS -Don José (I)-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Según indiqué en mi escrito sobre don Basilio, en 1944, con mis 7 años recién cumplidos, fui asignado a la escuela de don José Martínez de Castro, con el preciado aunque limitado bagaje de conocimientos que había adquirido gracias a  mi anterior  maestro. Con don José permanecí hasta el verano de 1947, es decir  durante 3 años más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escuela de don José era la que había a la derecha del Ayuntamiento, a continuación de la de las chicas. En mi anterior clase las escaleras servían para bajar  desde la calle; en cambio en esta eran muchísimas, también estrechas y se utilizaban para subir desde la plaza. Así que estas variaciones fueron las primeras que noté en mi nueva ubicación escolar. Al principio y al final de las escaleras había unas míseras puertas -que abrían hacia dentro- que consistían en unas tablas de madera con  travesaños; la inferior, de un tono grisáceo propio del abundante sol y de la escasa pintura, y la superior, encalada de un color blanco tímidamente azulado, como todas las paredes, techo y maderos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar en la clase se reparaba enseguida en que el suelo era de yeso como el de todas las casas del pueblo pero, cerca de la mesa del maestro, estaba algo hundido por causa del fallo de los maderos que lo sustentaban. Aquella concavidad siempre fue una zona de riesgo que procurábamos evitar, y un constante peligro para los escolares durante años. Este problema de los maderos deteriorados lo soportó también la tía Domina, una persona muy mayor, que aún era familia mía, que vivía sola  en el piso de debajo de la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La clase estaba dividida en dos espacios: uno de pupitres para los alumnos que ocupaba unos dos tercios del espacio total, y el tercio restante que servía para zona de actividades próximas al maestro, donde estaban su mesa, la pizarra, el hundimiento mencionado, un modesto armario para libros y un hueco en la pared de enfrente para las botellas de tinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En invierno, entre la mesa del maestro y los primeros bancos, instalábamos una estufa cilíndrica de fundición de unos 40cm de diámetro y 80cm de altura, cuyo tubo atravesaba el techo, cruzaba una falsa y salía al tejado. La alimentábamos con el carbón que se guardaba en una carbonera a la que se accedía desde la clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la zona de alumnos había tres filas de pupitres, tantas como secciones de escolares, de unos siete pupitres por fila y un banco corrido de unos 3m en la parte de más atrás. Los pupitres de cada sección, que estaban separados de los vecinos por pasillos de 1m aproximadamente, resultaban cómodos y estaban muy bien proyectados y construidos: eran biplazas, de buena madera, y capaces de soportar durante años el duro trato al que se sometían. Tenían espacios para guardar los libros y las libretas, agujeros para los tinteros de cerámica blanca, muescas alargadas para dejar los manguillos con sus plumillas, y asientos abatibles para ocuparlos y desocuparlos con facilidad. En fin, como he dicho, unos pupitres muy adecuados para la función que debían realizar, solo que, a pesar de los avisos y amenazas de los maestros, no se había podido evitar que estuvieran huecograbados con infinidad de rayas, nombres, tacos y algún que otro corazoncito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Completaban el mobiliario dos sencillas perchas, una para ser utilizada por el maestro, y otra al fondo de la clase, siempre vacía porque entonces no se estilaban en Ariño los abrigos; así que aquella percha se podría calificar como sobrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las lámparas eran de bastante potencia, estaban desnudas y colgaban del techo soportadas por sus cables entorchados con aislamiento de algodón trenzado es decir que no se cubrían los mínimos reglamentarios, cosa por otra parte bastante generalizada en aquella época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres ventanas de regular tamaño orientadas al Este permitían ver, no sin cierta dificultad,  la fuente de la plaza. En el lateral izquierdo de la pared Norte había un balconcillo que por su pequeñez y la altura a que estaba situado sobre la calle carecía de justificación, como no fuera la de ver desde él la ventana  de la cárcel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las paredes se encontraban, detrás de la mesa del maestro, un crucifijo  y un retrato de Franco de cuerpo entero en el centro, a la izquierda otro de José Antonio Primo de Rivera de medio cuerpo con la camisa azul y las flechas, y a la derecha una litografía de la Inmaculada de Murillo. En una de las paredes laterales había un mapa grande de Europa, con muchos nombres de ciudades, mares, ríos, etc., que con el tiempo llegamos a saber de memoria. Un mapa de España en relieve, de escayola coloreada, intentaba  decorar otra de las paredes. Y para terminar la relación, indicaré que había un hueco más en la pared, con ventana de cristal, que se utilizaba para guardar minerales y algunas medidas de capacidad llenas de polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mantenimiento más frecuente de nuestra clase, en lo que nos turnábamos los alumnos, consistía en el barrido una vez por semana, - previo regado para no producir demasiado polvo- moviendo todos los pupitres. Cada dos o tres años se procedía al blanqueo de las paredes y una vez cada invierno alguien (no sé por cuenta de quién) reponía el carbón en la carbonera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había servicio, ni lo echábamos en falta porque tampoco lo teníamos en nuestras casas y, como no existían problemas de próstata (ni siquiera sabíamos lo que esta palabra significaba), con mear una vez en cualquier parte a la hora del recreo teníamos suficiente. Si alguien levantaba la mano para pedir permiso para salir a hacerlo, todos lo interpretábamos como una excusa para abandonar la clase con alguna otra finalidad y los maestros lo concedían a regañadientes o simplemente lo denegaban para no sentar malos precedentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda la relación con el agua era a través de un botijo de lo más simple, que inicialmente era casi blanco (y al cabo de poco tiempo casi negro), que estaba situado en el suelo, próximo al maestro. Todos, incluso el profesor, bebíamos en él, eso sí,  a chorro, sin chupar el pitorro, que se consideraba una grave falta de educación. Cuando el botijo se vaciaba se mandaba a alguien a llenarlo de nuevo a la cercana  fuente. Simplemente con haber podido disponer de dos botijos  se hubieran simplificado bastante la logística del agua de boca, pero entonces las duplicidades no eran algo acostumbrado (salvo en lo de las perchas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ha parecido conveniente describir con cierto detalle el lugar donde tenía lugar nuestra enseñanza porque, ya desaparecido, conviene dejar constancia de cómo era; también por revivir recuerdos de infancia, casi siempre agradables, en muchas personas de Ariño y, principalmente, por contextualizar lo mejor posible mi etapa escolar con don José, a la que espero referirme en un próximo artículo.   &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3371848684626697032?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3371848684626697032/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3371848684626697032&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3371848684626697032'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3371848684626697032'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/04/mis-maestros-don-jose-i.html' title='MIS MAESTROS -Don José (I)-'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7890875512963130353</id><published>2009-04-03T12:12:00.001+02:00</published><updated>2009-04-03T12:17:15.445+02:00</updated><title type='text'>La embestida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace unos cuantos años entró un pastor en una barbería de Ariño y el barbero, al ver el estado en que el mozo llegaba, le preguntó: “¿Pero chico, que te ha &lt;em&gt;pasao&lt;/em&gt;? ¡Si parece que te haya embestido  un autobús!”. Efectivamente,  el pastor tenía la cara despellejada y en el centro de la frente un bulto morado como si hubiera recibido un fuerte golpe. (No era descabellado suponer  que en el resto del cuerpo tendría también diversas magulladuras). El pastor le contestó: “Pues me ha &lt;em&gt;pasao&lt;/em&gt; una cosa que ni te la puedes  imaginar”. Y, acto seguido, le contó lo que le había ocurrido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Acababan de finalizar las fiestas del pueblo en las que el pastor había ido trasnochando más de lo debido y, cuando al día siguiente tuvo que sacar a apacentar (decíamos pajentar) el ganado, iba muerto de sueño. A media mañana, aprovechando que las reses estaban pastando tranquilamente en un rastrojo, se sentó en una piedra de regular tamaño que había en la orilla del campo y se quedó mirando a las ovejas con expresión adormilada; pero debido a la carga de sueño atrasado comenzó a dar cabezadas sin parar, hasta que se fijó en él un mardano  que llevaba en el ganado, e interpretó que le incitaba con la cabeza a la acometida; así que el animal aceptó el reto, tomó distancia y, durante una de las cabezadas más pronunciadas del pastor, se arrancó a toda leche hacia él y le asestó tal cabezazo en el centro de la frente que, aunque el hombre tenía los huesos también muy duros, casi le abrió la cabeza, a la vez que le hizo caer de espaldas, con tan mala suerte que detrás de donde estaba sentado había una pendiente y rodó por ella hasta que quisieron pararlo unos romeros; y entre el topetazo y la rodadura,  quedó en las condiciones lastimosas que mostró en la barbería, eso que ya habían pasado varios  días desde el percance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actualmente se sabe que una de las principales causas de los accidentes de tráfico es el conducir mal dormido  y puedo asegurar, por propia experiencia, que es cierto; pero, incluso cuando había muy pocos coches,  el ir en esas condiciones podía tener graves consecuencias en el momento más inesperado, como acabamos de ver en el presente relato. Y, en fin, parece ser que desde que el hombre transita por la Tierra,  siempre ha sido peligroso el andar algo  adormilado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anterior historieta, como me la contaron la he contado. A pesar de estar muy bien ambientada en Ariño, le concedo una probabilidad de que sea cierta del 50%, ya que la persona que me la contó, aunque es muy agradable y muy maja, es también muy bromista e imaginativa de manera que bien pudo modificar lo sucedido para que cuadrase bien y hasta es posible que todo lo que me contó fuera simplemente resultado de su prolífica imaginación. De cualquier modo, si lo relatado no sucedió realmente, bien pudo haber sucedido, y no vale la pena seguir dándole vueltas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7890875512963130353?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7890875512963130353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7890875512963130353&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7890875512963130353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7890875512963130353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/04/la-embestida.html' title='La embestida'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-8660415455578997959</id><published>2009-03-29T16:25:00.003+02:00</published><updated>2009-03-29T16:46:41.015+02:00</updated><title type='text'>Otro "espabilado"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Parece que la viña de “los Caseros” era propicia para los robos descarados, ya que, además del que supuso el trazado de una carretera de parte a parte sin permiso ni compensación alguna (en la época de Sr. Tayá), ocurrió en ella un incidente, que presencié cuando yo tendría unos 9 ó 10 años:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos vendimiando varias personas esperando que mi padre, una vez terminada su jornada en la mina acudiese también, cuando uno de los camiones que frecuentemente pasaban por dicha carretera, se paró, bajó el chofer, y se puso a coger uvas con total descaro ya que nosotros estábamos a unos 50 metros. Empezamos a gritarle, pero el camionero, sin hacer el más pequeño caso, se subió al camión con su “brazada” de uvas, y se largó tan campante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre, que buenas narices tenía como para que le fueran con estas bromas, a la vez que increpaba al interfecto se fue acercando a la carretera, paró a otro camión que pasaba precisamente en aquel momento, y se lanzaron en persecución del prófugo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la báscula de las oficinas paraban todos los camiones; así que allí se produjo el encuentro (o encontronazo) y mi madre, después de soltarle al camionero unas cuantas frescas y de divulgar en las oficinas lo acontecido, le dijo también que, o pagaba las uvas y los trastornos causados, o se las vería con la guardia civil, que estaba en el cuartel de al lado. El aludido, temiendo que la cosa acabase mal porque el cuerpo del delito estaba en la cabina y la guardia civil no se andaba con chiquitas, pagó sin rechistar lo que mi madre le dijo (que no era más que lo justo), y así pudo salir de la báscula, para dirigirse a La Puebla de Híjar, eso sí, con la cara bien colorada. Mi madre tomó otro camión que iba hacia la mina, y se incorporó a la vendimia, tras “desfacer el entuerto” que había ocasionado aquel incauto desvergonzado que no sabía “con quien se jugaba los cuartos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este relato sirve para demostrar que mi madre (la tía Pilar “la Morela”) que “por las buenas” era un ejemplo de persona generosa y compasiva y ayudaba continuamente a todos que veía en dificultades, “por las malas” no se acobardaba así como así. Esto lo presencié constantemente, y muchas personas, cuando me recuerdan a mi madre, dan buena fe de ello.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-8660415455578997959?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/8660415455578997959/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=8660415455578997959&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8660415455578997959'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8660415455578997959'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/otro-espabilado.html' title='Otro &quot;espabilado&quot;'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-6193406941503513717</id><published>2009-03-25T16:22:00.002+01:00</published><updated>2009-03-25T16:29:33.678+01:00</updated><title type='text'>La viña de "los Caseros"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Un poco antes de 1920 se hallaba en expansión la actividad en la mina “Corral Negro” y, a unos 200 metros de las escombreras, mi abuelo José Macipe (“el tío Caracol”) tenía una viña cuya superficie era de alrededor de media hectárea. Los de la familia la llamaban “la viña de los Caseros” porque relativamente cerca había un balsete con ese nombre.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Un día dicha viña apareció, sin previo aviso, con una carretera  cruzándola de parte a parte, es decir dividiéndola en dos, y destruyendo un elevado número de sus cepas.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Para quejarse del evidente atropello, mi abuelo fue a las oficinas del Sr. Tayá, que era el dueño de la mina, quien lo recibió fríamente y le dijo que ya le darían algún dinero en compensación de los perjuicios ocasionados.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Transcurrido bastante tiempo sin más noticias, mi abuelo comprendió que el asunto estaba muerto y así seguiría si él no lo resucitaba; por lo que se armó de valor y volvió a solicitar audiencia para recordarle la cuestión al Sr. Tayá, quien esta vez lo recibió con mala cara y le dijo, además, estas palabras:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;“Parece mentira, José, que teniendo dos hijos trabajando en la mina, todavía vengas con estas exigencias”.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Mi abuelo, temiendo poner en peligro el trabajo de sus hijos, “plegó velas”, se fue a su casa “con las orejas calientes”, y no volvió a remover aquel asunto que debió de quedársele clavado en el alma el resto de su vida.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Las consideraciones acerca del caciquil ambiente de la época las dejo a cargo de cada uno, ya que el suceso es de los que no precisa comentarios. Solamente quiero hacer una observación, y es que no imaginaba el tal “señor” que un día un nieto del tío José pondría “negro sobre blanco” aquella actuación para, aunque tarde y ya sin remedio, dejar constancia del atropello al que injusta e impunemente,  abusando de su posición, sometió a  su abuelo q.e.p.d. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-6193406941503513717?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/6193406941503513717/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=6193406941503513717&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6193406941503513717'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6193406941503513717'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/la-vina-de-los-caseros.html' title='La viña de &quot;los Caseros&quot;'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3221788888971803119</id><published>2009-03-22T14:40:00.003+01:00</published><updated>2009-03-22T15:05:35.642+01:00</updated><title type='text'>Esto son berzas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo siguiente es algo que contaba mi madre de vez en cuando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una fonda de “la Sierra”, que es una zona indefinida entre Ariño y Teruel donde en cuanto hace frío se ven desde Ariño unas montañas nevadas, llegó un “espabilado” y al ver que a los comensales les iban sirviendo berzas, le dijo a la servidora : “A mí no me sirva eso, porque no me gusta”. La moza se fue sin decir palabra y el cliente, visto que pasaba el tiempo y no servían otra cosa, dedujo que se trataba de plato único, por lo que llamó a la chica de nuevo y le preguntó: “Oiga, esto que han servido, ¿son berzas o berzotas?”La joven respondió: “Esto son berzas”. El astuto pero chasqueado cliente concluyó: “En tal caso sírvame un plato, pues yo creí que eran berzotas”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No os gustaría haber visto la cara de la camarera?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3221788888971803119?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3221788888971803119/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3221788888971803119&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3221788888971803119'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3221788888971803119'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/esto-son-berzas.html' title='Esto son berzas'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7460044678503385282</id><published>2009-03-22T14:32:00.004+01:00</published><updated>2009-03-22T15:04:44.363+01:00</updated><title type='text'>Otra de madrugadores</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El hijo ha trasnochado más de lo debido y su padre, de madrugada, al borde de la pajera intenta despertarlo diciéndole con voz de ultratumba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Abre los ojos Miguel, que te viene Dios a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mozo, con voz soñolienta, responde:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ni que venga Dios ni el diablo, los ojos yo no los abro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre prueba por el aspecto alimentario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Miguel, levántate a almorzar zorro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel contesta con desgana:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, que ya solo quedan las tripas y el morro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre se ve obligado a gastar su último cartucho, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Miguel, levántate a almorzar sopas de leche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Miguel de pronto se incorpora y dice con los ojos muy abiertos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Dónde, dónde están?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cual prueba que, buscando el modo, muchas veces se pueden resolver problemas que parecían de muy difícil solución, como puede ser el intentar despertar temprano a un mozo que se acostó demasiado tarde. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7460044678503385282?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7460044678503385282/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7460044678503385282&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7460044678503385282'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7460044678503385282'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/otra-de-madrugadores.html' title='Otra de madrugadores'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4535684794526266907</id><published>2009-03-22T14:21:00.004+01:00</published><updated>2009-03-22T14:31:08.226+01:00</updated><title type='text'>La buena educación</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un chiste que contaba mi padre:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coincidieron comiendo en la misma mesa dos hombres que tenían una relación justita o nula. En el plato quedaban dos bocados, de diferente tamaño. Uno de los comensales dijo: “Coja, coja usté ”. El aludido cogió el bocado más grande. El que había hablado en primer lugar, no pudiendo contenerse, exclamó: “Parece mentira que cogiendo el primero, elija el bocado mayor. Eso demuestra muy poca educación”. A lo cual respondió el aludido: “Si hubiera sido usted primero, ¿cuál hubiera cogido?” El otro respondió: “Pues, naturalmente, hubiera cogido el pequeño”. Y concluyó el más listo: “Entonces, no sé por qué se queja: ¡Ahí, ahí lo tiene todavía!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cual demuestra que algunas veces, hasta las apariencias de buena educación tienen su trampa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4535684794526266907?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4535684794526266907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4535684794526266907&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4535684794526266907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4535684794526266907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/la-buena-educacion.html' title='La buena educación'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1420632893396141961</id><published>2009-03-16T17:00:00.006+01:00</published><updated>2009-03-16T17:46:22.456+01:00</updated><title type='text'>MIS MAESTROS —Don Basilio—</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el comienzo de mi época escolar nos llevaban a la escuela a los seis años. Fui a parar a una que había al lado de la casa de la tía Nuncia. El edificio era de tres plantas: corrales, escuela y vivienda. La vivienda quedaba al nivel de la calle y para ir a nuestro destino teníamos que bajar bastantes escalones a oscuras y allí, al lado de la carbonera que también se llamaba cuarto de las ratas y de los castigos, estaba la puerta de la que durante un año sería mi escuela. Desde el interior se veía, a lo lejos, el cementerio y hoy veríamos también la residencia de la tercera edad. En la pared, al lado de la puerta, había un ventanuco cuya función era tratar de iluminar la escalera de entrada, cosa que conseguía a duras penas porque era lo suficientemente pequeño para que no pudiera atravesarlo ningún chaval, ya que los proyectistas del ventano desconfiaban (con razón) de los escolares. Sí servía para que, de vez en cuando, asomase la cabeza a la clase un muchachote que con voz de &lt;em&gt;desagüe de lavadora&lt;/em&gt; decía: “¡Ole, ole talento!” Algunos se reían, pero a mí, con lo pequeño que era, no me hacía ninguna gracia aquella falta de respeto al maestro y no me explicaba por qué este no iba a por el intruso y le propinaba un par de sopapos que yo consideraba bien merecidos. Este es uno de los interrogantes que me quedaron en la mente en aquella etapa de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maestro se llamaba don Basilio y tendría algo menos de cuarenta años. Nadie me informó, ni yo tuve interés en saber, sus circunstancias familiares. Sí me quedé con la imagen de que era muy trabajador y tenía a su cargo unos 30 ó 40 chavales desde 6 a 12 años (no me consta que hubiera de más edad) que cuando pasábamos, siempre corriendo, por aquella estrecha escalera, éramos un verdadero terremoto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, al lado de don Basilio, fui asimilando cómo eran las letras, cómo sonaban y cómo se enlazaban unas con otras. Yo (modestia aparte) era un buen chaval, trabajador y con buena memoria, así que, en poco tiempo, las aprendí y leía las cartillas con facilidad. Extraescolarmente, en la puerta de mi casa, con una pizarra grande de madera que tenía, me recreaba escribiendo palabras que me decían los vecinos, y se quedaban admirados de mi sapiencia, lo que no era un gran mérito para mí ya que a los mayores les venía justo para leer y escribir; sin embargo aquellas alabanzas me elevaban la autoestima y me motivaban para seguir aprendiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Basilio también estaba sorprendido de lo rápido que aprendía y quiso hacer una demostración de mis facultades lectoras ante los alumnos, especialmente ante los mayores. Para ello se agenció un periódico, me llamó a su lado, mandó callar a todos, y me hizo leer unos párrafos. El experimento no resultó lo convincente que era de desear porque me había puesto el listón demasiado alto y leí lo que me señaló, con dificultad y a trompicones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de poco tiempo pasé a escribir al dictado, en el cual participábamos toda la clase a pesar de que, como he dicho antes, las edades oscilaban entre 6 y 12 años. Yo estaba en las primeras filas y justo detrás ya se sentaban los más mayores. Los alumnos escribíamos la fecha por nuestra cuenta y a continuación don Basilio comenzaba a leer en voz alta lo que debíamos escribir. Uno de aquellos días uno de los mayores, al comenzar, dijo en voz alta: “Don Basilio: diga la fecha porque &lt;em&gt;alguno&lt;/em&gt; ya está poniendo 32 de mayo”. El muy cabrito había mirado por encima de mi hombro y había visto la fecha que yo acababa de poner. El ataque fue tan directo y tan espectacular que me salieron los colores y sentí tal rabia que “le tomé la matrícula” a aquel chico y siempre he recordado el incidente. Sé quien fue pero no se lo he dicho a nadie y nunca se lo he tenido en cuenta, porque se trata de una persona magnífica con la que siempre me he llevado muy bien. Lo que pasa es que de niños somos crueles y nos gusta hacer chistes a costa de los más débiles sin darnos cuenta del daño que hacemos; por eso estas actuaciones hay que comprenderlas y perdonarlas ya que muchas veces ellos mismos, de mayores, son los primeros en reconocer que en tal o cual ocasión no obraron como era debido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo anterior es lo más significativo de mi estreno como escolar. Lo he recopilado rebuscando en mi memoria los recuerdos de aquella etapa. Me sorprende ver, desde mi óptica actual, la cantidad de observaciones y de sentimientos que se nos graban en la mente ya a edades muy tempranas. Muchas veces retenemos los detalles que menos se imaginan las personas del entorno. Esto es una observación para los educadores de niños pequeños porque, aunque saben de sobra todas estas cosas, no está de más subrayárselas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al terminar mi primer curso tenía que cambiar de maestro y oí rumores de que me tocaría don Antonio; pero no sé qué paso, el caso es que aterricé, en mi segundo curso, en &lt;em&gt;las huestes&lt;/em&gt; de don José Martínez de Castro, maestro al que le tengo un gran aprecio (ya sé que tiene detractores) y al que espero referirme en un próximo relato. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1420632893396141961?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1420632893396141961/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1420632893396141961&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1420632893396141961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1420632893396141961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/mis-maestros-don-basilio.html' title='MIS MAESTROS —Don Basilio—'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7620855407905587902</id><published>2009-03-11T17:10:00.005+01:00</published><updated>2009-03-11T17:38:35.408+01:00</updated><title type='text'>Los llamaban locos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hubo en Ariño una familia muy popular cuyos progenitores eran el tío Javier (lo llamábamos el tío Javiel) y la tía Jacoba. El tío Javiel había nacido en Ariño y era un hombre un poco raro. La imagen que tengo de él, de cuando yo era un niño, es que hablaba en voz alta con un acento especial y llevaba la cabeza muy levantada como si se sintiese algo superior al entorno. La tía Jacoba al parecer era de Alfajarín y tenía aspecto de ser muy buena mujer. La recuerdo pequeña y andando con cierta dificultad, siempre trabajando en la carnicería que tenían en la replaceta del médico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De aquel matrimonio nacieron tres hijos varones cuyos respectivos nombres de mayor a menor eran Antonio, Joaquín y Pascual, todos buenas personas, pero tenían también un punto de rareza que debía de ser motivada por algún gen heredado del padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mayor, a quien llamaban el Antonio “el Loco”, estaba ingresado en “el Psiquiátrico” de Teruel cuando tuve conciencia de él, pero pasaba temporadas en el pueblo, donde te lo encontrabas por los caminos de la huerta donde menos lo esperabas. Decía mi padre que en alguna de aquellas visitas en invierno le habían visto bañarse en el río con el agua helada. Este detalle era suficiente para que la gente desconfiase de su cordura. Él tampoco se interesaba por la gente, actuando como si pasase de todo y de todos. En su etapa de normalidad se había casado y tenían un hijo que era varios años menor que yo y vivía con sus abuelos. Este chico, que también se llamaba Javier, tenía aspecto de muy inteligente y era bueno, simpático y amable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al Antonio, cuando era joven, se le consideraba de una inteligencia superior a la media y ejercía el oficio de barbero, practicante y sacamuelas. Teniendo en cuenta lo que ahora conocemos de su evolución, el imaginarlo manejando aquellas navajas alemanas de afeitar que utilizaban entonces no deja de producir un cierto escalofrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He tenido interés en hacer los anteriores apuntes sobre esta familia porque entre todos ejercían una cierta influencia en Ariño y porque existen algunas vinculaciones con la persona de la que voy a hablar a continuación, que es el motivo central de este relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata del Vicente “el Tormos” a quien algunos llamaban también el Vicente “el Loco”. Hacía cosas extrañas, lo que en Ariño se consideraba siempre como signo de locura. Concretamente, a pesar de que tenía varios familiares, vivía aislado por decisión propia, en un corral (con una zona cubierta) próximo al “cerradillo”, rodeado de varios animales: un macho, un cerdo, varias reses y algunas gallinas. Te lo encontrabas por los caminos siempre acompañado por su macho y a veces por las ovejas y, cuando le saludabas con un “¡hola Vicente!”, te contestaba “¡holaaa…!” y esta era toda la conversación. Llevaba siempre una gorra de aquellas negras que le hacía de visera para que no le molestase el sol en los ojos y ello le obligaba, para ver bien el camino, a llevar la cabeza muy levantada. También tenía una forma especial de caminar con pasos largos y lentos; parecía como si en su niñez hubiera aprendido a caminar pasado el momento preciso. El aspecto, como es lógico dados los antecedentes, era descuidado y sobre todo sus barbas y su pelo necesitaban muchos más cuidados de los que les dedicaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cierta ocasión el Antonio (el hijo del tío Javiel) movido por un curioso impulso de solidaridad que se da entre personas que intuyen tener algo en común, fue a hablar con el Vicente y le propuso que pasase por su barbería para adecentarle la barba y el pelo gratuitamente, a lo cual este le contesto: “¡Ah no!¡Yo no entrego mis barbas en manos de un loco!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta frase se hizo famosa y la gente la relacionaba con aquello de “la sartén le dijo al cazo” y en general se le daba a la anterior entrevista el tratamiento de un chascarrillo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo con el relato de las actividades del Vicente diré que solía ir con frecuencia a un campo de olivos que tenía en “el Batán” cerca de “el Plano” y utilizaban, él y su macho, una cueva próxima como refugio. Para ir a dicho campo necesitaban cruzar el río Ariño y el Martín y este era bastante caudaloso. Un día al regresar al pueblo ya anocheciendo, al cruzar el río Martín, el macho, que ya era viejo, se desplomó en mitad del río. El Vicente lo descargó como pudo pero el macho ni siquiera así tenía fuerzas para levantarse. Acudieron algunas personas en su ayuda pero tampoco consiguieron levantarlo. Puede que el agua fría le produjera una hipotermia o que su viejo corazón estuviera dando sus últimos latidos; el caso es que, después de muchos esfuerzos, desistieron de sacarlo del agua. Y así falleció el macho, a pesar de que hasta el último momento mantuvo la cabeza fuera del agua y podía respirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas imágenes del Vicente desesperado viendo que se le estaba muriendo el macho, y otras en que me lo imagino velándolo durante gran parte de aquella aciaga noche, me producen, cuando las recuerdo, una inmensa pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vida lejos de Ariño hizo que dejase de tener noticias del Vicente y no sé qué más pasó con él, pero siempre lo recuerdo con cariño y con tristeza. Con el tiempo he visto que su apodo no refleja la realidad ya que para mí aquel hombre no estaba loco, porque no hizo nada que pudiera acreditarlo como tal. Estoy convencido de que simplemente se trataba de una persona autista, condición que le incapacitaba para relacionarse socialmente. Lo veo como una buena persona víctima de una situación que entonces no tenía remedio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando reflexionamos sobre si “el progreso” vale siempre la pena, dudamos de ello por lo mucho que perdemos a cambio de lo que ganamos con él; pero no me cabe duda de que, en el tratamiento de muchas problemáticas personales como la de nuestro Vicente, actualmente estamos en una situación muchísimo mejor que en aquellos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar confieso que siempre he sentido la necesidad de solidarizarme con la humilde figura del Vicente “el Tormos” porque, sin serlo, la gente lo llamaba loco; aunque tampoco la locura sea una deshonra, sino simplemente una enfermedad (y las hay mucho peores).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7620855407905587902?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7620855407905587902/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7620855407905587902&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7620855407905587902'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7620855407905587902'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/los-llamaban-locos.html' title='Los llamaban locos'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-6595025121273071838</id><published>2009-03-01T16:16:00.001+01:00</published><updated>2009-03-01T16:20:58.178+01:00</updated><title type='text'>La despedida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Esta anécdota corresponde a una época que, por poco, no llegué a conocer, aunque sí conocí a la persona a la que se refiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellos años, cuando a los quintos les llegaba la hora de incorporarse al Ejército, tenían que ir por sus propios medios, es decir andando, hasta la estación de ferrocarril de La Puebla de Híjar, lo que hacían acompañados por algún que otro amigo, y sobre todo por algún familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En La Puebla se juntaban los quintos de toda la comarca y, organizados por mandos militares, llenaban un tren que los llevaba a Zaragoza, donde se concentraban todos los mozos de la Región Militar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En el momento de partir —por causa de las despedidas— se formaba un interminable follón que los mandos trataban de resolver contundentemente, procurando que el tren saliera a la hora prevista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de aquellos mozos de Ariño, ofuscado por las prisas, se despedía de su padre con un abrazo y la siguiente expresión:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡ Hala padre! Si no nos vemos. . . ¡Eso es lo que es menester!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; O sea que dijo lo primero que le vino a la cabeza la que,  con tranquilidad,  daba algo de sí, pero nada coherente se podía esperar de ella si le iban atosigando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me contaron esto, además de hacerme gracia la expresión del aspirante a militar, me sorprendió que, hace no muchos años, la cosa más simple, como por ejemplo “ir a la mili”, tuviera las grandes dificultades que se deducían de lo que me iban explicando.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-6595025121273071838?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/6595025121273071838/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=6595025121273071838&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6595025121273071838'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6595025121273071838'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/la-despedida.html' title='La despedida'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7250156168389083798</id><published>2009-03-01T16:05:00.004+01:00</published><updated>2009-03-01T16:58:16.315+01:00</updated><title type='text'>El jarabe de palo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto lo contaba mi padre, y supongo que solo es una especie de chascarrillo, aunque muy bien ambientado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mozo había trasnochado y por la mañana, muy temprano, estaba todavía durmiendo en la pajera cuando su padre se le acercó para intentar despertarlo. El hijo dijo con voz quejumbrosa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Padre: ¡Qué mal me encuentro! ¡Qué &lt;em&gt;mala gana&lt;/em&gt; tengo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre, quitándose el cinturón, comenzó a pegarle con él, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Fuera &lt;em&gt;mala gana&lt;/em&gt; de mi chico! ¡Fuera &lt;em&gt;mala gana&lt;/em&gt; de mi chico! propinando al virus “&lt;em&gt;mala gana&lt;/em&gt;” el castigo apropiado para que el chico quedase curado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pajera en Ariño era un contenedor de paja, hecho de obra de albañilería y adosado a las paredes, en la cuadra donde pasaban la noche las caballerías. Aquella era, en muchos casos, la cama donde dormían los chicos que ya eran mozalbetes, hasta que les llegaba el día de casarse. Como la paja que constituía el colchón era también el alimento (mezclándolo con algún cereal como cebada, avena, o centeno) de las caballerías compañeras de dormitorio, no era raro encontrarse, al despertar, con la imagen de la cabeza de una o de varias de ellas atraídas por el olor de la paja. Entonces los olores de las cuadras se consideraban normales, o ecológicos que diríamos ahora. Conviene precisar que las chicas no dormían en la pajera porque se tenía esa atención con ellas. Añadiré, para terminar, que las pajeras en invierno tenían la ventaja de ser lugares templados por las abundantes calorías que proporcionaban las caballerías. Con frecuencia eran las únicas habitaciones algo templadas de las casas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7250156168389083798?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7250156168389083798/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7250156168389083798&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7250156168389083798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7250156168389083798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/03/el-jarabe-de-palo.html' title='El jarabe de palo'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-5946189724312251413</id><published>2009-02-26T20:21:00.003+01:00</published><updated>2009-02-26T20:53:09.676+01:00</updated><title type='text'>El platillo volante</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estando de vacaciones un verano en casa de mis padres en Ariño, mi esposa rompió accidentalmente un plato de duralex. Mi madre le quitó con insistencia cualquier importancia al asunto, mientras mi padre observaba atentamente la jugada. Aquella tarde fuimos a la huerta y ¡casualidad de casualidades!, encontramos en un ribazo, sobre el lastón, un plato exactamente igual al roto. En lugar de dejarlo donde estaba, que hubiera sido lo normal, mi padre lo cogió y volvimos con el plato a casa al atardecer. Al llegar, mi padre mostrándole el plato a mi madre, le dijo que María lo había comprado en compensación por el roto. Mi madre montó en cólera y arrebatándole el plato a mi padre abrió la ventana y lo tiró al corral oyéndose un sonoro estallido y el cacareo asustado de las gallinas, mientras mi esposa le perjuraba que no lo había comprado y que todo era una broma de mi padre (que sabía perfectamente lo que haría mi madre al ver el plato). ¡Pues no hubo manera de convencerla de que lo habíamos encontrado en la huerta! Mi madre decía: “Sí, ¡allí iba a estar el plato esperándoos a vosotros!”, como queriendo indicar que tal circunstancia era demasiado casual para poder creerla. El caso es que nunca pudimos convencerla de lo que realmente pasó y ella se quedó con su idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces hay hechos reales que son perfectamente increíbles.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-5946189724312251413?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/5946189724312251413/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=5946189724312251413&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5946189724312251413'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/5946189724312251413'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/el-platillo-volante.html' title='El platillo volante'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3339099666071919074</id><published>2009-02-23T20:33:00.012+01:00</published><updated>2009-02-24T12:44:29.933+01:00</updated><title type='text'>Costumbres peligrosas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En Ariño, durante muchos años, los mineros fueron al trabajo andando por su cuenta y riesgo, lo cual les representaba caminar cada día más de dos horas entre ir y volver; de manera que, viéndolo positivamente, esta gimnasia era motivo suficiente para estar la mayoría bastante sanos, a pesar de lo insano que era el interior de la mina sobre todo para los pulmones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen día algún directivo tuvo la razonable idea de poner, para el transporte del personal, un camión al que se llamaba “el camión de los mineros”. A los del casco antiguo de Ariño se les recogía en “los Albaretes”, o sea en la confluencia del camino del cementerio con la carretera de las minas. Aunque la caminata diaria no se eliminó totalmente, se redujo mucho porque pasó a costar, más o menos, un cuarto de hora. La gente reconoció la mejora ya que, aunque aquellos camiones no eran cómodos, la situación cambiaba mucho y además los mineros no eran quejones. Con los años las cosas fueron mejorando y, al final, el trayecto en ambos sentidos se hacía en flamantes y cómodos autobuses a cargo de la Empresa; eso sí, hasta donde yo recuerdo, el autobús siguió teniendo su primer punto de recogida en el barrio de SAMCA y una parada en “los Albaretes” que, como queda dicho, seguía estando a un cuarto de hora del pueblo. Para decirlo todo hay que reconocer que el estado de los caminos no facilitaba una mayor aproximación de los camiones ya que, además de ser de tierra, estaban llenos de piedras, y lo único que se hacía como mantenimiento era despedregarlos “a zofra” unos días antes de las fiestas de septiembre. (Entonces no se celebraban en agosto como ahora).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a la época de los primeros camiones, un día de invierno, al amanecer, iba mi padre medio dormido con la capaceta al hombro y las manos en los bolsillos del pantalón a causa del frío y, cuando estaba a la altura del cementerio, vio que el camión llegaba ya, por lo que decidió acelerar el paso hasta casi correr. En estas tropezó en uno de los abundantes pedruscos y el tropezón fue de tal envergadura que perdió la vertical y, mientras iba cayendo, intentó desesperadamente sacar las manos de los bolsillos, cosa que no consiguió del todo a pesar de casi romperlos, a la vez que mentalmente se iba diciendo “no te está mal, no, que esto te pasa por ir corriendo con las manos en los bolsillos”. El caso es, que, aunque mi padre era delgado y por tanto de poco peso, pegó un tripazo en el suelo de tal calibre, que, según decía, notó una rayada de dolor en diagonal por todo el cuerpo desde la ingle hasta el hombro, que le hizo pensar: “¡Ya me he &lt;em&gt;reventao&lt;/em&gt;!” Pero a pesar de lo aparatoso del accidente vio que la cosa no pasaba a mayores, por lo que recogió la boina y la fiambrera, recompuso la figura y siguió adelante a buen paso; pero esta vez con las manos al aire, ya que los sustos gordos a veces modifican los criterios sobre el frío.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3339099666071919074?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3339099666071919074/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3339099666071919074&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3339099666071919074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3339099666071919074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/costumbres-peligrosas.html' title='Costumbres peligrosas'/><author><name>Salvador Macipe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05075986373318161913</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-920785213055186316</id><published>2009-02-19T09:28:00.000+01:00</published><updated>2009-02-19T09:30:09.300+01:00</updated><title type='text'>El grillero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Decía mi padre que apareció un día en Ariño un individuo dispuesto a comprar grillos. (En Ariño a los saltamontes se les llama grillos). De manera que dio a conocer su curiosa oferta al vecindario por el sistema habitual en aquella época, que era “echar un bando” por el pueblo, pregonando la singular noticia.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Al oír al pregonero, la gente, niños y mayores, salió sin pérdida de tiempo hacia el monte a buscar grillos, pertrechados de ingeniosos utensilios para su eficiente caza y otros no menos curiosos para su seguro almacenaje, y por la tarde apareció por la plaza el primer cazador con su cargamento de grillos y le presentó al comprador el primer lote.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El presunto comprador tomó un grillo, le dio la vuelta y mirándole la parte inferior dijo “es grilla”, lo lanzó al aire y la grilla salió volando. Tomó el siguiente y haciendo la misma maniobra dijo “también es grilla”, y repitió la operación de lanzarlo al aire; y así uno tras otro fue descartando a todos los grillos, por no tener ninguno las características solicitadas.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Durante toda la tarde se fue repitiendo la comprobación del sexo de los grillos y no se pudo encontrar ni un solo macho. Así que los improvisados cazadores retornaron contrariados a sus casas, sospechando que les habían tomado el pelo, pero sin poder asegurarlo, porque no había nadie que supiera distinguir a los grillos de las grillas y rebatir al comprador su decisión tan sumamente personal e inapelable.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Estoy seguro de que este relato, que contaba mi padre con su habitual socarronería, no corresponde a un hecho real, ya que no puedo creer que alguien se atreviera a correr el riesgo de salir muy malparado cuando el personal se diera cuenta de que todo era una burla; hay personas imprudentes, pero no tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este hipotético suceso fue el origen de que, para referirse a que algo no había resultado como se esperaba, alguna vez se dijese: “me ha salido grilla” expresión con igual significado  que aquella de “me ha salido la nuez cucona” cuyo significado es evidente.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-920785213055186316?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/920785213055186316/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=920785213055186316&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/920785213055186316'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/920785213055186316'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/el-grillero.html' title='El grillero'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4278613453542090819</id><published>2009-02-19T09:27:00.000+01:00</published><updated>2009-02-19T09:28:35.277+01:00</updated><title type='text'>El inmutable</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El siguiente relato que  no se refiere a un hecho sucedido realmente sino que, sin lugar a dudas se trata de un chascarrillo, lo contaba mi tío Antonio “el Morel” q. e. p. d.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Al parecer hubo una vez un hombre, padre de familia, que tenía la rara particularidad de no enfadarse nunca. Hay que decir que esta condición no le era del todo conveniente, ya que algunas veces le hacían faenas a sabiendas de que no habría una justa reacción, y otras lo ponían a prueba para ver hasta donde llegaba su pacifismo. De forma que, si bien no sufría los perjuicios propios del enfado, tenía los inconvenientes derivados de no enfadarse, aunque estos a él le trajeran sin cuidado.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;En cierta ocasión, en época de siega, a un hijo suyo se le ocurrió hacer algo que sin duda conseguiría enfadarle y convertirlo en una persona normal. Así que después de segar varias personas todo el día “a lomo caliente”, recogieron los fajos haciendo una gran fajina; y cuando los segadores estaban aliviando un poco el cansancio, el hijo sacó las cerillas y le pegó fuego al producto de la siega. La mies seca arde con facilidad; de manera que, en pocos segundos, aquello fue una enorme hoguera. El hijo supuso que esta vez su padre se pondría rojo de ira; sin embargo cuando éste vió las llamas en aquel ya fresco atardecer, se acercó a la hoguera y solamente dijo:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;–¡Una calentadica en cualquier tiempo es buena!&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Así que la “medicina” tampoco hizo efecto esta vez, quizá porque la enfermedad del padre debía de ser incurable.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El caso es que, en Ariño, al encender fuego en el campo, era frecuente que alguien  dijese: “¡Una calentadica en cualquier tiempo es buena!”, recordando el chascarrillo al que se refería con frecuencia  mi tío Antonio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4278613453542090819?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4278613453542090819/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4278613453542090819&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4278613453542090819'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4278613453542090819'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/el-inmutable.html' title='El inmutable'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4464285634505444584</id><published>2009-02-14T20:51:00.001+01:00</published><updated>2009-02-14T21:06:56.908+01:00</updated><title type='text'>Los rayos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Todos los años tenemos noticias de que varias personas mueren en Aragón por causa de los rayos. En Ariño se produjo hace bastantes años un fallecimiento por este motivo: un día al amanecer oí un trueno seco y fortísimo que me despertó y, al levantarme, vi que estaba muy nublado, como a punto de llover. No mucho más tarde, como a media mañana, empezó a circular por el pueblo el rumor de que había ocurrido una desgracia. Se acababa de saber que el Vicente “el Higuero”, que estaba casado y tenía un hijo pequeño, había fallecido cuando andaba, como buen pastor, en busca de una oveja que se le había perdido la tarde anterior. El rayo le alcanzó subiendo hacia “los Valellos” por el camino que hay monte arriba a partir de la casetica de “los cinco reales”. Alarmada su esposa por la tardanza en regresar al pueblo avisó a la familia y salieron varias personas en su busca, entre ellas el padre de Vicente, el tío Manuel, que fue precisamente quien encontró a su hijo abatido por el rayo. Para el pobre tío Manuel, que fue el primero en abrazar al hijo ya muerto; para la esposa y el hijo de Vicente y para el resto de la familia, hubo un antes y un después de aquel fatídico día, y muchas veces sus ojos se llenaron de lágrimas por el trágico final de Vicente Paricio, q.e.p.d.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro rayo que pudo causar también una tragedia alcanzó a José Manuel López, el hijo del José “el Tejero”, cuando iba cazando por el Puerto. Le cayó precisamente en la escopeta y, aunque le ocasionó varias quemaduras, milagrosamente no le mató a pesar del riesgo añadido de llevar la escopeta cargada y las cartucheras llenas. Yo le vi la cicatriz en forma de cruz que le quedó en el pecho debajo de una cruz que llevaba en una cadena colgando del cuello. Todo el mundo mostraba su admiración, él el primero, de que sobreviviera después de tan tremendo accidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me informan de que hace unos cuatro años murió, también electrocutado por un rayo, un joven inmigrante que estaba trabajando en el tejado de la residencia. Técnicamente esa zona no es de gran riesgo y de hecho, que yo sepa, es la primera persona que muere por este motivo en el propio pueblo. Mala suerte y una gran pena sobre todo para sus familiares que lo debieron de ver marchar hacia España con la ilusión de abrirse camino y ya no volvieron a verlo vivo. Descanse igualmente en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo también que cuando yo tenía unos 14 años fuimos un día mi padre y yo con dos burras por la sierra de Arcos hacia un campo que teníamos en la loma Baja de las Coronas. Al poco tiempo de pasar la balsa apareció a nuestras espaldas una tormenta de muy mal aspecto con negros nubarrones precedidos de fuerte aparato eléctrico. Cuando nos alcanzó íbamos en fila, primero mi padre llevando a una burra del ramal, a continuación la otra burra con el ramal atado al baste de la primera, y yo cerrando la marcha. En aquel momento andábamos por la parte más alta de una montaña desde la que se divisaba, a nuestra derecha, la cuenca minera de Ariño. Yo comprendí que nuestra posición era peligrosa en aquellas circunstancias por la alta cota del camino y por la presencia de las burras cargadas de aperos con partes metálicas puntiagudas. Mis temores aumentaron de repente porque, en aquel momento, se produjo a la vez un relámpago y un trueno impresionante y vi, como a unos 300 metros, el humo producido por un rayo que acababa de caer. Mi padre apaciguó a las caballerías como pudo y seguimos adelante. Yo miraba a mi padre para ver si tomaba alguna medida de protección y, como él seguía inmutable, no me atreví a pedirle que buscásemos algún cobijo, porque me dio vergüenza demostrar mi temor. Y así seguimos, yo convencido de que en cualquier momento nos iba a caer un rayo que nos dejaría secos a todos, personas y caballerías. Mi padre, que no era tonto ni mucho menos, quizá estaba pensando lo mismo, aunque supongo que confiaría en aquello de que “nunca pasa nada”; el caso es que seguimos camino adelante sin pestañear, hasta que nos sobrepasó la tormenta, y eso fue todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recuerdo de aquella tormenta se me quedó grabado en el cerebro con la sensación de que ha sido la ocasión, a lo largo de mi vida, en que más miedo he pasado y en la que más cerca de morir he estado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que aquella vez no actuamos correctamente, porque hicimos una temeridad. Debimos dejar aquel camino que estaba en una cota máxima, descender a otra menor, atar las burras distanciadas una de otra y separarnos de ellas protegiéndonos nosotros, incluso entre los romeros, hasta que pasase la tormenta, en lugar de seguir aparentemente tan campantes como si aquello no fuera con nosotros cuando estaban cayendo rayos a corta distancia. Yo no tuve la confianza de expresarle a mi padre mis temores pero es que entonces existía la equivocada idea de que demostrar miedo  era cosa de cobardes y yo no quería pasar por tal de ninguna manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hijo Joaquín Macipe sabe también algo de rayos por una vez que fuimos él y yo en Benasque a pescar truchas muy temprano. Allí, que los vimos también de cerca, no nos traumatizaron porque nos metimos en el coche y a esperar que escampe con la tranquilidad de que el estar en el interior de un coche proporciona una total seguridad frente a las descargas eléctricas. Dicho sea de paso, cuando escampó nos divertimos de lo lindo pescando. Sabido es que, para pescar, el tiempo revuelto amenazando tormenta es algo muy favorable. Lo hemos comprobado en muchas ocasiones y especialmente en aquella de Benasque, en que varias veces sacamos dos truchas con un solo tirón de la caña.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4464285634505444584?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4464285634505444584/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4464285634505444584&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4464285634505444584'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4464285634505444584'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/los-rayos.html' title='Los rayos'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-6134249135352434302</id><published>2009-02-10T17:05:00.000+01:00</published><updated>2009-02-10T17:07:13.219+01:00</updated><title type='text'>Cuidado con algunas jotas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;         &lt;br /&gt;En Ariño, hace años, cuando se obraba en las casas, normalmente intervenía un albañil como profesional y una o varias personas de la familia del promotor ayudaban como peones. En cierta ocasión, el albañil que se contrató era notable por lo bien que cantaba y lo bien que ingeniaba jotas alusivas a las distintas circunstancias. El dueño de la casa, promotor de la obra, se llamaba Vicente y estaba constantemente insistiendo para que el albañil cantase una jota de las suyas. El albañil se resistía, diciendo: “No quiero, porque se enfadará”; pero fue tanta la insistencia, que al final el albañil cantó así:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– Alabo al señor Vicente...&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt; El Sr. Vicente dijo:    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ole, ole! ¡No me enfado, no!&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El albañil continuó la jota, cantando:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– Porque amasa mal y poco...&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Aquí el Sr. Vicente se mantuvo callado y no dijo nada.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– Con la punta de la lengua...       &lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– Se va lamiii...nando el moco... ¡EL MARRANO!&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El Sr. Vicente saltó como un resorte:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– ¡A MÍ ESO NO ME LO DIGAS!&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Y el albañil concluyó con sorna:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;– ¡No le dije que se enfadaría...!&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;¡Qué difícil es aceptar la imagen que de nosotros tienen los demás, si no es buena!&lt;br /&gt;         Hay que añadir que entonces, igual que ahora, los albañiles tenían lista de espera y además su posición era más sólida que la de quienes los contrataban.     &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-6134249135352434302?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/6134249135352434302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=6134249135352434302&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6134249135352434302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/6134249135352434302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/cuidado-con-algunas-jotas.html' title='Cuidado con algunas jotas'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7589609111382983859</id><published>2009-02-10T17:04:00.000+01:00</published><updated>2009-02-10T17:05:45.189+01:00</updated><title type='text'>Aviso matinal</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Oído de madrugada en la calle del Calvario, de ventana a ventana, hace muchos años:&lt;br /&gt;      &lt;br /&gt;“¡&lt;em&gt;Manoliquia. . . Manoliquia!&lt;/em&gt; ¡No le des de almorzar a la &lt;em&gt;chiquia&lt;/em&gt;! ¡Que ha &lt;em&gt;almorzau&lt;/em&gt; con su &lt;em&gt;agüelo&lt;/em&gt; y con &lt;em&gt;yo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;crabas&lt;/em&gt; con &lt;em&gt;patracas&lt;/em&gt;!”&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Así hablaban entonces bastantes personas, aunque ahora nos parezca una broma. Vemos también que el tipo de desayuno no se parece a los actuales; sin embargo las crabas que decían (o cabras que decimos  actualmente), que son caracoles blancos de monte, entonces se comían con cierta frecuencia; en cambio ahora son una exquisitez y en bastantes sitios una especie protegida. En la advertencia matinal se aprecia también que el desayunar dos veces  una niña no estaba bien visto por su abuela. Sin duda las cosas han cambiado mucho desde entonces.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7589609111382983859?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7589609111382983859/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7589609111382983859&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7589609111382983859'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7589609111382983859'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/aviso-matinal.html' title='Aviso matinal'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-8700759268042974432</id><published>2009-02-04T19:45:00.001+01:00</published><updated>2009-02-04T19:46:44.503+01:00</updated><title type='text'>La decisión</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La siguiente &lt;em&gt;historia&lt;/em&gt; se la oí contar a mi madre:&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Se hallaba un sapo a la orilla de una carretera intentando cruzar al otro lado. De vez en cuando pasaba algún coche, así que el cruzar significaba ciertamente un riesgo de morir aplastado. El sapo intentaba pasar y, al oír el más pequeño ruido, daba media vuelta y se volvía atropelladamente al origen, y allí se quedaba quieto, hasta que se le pasaba el susto. Repitió el intento varias veces con el mismo resultado y, cuando ya se convenció de que siempre eran falsas las alarmas, se armó de valor, se dijo “¡allá voy!”, y se lanzó a cruzar “a tumba abierta”; lo que fue una premonición, porque aquella vez el ruido que comenzó a oírse sí que procedía de un coche de verdad, que justamente le pasó por encima, dejándolo del grueso de unos pocos milímetros. El sapo, en el momento de ser aplastado solo pudo decir “¡la erré!”, que venía a ser como una reflexión final sobre el resultado de la operación “cruzar carretera”.        &lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;Pasando de la fábula del sapo a lo que nos sucede a las personas, el que más y el que menos nos hemos encontrado alguna vez en esa situación de indecisión en que, estando varias veces casi a punto de iniciar algo, nos echamos atrás en el último instante y, cuando por fin nos decidimos, nos damos cuenta, demasiado tarde, de que hemos elegido el peor momento.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Esto, al fin y al cabo, es una más de las muchas manifestaciones de las leyes de Murphy que, como vemos, ya las intuíamos en Ariño hace muchos años.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-8700759268042974432?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/8700759268042974432/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=8700759268042974432&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8700759268042974432'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8700759268042974432'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/la-decision.html' title='La decisión'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-1780288378266328158</id><published>2009-02-04T19:44:00.000+01:00</published><updated>2009-02-04T19:45:26.318+01:00</updated><title type='text'>Cosas de mi madre</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me parece estar viendo la cara de mi madre, viva estampa del regodeo, contando que un día al anochecer estaba un poco preocupada porque yo, que por aquel entonces era un chaval, no daba señales de vida siendo ya la hora de cenar; así que  le preguntó a un chico un par de años mayor, si me había visto en alguna parte. Aquel chico le contestó atropelladamente: “El Salvador está en la plaza. ¡Lo he visto mí...!” Mi madre al recordar esta expresión se reía tan a gusto que contagiaba a los oyentes, sin darse nadie cuenta de que, en cuanto a incorrecciones lingüísticas, veíamos muy fácilmente la paja en el ojo ajeno y con dificultad la viga en el propio, como sucede con muchos otros defectos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-1780288378266328158?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/1780288378266328158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=1780288378266328158&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1780288378266328158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/1780288378266328158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/02/cosas-de-mi-madre.html' title='Cosas de mi madre'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-7155221521706108764</id><published>2009-01-30T00:06:00.003+01:00</published><updated>2009-01-31T12:08:59.802+01:00</updated><title type='text'>Guitarra ay mi guitarra</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hubo en Ariño una época en que el bar Central, que era propiedad de Bautista Vallespín, tenía una abundante clientela de jóvenes de alrededor de 20 años, que ocupábamos con frecuencia la planta calle del bar, más los locales de las plantas 1ª y 2ª. Un domingo por la noche cerró un poco antes de lo normal, cuando el bar estaba lleno, y nos juntamos en la calle nada menos que 20 ó 30 clientes. Una vez en la calle, con mi guitarra en la mano, de la cual era inseparable, me di cuenta de que me había dejado dentro una prenda de abrigo y, cuando me disponía a volver para recuperarla, uno de mis amigos, se ofreció para guardarme la guitarra hasta mi regreso. Como en la calle había semejante follón y apreciaba mucho a mi guitarra, no acepté de entrada el ofrecimiento, pero insistió tanto, que, finalmente accedí, y subí, a la carrera, a buscar lo que me había olvidado, lo cual me costó unos treinta segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar abajo ¡oh, sorpresa! ¡el celador de mi guitarra ya no estaba donde yo lo había dejado! Giré la cabeza rápidamente para ver donde había ido a parar, y me lo vi corriendo, a toda velocidad, con mi guitarra en la mano como si fuera persiguiendo a alguien. Con los ojos “a cuadros” contemplé, “a cámara lenta”, las siguientes imágenes: mi amigo, en su loca carrera, tropezó, cayó encima de la guitarra, y esta y aquel fueron como un par de metros deslizándose sobre las piedras, haciendo un horrible sonido y sacando chispas, hasta que la guitarra encontró una piedra de mayor tamaño y se paró en seco, deslizándose mi amigo por encima y aterrizando un metro más lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella escena todavía me viene a la memoria cuando en alguna película aterriza un avión en la pista de cemento sin salirle el tren de aterrizaje. En estos casos suelo decir: “Mira, como mi amigo con mi guitarra”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conviene aclarar que entonces las calles eran de tierra, el suelo no era plano y había zonas en que sobresalían de la tierra grupos de piedras de regular tamaño. En aquellas calles había que andar, sobre todo por las noches, con mucho cuidado y levantando mucho los pies para no tropezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo al aterrizaje, instintivamente fui corriendo al sitio en que habían quedado el portador y mi guitarra, y por más que le pregunté qué demonios había pasado, no llegué a saberlo con certeza, ni nunca lo he sabido. El caso es que allí estaba mi flamante guitarra, hecha añicos como la moral de mi amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi malparado amigo, que tenía cierta solvencia económica, me dijo enseguida que no me preocupase por la guitarra, pero, coño, ¡me pedía un imposible en aquel momento! Me dijo que la guitarra corría por cuenta suya, a lo cual en principio me negué, pero siguió insistiendo y, como mi situación económica era muy precaria, pensé que tardaría bastante tiempo en tener otra y al final accedí y compré, por cuenta suya, una parecida a la que se hizo trizas aquella noche, por un motivo que nunca he llegado a comprender.&lt;br /&gt;La persona a la que me he referido, que años más tarde emigró a Francia y después a Alemania, era un buen amigo que, aunque tenía sus rarezas (¡y quién no las tiene en mayor o menor grado!), sabía corresponder como es debido cuando la circunstancia lo requería. Vaya este párrafo final en su homenaje.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-7155221521706108764?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/7155221521706108764/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=7155221521706108764&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7155221521706108764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/7155221521706108764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/01/mi-guitarra-ay-mi-guitarra.html' title='Guitarra ay mi guitarra'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2452854478856488396</id><published>2009-01-20T15:40:00.004+01:00</published><updated>2009-01-21T11:15:20.220+01:00</updated><title type='text'>La leña</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El embalse de Cueva Foradada se construyó en Oliete entre 1903 y 1931, es decir que tardó en terminarse cerca de 30 años. Este tiempo tan largo hizo que comenzara a tomarse a cuchufleta la finalización, y hasta se hacían cancioncillas al respecto. Una de ellas comenzaba así: “El pantano de Oliete larán, larán…”. En el año 1896 se había terminado el embalse de Escuriza y los habitantes de Ariño, con el nacimiento de “la huerta mayor”, tuvieron una considerable mejora en sus condiciones de vida, que no eran muy boyantes hasta aquel momento. A partir de entonces los productos hortofrutícolas pasaron a ser abundantes, pero el dinero seguía siendo una rara especie. En cambio en Oliete con los puestos de trabajo a que dio lugar la construcción del embalse y la duración de esta, surgió una clase social en la que “circulaba el dinero” y la población, que además no abandonó las labores agrícolas, tenía una prosperidad y solvencia que le permitió ahorrarse algunas desagradables tareas que en los demás pueblos eran inevitables. Una de ellas muy característica era el acopio de leña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante todo hay que decir de ella que en aquellos tiempos no era imaginable una casa que no la utilizase continuamente. La leña se hacía en el monte, principalmente con romeros. Los pinos no se utilizaban para quemarlos, sino como vigas y carpintería general para las casas. Los usos muy generalizados de las especies suelen conducir a su desaparición, porque muchas veces se supera el punto crítico de supervivencia. Ejemplos de esto lo tenemos en Ariño con los pinos, que llegaron a desaparecer casi totalmente siendo que antiguamente, según he oído decir, los había por todas partes. Entre la actividad de desyermar monte para el cultivo de cereales y la necesidad de los maderos y de las maderas para muchos usos se llegó a la extinción de todos los pinos que no tuvieran muy difícil acceso. Otro ejemplo de este principio lo tenemos en la desaparición de los romeros en Alacón, donde escaseaban tanto por haberse superado su nivel de supervivencia que, de vez en cuando, se veía llegar a nuestro guarda del monte acompañando a alguien de aquel pueblo (que en su conjunto tiene mi cariño y mi respeto) que había sido cogido “in fraganti” haciendo leña sin permiso en el monte de Ariño. El viaje terminaba en el Ayuntamiento y el infractor era sometido a la correspondiente sanción económica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fuego de leña en las casas era tan indicativo de la existencia de una familia que, en una época anterior, para calcular el potencial de recaudación de tributos y las posibilidades de formación de ejércitos se tomaba como unidad para medir la dimensión de los pueblos el “fuego”, y así como ahora decimos este pueblo tiene tantos habitantes, entonces se decía “este pueblo es de tantos fuegos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, el pueblo de Oliete necesitaba, como todos, la leña y podía comprarla, y había gente que podía suministrarla y necesitaba el dinero. Así que nació un mercado de la leña que consistía en que los vendedores con sus caballerías cargadas de fajos de romeros recorrían las calles del pueblo anunciando de viva voz la mercancía y los potenciales compradores negociaban con los ofertantes el precio; y si se llegaba a un acuerdo se descargaba la caballería, y si no, se continuaba dando vueltas por el pueblo para seguir intentando venderla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito de esta cuestión me cuenta mi amigo Juan José que en aquella época, cerca ya la fiesta de &lt;em&gt;Sanadonisinén&lt;/em&gt;, un mozo de Ariño le propuso a su padre, para recoger “unas perras”, hacer leña y llevarla a vender a Oliete. Le pareció bien al padre y efectivamente el muchacho subió al Puerto con un par de burros, hizo la leña y, por el camino de la sima de san Pedro, la llevó hasta el pueblo de destino. Dio unas vueltas con las caballerías cargadas, y al fin vio que se abría una ventana y, pensando que era el momento propicio, dijo, una vez más, en voz alta “¡Hay leña!” y desde dentro de la casa le contestaron: “¡La leña &lt;em&gt;pa&lt;/em&gt; las costillas del que la lleva!”. El inexperto vendedor acusó el impacto de la tosca expresión pero siguió dando vueltas, hasta que se dio por vencido; sin embargo, en lugar de volver con los burros cargados hasta Ariño, decidió llevársela a una familia de la que eran amigos; así que fue a verlos y les dijo que venía a &lt;em&gt;regalarles&lt;/em&gt; unas cargas de leña. Los amigos no supieron o no quisieron entender la insinuación, le dieron las gracias por el regalo, y esto fue todo. El mozo al llegar a Ariño con la cara colorada y con los pies y las costillas calientes, le dijo a su padre: “Padre, yo me voy a trabajar a Barcelona, porque esto ya no se puede resistir”. Y esta es una historia más de la emigración desde Ariño, que a mi amigo Juanjo le contó el protagonista de esta anécdota, en una de las periódicas visitas del catalán de adopción a su querido pueblo natal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de de la inseguridad indicada, a esta actividad del suministro de leña se dedicaba, según me dijo mi padre, un matrimonio (sin hijos) instalado en un mas (o masía) en el Puerto de Ariño. El marido arrancaba con la azada estrecha los romeros y la esposa hacía los fajos y, cuando les parecía, cargaban la caballería e iba la mujer a Oliete a intentar vender la mercancía. Por cierto me contaba mi padre anécdotas increíbles sobre aquella pareja. Para empezar, el marido era un “malaleche” que siempre estaba de mal humor y gritándole a la esposa, y ella siempre asustada, aguantándole. Un detalle retrata la situación: el marido, al arrancar los romeros, en lugar de dejarlos juntos para facilitarle la labor de recogida, los tiraba tan lejos como podía en todas direcciones, para que tuviera un trabajo lo más fatigoso posible. Me contó también que ella era la encargada del avituallamiento, para lo cual pasaba (no sé si le dejaría utilizar la caballería) a Lécera a comprar lo necesario, cruzando por aquellos larguísimos y solitarios caminos del Puerto. Un día al regresar a media tarde se percató de que había olvidado algo, lo cual le costó repetir el viaje acto seguido para buscar lo que faltaba, con lo que regresó al mas cuando ya era noche cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En invierno el mercado de la leña se animaba, así que era la época del año en que más y en peores condiciones tenían que trabajar. Cierto día al amanecer se encontraron con que había nevado y seguía haciéndolo copiosamente. Dentro tenían un buen fuego, así que el hombre exclamó: “¡No hay miedo, que hay pataquina!”, refiriéndose a que tenían patatas abundantes para resistir sin salir del mas el tiempo que fuera necesario. Al oír esto la mujer, que estaba sentada en el banco de piedra al lado del fuego, murmuró: “sí,…pues están las últimas en el puchero”, mostrando el error de cálculo del marido, la preocupación por la nevada y el temor por las consecuencias que tendría para ella el fallo de la intendencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que, mientras nieva, contemplando la nieve desde el calorcico de casa alguien, o yo mismo, decimos “no hay miedo que hay pataquina”, me viene a la mente la expresión “pues están las últimas en el puchero”, recordando con tristeza el trabajo tan duro de aquella pareja; y especialmente me produce una inmensa pena la vida de aquella pobre mujer siempre sola por aquellos duros y largos caminos temiendo encontrarse al llegar al mísero mas, con aquel hombre despiadado del que tenía buenas razones para recelar que la sometiera a maltratos o indignidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realmente, de las historias que me contó mi padre, esta es una de las más tristes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2452854478856488396?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2452854478856488396/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2452854478856488396&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2452854478856488396'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2452854478856488396'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/01/la-lea.html' title='La leña'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-2112811342246522107</id><published>2009-01-13T23:41:00.000+01:00</published><updated>2009-01-13T23:42:05.227+01:00</updated><title type='text'>El reto</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Mi padre no era aficionado a los juegos de azar ni a los de cartas,  salvo al guiñote que por cierto se lo manejaba bastante bien. Tampoco era dado a las apuestas; sin embargo de joven hizo una que se comentó en Ariño. Fue una extraña apuesta que mejor podría llamarse reto, ya que mi padre no iba a perder dinero aunque perdiera la apuesta; conviene aclarar por otra parte, que entonces el dinero era difícil de perder, porque muy pocos lo tenían, especialmente los jóvenes, y menos para jugárselo así como así.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Hay que decir que, como norma bastante generalizada,  lo que les faltaba de dinero les sobraba de apetito y prueba de ello era que todo animalejo que, no teniendo sabor amargo, cayera en las manos de los jóvenes, o de cualquiera, tenía las horas contadas.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Mi padre en cuanto al apetito no era una excepción, pero tampoco es que tuviera una especial fama de gran comedor.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Una noche (quiero suponer que antes de cenar) estando con otros en el bar del tío Juan Alloza, que se hallaba situado en el barrio Bajo enfrente de una de las posadas (“la nueva”), derivó la conversación hacia lo mucho que les gustaban a los reunidos las galletas de vainilla y mi padre dijo que él sería capaz de comerse una caja llena. Aquellas cajas eran cúbicas y medirían unos treinta o cuarenta centímetros de arista, de manera que contendrían de veintisiete a sesenta y cuatro litros de galletas bien ordenaditas. Aunque la horquilla que doy es amplia, incluso considerando la cantidad inferior no deja de ser una enorme cantidad. Alguien del grupo le tomó la palabra y le retó, asegurando que estaba dispuesto a pagarlas si mi padre era capaz de comérselas. (Sin lugar a dudas el retador no apreciaba mucho a mi padre).&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Los detalles del reto no quedaron bien pormenorizados, porque no se acordó por ejemplo quien pagaría las galletas en caso de perder mi padre y ni siquiera tuvieron la previsión de tasar el tiempo. Mi padre no podía perder, pero los retos son los retos y a nadie le gusta hacer el ridículo y menos en aquellos tiempos. Así que se despejó una mesa de  de mármol y se le pidió al tío Juan que trajera una caja de galletas de vainilla sin abrir.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Se puso la caja sobre la mesa, se le quitó la tapa y se volcaron las galletas. El espectáculo fue asombroso para todos, porque se formó un montón de  de tal altura que apenas cabían en la mesa y eso que  era bastante grande.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El que competía con mi padre quedó convencido de que sin duda ganaría la apuesta. Mi padre, aunque nunca pensó que pudiera contener tantas galletas aquella caja y quedó tan sorprendido como los demás, apretó los dientes y se dispuso a comerlas aunque reventase en el empeño. Las cogía a puñados con ambas manos y en cuestión de segundos desaparecían de la circulación. Cuando llevaba liquidadas así como la mitad del montón apareció por la puerta del bar el tío Gasparico y al percatarse de la situación, dijo: “¿Todas esas galletas se ha de comer ese? ¡Pues cinco duros que llevo me los apuesto, con quien quiera, a que no se las come!”. Nadie le aceptó la apuesta porque estaban atentos a las maniobras de mi padre, pero le dijeron: “¡Pues ya se ha comido otras tantas!” Con esto el tío Gasparico se calló prudentemente y mi padre siguió chino chano hasta comerse la última, resultando ganador del reto y el contrincante perdedor y pagador de la caja de galletas.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Trascendió lo sucedido y hubo quien dijo que mi padre al día siguiente tuvo serios problemas digestivos. No es cierto ya que, por el contrario, desayunó con total normalidad y no acusó el más pequeño contratiempo, lo cual demuestra que tenía un estómago a prueba de galletas de vainilla y que estaban hechas con productos de muy buena calidad, dicho sea de paso.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;También ocurrió que el tío Pedro el Codis, que era oficialmente el tácito campeón del pueblo en cuestión de comidas, en cuanto supo lo de la apuesta del día anterior pensó que él no podía ser menos, se ofreció para emular la proeza gastronómica y alguien efectivamente le aceptó el reto. Así que se personaron un grupo de personas en el mismo bar y pidieron la correspondiente caja. Pero cuando al vaciarla se formó el consabido montón, el tío Codis tuvo una extraña reacción, ya que cambió de color y cuando a pesar del susto se dispuso a comerlas, se ve que se le cerró la garganta y a cada galleta que se metía en la boca le daba vueltas y vueltas y a duras penas conseguía tragarla. El resultado fue que renunció a seguir al cabo de un rato, cuando había rebajado el montón en apenas media docena.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Así que todos los que estuvieron al corriente de aquellos sucesos se afianzaron en la idea de  que las apariencias engañan en cuanto al “saque” de algunas personas, especialmente cuando se trata de jóvenes.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Al  tío Codis, en aquel mismo bar, siendo yo niño, lo vi desmayarse con un ataque de epilepsia que me impresionó bastante. Estoy por pensar que el susto de aquella tarde aciaga de las galletas pudo ser el causante de la enfermedad y el bar en el que ocurrió,  un factor desencadenante. Cosas más raras se han visto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-2112811342246522107?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/2112811342246522107/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=2112811342246522107&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2112811342246522107'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/2112811342246522107'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/01/el-reto.html' title='El reto'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-8347120748919882814</id><published>2009-01-05T21:44:00.002+01:00</published><updated>2009-01-06T00:27:43.508+01:00</updated><title type='text'>No tenemos otro</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cierto día mi buen amigo Juan José “el Lino” estuvo enseñándonos unas casas de Ariño que estaban en venta. Al despedirnos nos contó lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En una ocasión llamaron al médico a una casa, porque uno de los que allí vivían se había puesto enfermo. Después de reconocerlo, mandó el doctor reunirse a los familiares, y les dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No sé, no sé . . . Este enfermo no me gusta nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portavoz de la familia, tomó la palabra y respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pues lo sentimos mucho, pero no tenemos otro.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan José empleó este chiste para decirnos que, aquellas casas, más o menos buenas, eran las únicas que tenía para enseñarnos. Los chistes utilizados tan acertadamente y con la gracia con que lo hace mi amigo, son, algunas veces, una magnífica y sana manera de exponer los asuntos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-8347120748919882814?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/8347120748919882814/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=8347120748919882814&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8347120748919882814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/8347120748919882814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/01/no-tenemos-otro_05.html' title='No tenemos otro'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-3619717090591609375</id><published>2009-01-05T21:37:00.002+01:00</published><updated>2009-01-06T00:29:13.306+01:00</updated><title type='text'>No vendremos más</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Recién llegado al cuartel, un muchacho hizo algo que no se ajustaba exactamente a la disciplina militar, por lo que el sargento le propinó un espectacular sopapo. El novato, muy cabreado, exclamó: “¡Mecagüen esto..., con este trato vais a dar lugar a que, al final, no vengamos ninguno!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gracia de la expresión está en que en aquella época, salvo raras excepciones, era obligatorio el servicio militar; así que era totalmente impensable el no acudir a la llamada a filas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es otro chiste de mi amigo Juan José, explicado con menos gracia que él y suavizada la exclamación del quinto por no atreverme a ponerla como él la decía, a pesar de que, con tal reserva, el chiste ciertamente pierde mucha contundencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-3619717090591609375?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/3619717090591609375/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=3619717090591609375&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3619717090591609375'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/3619717090591609375'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2009/01/no-vendremos-ms.html' title='No vendremos más'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-4447731369519314821</id><published>2008-12-31T18:43:00.002+01:00</published><updated>2008-12-31T18:47:43.876+01:00</updated><title type='text'>El pajarico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; En Ariño hubo una época en que las proteínas de origen animal “andaban algo escasas” y eran muy apreciadas todas las de este tipo, incluidas las de los pájaros y especialmente las de los gorriones. Estos tenían la particularidad de que su principal alimento eran los cereales mientras podían tenerlos accesibles, que era desde la siembra hasta la finalización de la trilla. Debido a su gran número y a su notable voracidad eran unos competidores a tener en cuenta por los agricultores, que entonces eran la mayor parte de los vecinos, a los que les parecía francamente mal que estos volátiles les disputasen lo que les costaba muchos sudores producir. En consecuencia la caza de los gorriones estaba bien vista. No dábamos importancia al detalle de que otro de sus alimentos preferidos, además de los cereales, eran los saltamontes (que llamábamos grillos) y no nos parábamos a pensar que, si hubieran desaparecido los gorriones, es posible que hubiesen sobrevenido plagas de saltamontes que quizá hicieran más daño en los sembrados que aquéllos. Que estas cosas tan curiosas suceden cuando se contemplan las cuestiones ecológicas con insuficiente conocimiento y atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que la veda de los gorriones estaba abierta todo el año y, por si no quedaba claro, se decía: “todo lo que vuela a la cazuela”, máxima que se aplicaba con algunas excepciones que eran las aves carroñeras y las de carne amarga o demasiado fibrosa o dura. La carne de gorrión en particular era considerada exquisita simplemente friéndola o asándola a la brasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta costumbre no era exclusiva de Ariño sino que estaba generalizada en casi todas partes. Incluso se consideraba normal que en los bares tuvieran gorriones fritos, como tapas, en el mostrador. Esto lo he visto en Zaragoza “con mis propios ojos” y han podido verlo en muchos sitios las personas de mi generación. La limitación para comerlos en los bares era que se trataba de unas tapas demasiado caras y el dinero entonces “andaba también escaso”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos usos ahora se considerarían repugnantes, se tomarían como un ataque despiadado al reino animal y hasta se catalogarían como “un avicidio”. Entonces eran prácticas normales, como ahora cuando comemos gambas, salmones, pollos, ternascos, terneras o vacas, sin plantearnos cuestiones éticas sino económicas y nutricionales. Y, por cierto, algunas de las cosas que comemos actualmente no se hubieran comido entonces “ni regaladas”. Por ejemplo a mi abuelo Domingo le entraban náuseas cuando le decíamos que comíamos gambas en la ciudad; y se debía a que nos imaginaba comiendo saltamontes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que no debemos escandalizarnos demasiado, ya que muchas cosas son relativas, como intento argumentar en el párrafo anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, insisto, la caza de gorriones era tan normal y generalizada que los cepos se vendían en cualquier tienda y se veían en casi todas las casas. Yo mismo, que era de natural inquieto y depredador, tenía mis buenos cepos bien ajustados y muchas mañanas, antes de ir a la escuela, plantaba un par en la era de santa Bárbara cebados con hormigas aladas (alicas), y me escondía detrás de un cañizo para observar el momento en que el gorrión padre o madre aparecía en el tejado de la ermita, echaba un vistazo al suelo y, sin pensárselo dos veces, volaba hasta cerca de uno de los cepos y desde allí se aproximaba, dando curiosos saltitos, hasta caer en la trampa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta larga exposición es necesaria para entender, aparte de algunas costumbres de una época, la transformación que se produjo en mi modo de pensar respecto a la caza de los gorriones. Me sucedió que un día dejé de perseguir encarnizadamente a los pájaros, como le pasó (salvando las distancias) a san Pablo con los cristianos. Aclaro que mi caída de la burra, que describo en uno de mis anteriores relatos, no influyó en mi cambio de ideas, ni ella tenía parecido alguno con el flamante caballo de Saulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_tCRxa9EA-6A/SVuv0qo1NRI/AAAAAAAAAIU/AObdudG0CY4/s1600-h/gorrion1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5286011906983015698" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_tCRxa9EA-6A/SVuv0qo1NRI/AAAAAAAAAIU/AObdudG0CY4/s320/gorrion1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Ocurrió que uno de aquellos veranos en que la casa de mis padres estaba “al completo” de animados ocupantes, fuimos un día de excursión al pantano de Oliete. Dejamos el coche a la salida de ese pueblo, nos acercamos hasta la presa, contemplamos desde el río la impresionante obra de mampostería con paramentos de sillería, subimos los infinitos escalones hasta la coronación y, recorriendo su camino en curva, contemplamos los alrededores admirando las espectaculares panorámicas que se nos ofrecían. Para completar la excursión, decidimos seguir caminando por una zona próxima al agua. En este recorrido me impresionó el ambiente árido del entorno sin el más pequeño signo de vida vegetal. La tierra y las rocas de la pendiente por la que caminábamos eran de colores casi blancos lo que favorecía la reflexión solar hacia nosotros. Ello producía en aquel día tan caluroso una especial sensación de sofoco que pronto nos hizo renunciar al paseo e iniciar el regreso antes de deshidratarnos más de lo conveniente. En aquel momento, sobre una roca de regular tamaño me pareció ver a un gorrioncillo. Me acerqué y observé que efectivamente lo era y para mi sorpresa no salió volando como hubiera sido lo normal. Era un gorrión de los “voladores”, que así llamábamos a los que considerándose ya capacitados para volar comienzan a hacer sus primeros vuelos. Aquel tenía el plumaje en perfectas condiciones y en principio debería poder volar; sin embargo permanecía quieto con los ojos abiertos, vivo pero como aturdido. El pajarillo se dejó coger y tanto mi padre (que venía a mi lado) como yo diagnosticamos que estaba sufriendo un golpe de calor que le incapacitaba para volar. Lo depositamos en un sombrero de paja y seguimos nuestro iniciado regreso hasta el coche que, convertido en improvisada ambulancia pajaril, nos permitió llegar por fin hasta nuestra casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en ella, busqué una jaula para proteger a nuestro pájaro de los gatos que con frecuencia se veían por la casa, le puse hojas de lechuga para refrescarlo e intenté hacerle beber agua y leche, a lo cual se resistía como si ya hubiera decidido dejarse morir. Sin embargo con el paso de las horas pareció reaccionar. De hecho se mantenía en pie y de vez en cuando lo visitábamos mi padre y yo para ver si “apitaba” y le íbamos aplicando los alivios que se nos ocurrían. Al momento de acostarnos nos alegramos porque nos pareció que estaba mejor y nos fuimos a dormir deseando que durante la noche terminara de recuperarse. A la mañana siguiente nos levantamos temprano y lo primero que hicimos fue ir a ver al pajarillo ¡Estaba en un “rebullico” con los ojos cerrados, porque durante la noche había muerto! Yo noté como un nudo en la garganta y, me saltaron las lágrimas. Me volví hacia mi padre y él que era un hombre duro al que no había visto llorar nunca, tenía también los ojos enrojecidos. Los dos Salvadores nos habíamos propuesto ejercer de &lt;em&gt;salvadores&lt;/em&gt; de aquel animalillo al que se le escapaba la vida; no lo habíamos conseguido y sentíamos una gran pena por aquel ser tan pequeño e indefenso que acababa de morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sentir lástima por los seres indefensos creo que es una de las características exclusivas de las personas, y me parece que este sentimiento tan humano es muy cercano al cariño, aunque igualar ambos no sería del todo correcto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me hice estas reflexiones y me pregunté si realmente los pajarillos y los demás animales no tendrán unas almas peculiares que, al morir los cuerpos que las sustentan, también estén destinadas a gozar de una particular felicidad en un cielo hecho especialmente para ellos. Ya sé que esto no es admisible, pero soñar no cuesta nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprenderéis que filosofando de estas maneras no estaba mi mente en condiciones de seguir manteniendo mis hábitos de caza y, efectivamente, a partir de aquel día cambió mi forma de ver, respetar y querer a los pájaros y en general a todos los seres vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre recuerdo aquel suceso que, aparte de cambiar mi actitud hacia los animales por pequeños y simples que sean, me permitió comprender también una cosa muy importante: la faceta de ternura que tenía mi padre q. e. p. d., y yo nunca había sabido ver de una forma tan palpable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar debo decir que me sorprendo de la cantidad de cosas que sucedieron y de los cambios que se produjeron por causa de la existencia y muerte de aquel minúsculo, maltrecho y querido pajarillo. Todo ello me sirvió también para constatar de nuevo que, a veces, pequeñas causas producen grandes efectos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-4447731369519314821?l=cosasdearino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cosasdearino.blogspot.com/feeds/4447731369519314821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1662216783148237702&amp;postID=4447731369519314821&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4447731369519314821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1662216783148237702/posts/default/4447731369519314821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cosasdearino.blogspot.com/2008/12/el-pajarico.html' title='El pajarico'/><author><name>Joaquín Macipe</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_tCRxa9EA-6A/SVuv0qo1NRI/AAAAAAAAAIU/AObdudG0CY4/s72-c/gorrion1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1662216783148237702.post-8939201024922898492</id><published>2008-12-26T13:12:00.004+01:00</published><updated>2008-12-26T17:18:22.272+01:00</updated><title type='text'>Dudosa solidaridad</title><content type='html'>Hace años en Ariño los amigos solían finalizar los días festivos yendo en grupo por sus casas a tomar “la última copa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se decía, aunque no puedo asegurar que sucediese realmente, que dos de aquellos amigos llegaron al atardecer de un domingo con la indicada intención a la casa de uno de ellos y, no estando sus padres, el anfitrión echó mano de una botella de licor y de dos copas y sirvió la primera para el amigo, el cual, sin pensarlo dos veces, se la echó al coleto de un trago. Acto seguido, se llevó las manos a la garganta haciendo toda clase de aspavientos ¡Resulta que el supuesto licor no era tal, sino un líquido agresivo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El causante del accidente, en lugar de intentar curar rápidamente a su amigo, poner a buen recaudo la botella y, por supuesto pedir ayuda, solo supo exclamar: “¡&lt;em&gt;Mecagüen&lt;/em&gt; esto! ¡Si la botella no era de anís! ¡Pues &lt;em&gt;pa&lt;/em&gt; que veas que no lo he hecho a posta, mira lo que hago: !” Y sirviéndose la otra copa de la misma botella, se la bebió también de un trago, como había hecho su amigo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_tCRxa9EA-6A/SVTLAuxqpBI/AAAAAAAAAIM/zfTHocyXS3s/s1600-h/poison.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284071476229219346" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 228px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_tCRxa9EA-6A/SVTLAuxqpBI/AAAAAAAAAIM/zfTHocyXS3s/s320/poison.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La gente, al conocer el suceso, decía: “¡Aquellos sí que eran amigos de verdad!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de lo difícil que me resultaba asimilar este original concepto de la amistad, tampoco pude averiguar nunca lo que ocurrió con los intoxicados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta anécdota es conocida en Ariño con una variante y es que sucedió en un bar (entonces se llamaba café), el suministro de la copa equivocada se produjo por un despiste del dueño y el contenido era gasolina. El causante del error también se sirvió otra copa con el mismo líquido. La versión primera es la que contaba de vez en cuando mi padre. Cualquiera de las dos pudo suceder e incluso, si me apuran, pudieron suceder las dos y, si conviene, quizá ninguna, que todas estas posibilidades se dan cuando aparecen noticias contradictorias. Yo personalmente creo que algo de esto sucedió y, puestos a creer a alguien, creo a mi padre mientras no me demuestren, sin lugar a dudas, que estaba equivocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente este relato me da pie para indicar algo que en las empresas organizadas tienen muy claro los jefes de Seguridad y Prevención de accidentes y es prohibir totalmente que una botella contenga algo distinto a lo que indica la etiqueta, para evitar la repetición de las pequeñas o grandes tragedias. Y no vale aprovechar la botella de refresco o de cerveza para guardar dios sabe qué con tal de poner con bolígrafo el nuevo contenido (porque esto es una medida insuficiente) ni alegar que “esta botella solo la uso yo y sé lo que hay dentro” ya que al final llega otro, echa mano de ella y ya está el lío. Esta medida de seguridad que se practica en algunas empresas es algo que debe hacerse también en cada casa, porque la cantidad de accidentes por esta causa es alta, y la forma de evitarlos consiste en poner las medidas indicadas y seguirlas exactamente. El solidarizarse con el afectado en la forma que se hizo en el relato, no sirvió para otra cosa que duplicar el problema en lugar de solucionarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1662216783148237702-893920102
